Hórreos con nombre propio en Galicia

Aquí tenemos miles de hórreos, pero hay algunos que desde luego no se olvidan, que casi parecen más catedrales que hórreos, y es que son monumentales. La necesidad de conservar gran cantidad de mazorcas, manzanas o cualquier otro alimento, no es que fuese de familias numerosas, sino que siempre tenía que ver con el poder eclesiástico, pues a base de diezmos tenían de sobra para llenar hórreos gigantes; de hecho, todos estos forman parte de igrexarios (iglesarios), que es como se llaman las tierras propiedad de las iglesias.

He aquí cuatro casos que pasan de los 30 m de longitud, que ya dan para bastante. Los cuatro pertenecientes a iglesarios. Tres de ellos están en la provincia de A Coruña, en el municipio de Carnota (el de Carnota y el de Lira), ilustres representantes del estilo atlántico o fisterrán, y en el de Rianxo (el de O Araño). El cuarto, el hórreo de Poio, se encuentra en la provincia de Pontevedra. Todos ellos en zonas costeras, que es donde más se tienen que preservar las cosechas de la humedad. Y todos ellos con cámara de piedra, que resiste más que la madera los aires del mar.

Hórreo de Carnota. Este Monumento Nacional forma parte del conjunto arquitectónico de casa rectoral, palomar e iglesia de Santa Comba. Fue proyectado por el arquitecto Gregorio Quintela en 1768, aunque en 1783 se le añadieron 11 nuevos pares de pies. Es de un estilo muy barroco, con adornos muy curvos, y muy imitado en la zona. Sus medidas dan para almacenar material de sobra: 34,76 m de largo y 1,90 m de ancho. La cámara está cerrada con sillares horizontales con rendijas para que penetre el aire (los pasaventos). Cuenta con 22 pares de pies. La cubierta, a dos aguas, en teja y madera de castaño, tiene remates barrocos, los centrales, con una cruz sobre una bola. En el año 2020 fue rehabilitado.

Hórreo de Lira. Este forma parte del iglesario de Santa María de Lira, también con rectoral y palomar. El plano se le atribuye al mismo arquitecto que el de Carnota, Gregorio Quintela. Fue construido entre 1779 y 1814 y cosa poco habitual, sobre una plataforma de piedra, a causa de las irregularidades del suelo. Igual que el de Carnota, tiene 22 pares de pies, pero este es casi 2 m más largo, mide en total 36,53 m, aunque es algo más estrecho: 1,60 m de ancho, con lo que resulta más estilizado. La verdad es que, según los registros, por aquel entonces había rivalidad entre los curas de Santa Comba y Santa María de Lira, por ver quién hacía el hórreo más grande. El estilo de los dos es similar, con sillares de granito horizontales, ranuras de ventilación y tres puertas. El cantacuco (remate central en la cubierta) y los detalles de los aleros son muy barrocos.

Hórreo de O Araño. Este sí que sí: ¡es el más largo de Galicia y del mundo entero! Se halla en la parroquia del mismo nombre, en el lugar Traba, en Rianxo, en el huerto de la iglesia de Santa Baia do Araño, cerca del palomar y de la casa rectoral. La construcción es de mediados del siglo XVII. Tiene 36,75 m de cámara y 37,05 m de celeiro (cillero, parte inferior de la cámara) y una capacidad de 109,31 m3 en la cámara y 59,09 m3 en el celeiro. Curiosamente, no tiene pies, sino que la base es toda ella de piedra corrida, de mampostería, y tiene dos puertas y una escalera en la pared que da a la iglesia. La cámara está hecha de sillares horizontales en fila, con sus ranuras de ventilación. Los aleros del tejado rematan en pináculos y cruces más pequeños, siendo la decoración más austera que la de los anteriores.

Hórreo de Poio. Una de las paradas obligadas en la visita a Poio es el monasterio de San Xoán de Poio, en la ría de Pontevedra, frente a la isla de Tambo. El conjunto arquitectónico abarca el antiguo convento benedictino, con iglesia de grandiosa fachada barroca, dos claustros monumentales, uno del siglo XVI y otro del siglo XVIII, y demás dependencias, incluida una hospedería. El monasterio destaca por contar con una de las bibliotecas monásticas más importantes del Estado (ojo, con más de cien mil volúmenes) y, por supuesto, por su hórreo monumental. En el huerto, el hórreo muestra el poder económico del convento. No es el más largo, pero en anchura no le ganan. Es de finales del siglo XVIII, y mide 33,46 m de largo y 3,37 m de ancho. Esta considerable crujía hace que necesite tres filas de pies, con lo que suman 51. A diferencia de los anteriores, los sillares están dispuestos en vertical, con lo que las ranuras de ventilación también, tiene cuatro puertas laterales, cubierta de teja a cuatro aguas y carece de pináculos decorativos. Ocupa un espacio de 123,32 m2. El conjunto arquitectónico se puede visitar de lunes a sábado de 10:00 a 13:00 h y de 16:30 a 19:30 h y, los domingos, de 16:30 a 19:30 h.

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