La catalogación de fervenzas de Galicia es un trabajo duro, dado la cantidad de agua que surca esta tierra. Calculando por lo bajo, podríamos estar hablando de más de 300 cascadas… Turismo de Galicia ha hecho un práctico listado de 76 fervenzas, clasificadas según sus características más evidentes (si llevan mucha agua, si discurren entre grandes piedras, si son estrechas, si son altas…) Mostramos a continuación dichas categorías con algún ejemplo representativo de cada una. El catálogo entero podemos encontrarlo aquí: https://www.turismo.gal/que-visitar/espazos-naturais/fervenzas-de-galicia
Por ejemplo, entre las fervenzas más altas y elegantes, destacan la Seimeira de Vilagocende, en A Fonsagrada (Lugo), o la de As Hortas o Santa Marta, entre Arzúa y Touro (A Coruña), donde la leyenda dice que una chica fue tirada por su novio fervenza abajo y, al gritar ella “¡Santa Marta me vaya!” la rama de un roble frenó la caída y le salvó la vida. Aunque, si hablamos de la fervenza más alta en caída libre, ahí tenemos la de O Toxa, en Silleda (Pontevedra), con un salto de más de 70 m.
Si nos fijamos en el caudal, llevan agua en abundancia la fervenza de O Ézaro, en Dumbría (A Coruña), que se lanza al mar desde unos 30 m de altura, un caso único de desembocadura; las del Barosa, en Barro (Pontevedra), al lado del sendero de los molinos del Barosa, con un desnivel de 30 m y varios saltos; o las de Tourón, en Melón (Ourense), entre otras.
Caídas verticales encontramos en O Pozo do Inferno, en Ortigueira (A Coruña), siempre caudalosa, y que cuenta con un puente de madera; en O Salto do Coro, afluente del Valiñadares, en Mondoñedo (Lugo), que forma una buena poza cuando se junta con el Masma, o en la famosa fervenza de Auga Caída en la Ribeira Sacra, en Pantón (Lugo).
También hay fervenzas con lo que se dice cola de caballo, que despliegan sus aguas ampliamente sobre las rocas, como una espesa melena. Entre estas, la de Augas Caídas de Mañón (A Coruña), en la que el salto, también llamado de A Mexadoira, cae del río Seixo al Sor con una altura de 50 m; o la de Brañas, en Toques (A Coruña), de casi 40 m de altura.
Hay una fervenza muy peculiar, en la que se cruzan dos saltos de agua formando una “x”, que se ha catalogado como “la más gallega”. Es la de O Muíño da Serra o del Pereiro en el río Pereiro, afluente del Ulla, en Boqueixón (A Coruña).
Si buscamos fervenzas entre bosques seguro que encontramos alguna, como la de A Rexidoira, en Oza-Cesuras (A Coruña); la de Gosalfre, en Mazaricos (A Coruña); o la de A Ruxidoira, de 8 m de altura, en Paradela (Lugo), e una zona de saltos y molinos.
También hay fervenzas en canales entre rocas, en pendientes estrechas, como la Corga da Fecha, cerca del Balneario de Lobios (Ourense) que, aunque es una de las más altas de Galicia, solo se hace visible los días de mucha lluvia. Otra, de este estilo es la de Entrecruces, en el municipio de Carballo (A Coruña), que se lanza al río Outón desde unos 40 m de altura, o la de Hérvedo, por ejemplo, cerca del castro Castrolandín en Cuntis (Pontevedra).
Otras fervenzas no destacan por la altura de la caída o por el caudal, sino por el ritmo con el que bajan, por su movimiento. Podemos decir que llevan aguas danzarinas. Entre ellas, la de O Rexedoiro, en Val do Dubra (A Coruña), por ejemplo, que cae en dos tramos que sumados llegan a los 10 m de altura, o la de A Pena dos Portelos, en Ribeira de Piquín (Lugo).
Para gente osada, hay fervenzas que son todo un reto, como Fondo da Petada, en Quiroga (Lugo), con un acceso muy estrecho y resbaladizo; Pombar, también en Quiroga, o A Poza da Seima o Pozo Negro, en Lobios (Ourense).
Hay fervenzas pequeñas pero graciosas, como la de Castriz en Santa Comba (A Coruña), con una gran área de recreo en el río Mira, o las Caldeiras do Castro, en Muxía (A Coruña), rodeadas de pequeñas piscinas naturales. Aquí la caída es de 8 m y hace de linde entre los municipios de Muxía y Dumbría.
Si buscamos pozas para zambullirse y darnos un buen baño, tenemos hasta ocho catalogadas. Entre ellas, Pozo da Ferida, en el río Xudreiro, afluente del Landro, en Viveiro (Lugo) o el Pozo da Onza en Budián, en O Valadouro (Lugo), que cae a más de 20 m de altura, o las Seimeiras de Queixoiro, en A Fonsagrada (Lugo).
Por toboganes de piedra discurre la fervenza de Escouridal, en O Pereiro, en Alfoz (Lugo), un gran salto de 80 m del río Guilfonso, en la que una cuerda anclada en la roca nos permite acercarnos al pie de la cascada. También va entre grandes rocas la fervenza de A Misarela en el río San Xoán, en A Pobra do Caramiñal (A Coruña), precedida por las pozas del río Pedras. La fervenza de Segade, en Caldas de Reis (Pontevedra), también tiene piscinas naturales frecuentadas en verano.
Terminamos con aguas muy animadas, las fuentes revoltosas, como las de la fervenza da Noveira en Mazaricos (A Coruña), en el río Arcos, que además forma parte de la ruta de las fervenzas del ayuntamiento; las de Raxoi y Parafita, en Valga (Pontevedra), acompañadas de molinos y pozas, o la de Ribasieira, en el río Sieira, en Porto do Son (A Coruña), donde hay saltos de entre 20 y 4 m

