Siete dulces gallegos para esta Navidad

En las comilonas navideñas, tan seguidas unas de otras, los dulces tienen una enorme importancia, protagonistas de las sobremesas más largas del año. Por muy hartos que estemos, siempre hay hueco para alguna delicia de la época. Más allá de mazapanes y turrones, en Galicia hay una rica tradición repostera presente en las mesas de la Navidad de siempre. Aquí van siete exquisiteces para estas fiestas:

Bica. Esta torta es un postre típico de estas fechas, sobre todo en el sur de Ourense. Puede que la relacionemos más con el carnaval pero, ¿acaso aquí el carnaval no empieza prácticamente en Navidades? Las bicas más famosas vienen de la zona de la Ribeira Sacra, y la verdad es que combinan muy bien con el vino (y con el licor, con el café, con el licor café…). Lo que las aleja de un bizcocho normal es su miga fina y esponjosa y la capa superficial de azúcar tostado. El ingrediente clave en la preparación es la manteca de vaca. Las bicas más conocidas son la de Trives; la bica blanca de Laza, que lleva claras de huevo y nata; y la de Castro Caldelas.

Larpeira. Esta fina torta anisada, con cuadrícula de crema pastelera por encima, es un clásico de todas las celebraciones, sobre todo en la zona de Culleredo, Cambre y Ferrolterra, en la provincia de A Coruña, y en Monforte de Lemos, en la provincia de Lugo. Puede que tenga que ver con los solsticios, porque es típica en San Juan y en Navidad. En estas fechas resulta perfecta de postre y como desayuno en año nuevo.

Mantecadas. La mantecada, ese término medio entre magdalena y pequeño bizcocho ligero y sabroso, que viene con el molde de papel puesto, aparece en todas las sobremesas navideñas. Las más famosas son las de As Pontes, en la comarca del Eume. Allí se siguen haciendo con la misma receta de hace siglos, y con los ingredientes de siempre: huevos, manteca, harina y azúcar. Incluso los envoltorios se preparan a mano. Hacen buena pareja con los polvorones ponteses, otra delicia de la zona.

Melindres. La etimología no tiene nada que ver, pero Melide parece destinado a hacer melindres. ¿Será porque se parecen de nombre? No se sabe dónde acaba la ciudad y comienza el dulce. Estos bocados envueltos en azúcar, como mini rosquillas de yema con glaseado, tienen la magia de los sabores reposteros con texturas diferentes por fuera y por dentro. Situada en el cruce entre los caminos francés y primitivo, en el tramo final hacia Santiago, parece que en Melide se hubiera condensado la esencia de la repostería occidental.

Marron glacé. Esta preparación de la castaña, de origen francés, es relativamente reciente. Teniendo en cuenta que la materia prima es la castaña, raro sería que la receta no hubiera ido a parar a Orense. En los años 80 del siglo pasado el marrón glacé comenzó a producirse industrialmente en Galicia. Aunque los de industrialmente es un decir, ya que el proceso es totalmente artesanal, que parece que les pongan nombre a cada castaña. La elaboración de la receta dura nada menos que diez días y, al proceso final, el glaseado, solo llegan las castañas más selectas, que no hubiesen sufrido ni un rasguño en los sucesivos pasos del confitado. Estos productos delicados, delicatessen, son envueltos en papel uno a uno con cuidado para su envasado final. Y todo ese viaje se nota en el paladar. Con el tiempo, la receta va incorporando innovaciones, como la aromatización con brandy, o con jerez, o incluso la cubierta de chocolate.

Almendrados. Aunque Galicia no es de mucho almendro, las almendras siempre se han utilizado en repostería. Por ejemplo, uno de los tradicionales remates de la comida de Navidad en Verín era la sopa de almendras. ¿Y qué decir de la tarta de Santiago? Pero la fama indiscutible de este fruto la traen los almendrados. Estas pastas de acabado rústico, tan crocantes por fuera y tiernas por dentro, son todo un lujo. Aunque se hacen en muchos lugares, los almendrados de Allariz son los más conocidos. Almendra marcona, clara de huevo, azúcar y los misterios de la pastelería. Se piensa que son de origen hebreo, de la época en que Allariz tenía un importante barrio judío. Otros almendrados famosos son los del convento de Belvís en Compostela, los de Ribadavia y los de Melide.

Roscón de Reyes.  Hay zonas, sobre todo en la costa sur de Galicia, en las que la rosca, el roscón o el pan de huevo se come cada fin de semana, pero lo común en todas partes es tomarlo por pascua, la rosca de primavera, y por reyes. Y el de reyes, además, puede traer sorpresa. Es uno de los dulces con más tradición, de los que se hacían en las casas en compañía, pues había que echar tiempo entre amasados y dejar fermentar la masa y llevarla al día siguiente al horno de algún vecino o a la panadería, a terminar el proceso. Antes se hacían colas para hornear y hoy para recoger el encargo, enteramente hecho en la pastelería, por lo general. Hay roscones austeros, sin adorno excesivo, y los hay muy coloridos, con brillantes frutas cristalizadas que parecen gemas. Desde luego, la mejor manera de rematar las fiestas, es desayunar chocolate con roscón la mañana de reyes y, si toca regalo, mejor que mejor.

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