Hay lugares en los que lo más fantástico se mezcla de una manera natural con lo más terrenal. En Galicia abundan estos sitios, así que tenemos mil leyendas para contar. Vamos a empezar con unas pocas:
Santa Mariña de Augas Santas. En esta pequeña parroquia de Allariz, en la provincia de Ourense, encontramos restos arqueológicos de diversa procedencia mágicamente unidos por la leyenda de Santa Mariña.
La historia comienza en el siglo II, con el acoso sufrido por Mariña, una joven pastora, por parte de Olibrio, perfecto de Armeá, población galaico romana. Ante el rechazo de Mariña de marchar con él y renegar del cristianismo, el prefecto decidió martirizarla, malo sería que no la convenciese. El caso es que no fue capaza pues, a cada tortura mortal, la muchacha conseguía zafarse a los tres días. Como no podía con ella, Olibrio la sentenció a morir abrasada en un horno. Pero la chica se liberó de nuevo, esta vez con la ayuda de San Pedro, que la sacó del horno y la refrescó en un estanque. Harto de la insolencia de Mariña, que no se moría, Olibrio la decapitó el 18 de julio del año 139. Al separarse el cuerpo de la cabeza, esta botó tres veces en el suelo y, en cada lugar del bote, milagrosamente, brotó una fuente. Allí mismo fue enterrada y se levantó una iglesia. La que vemos hoy es posterior, románica, y guarda en su interior el sepulcro de la santa. Cerca, en la capilla de San Tomé, está el Pozo de la Santa (una de las fuentes de la leyenda) y la Fuente de la santa (otra de las fuentes), con tres caños de agua milagrera. Cerca de allí, en la cripta de la inacabada basílica de la Ascensión, del siglo XIII, descubrimos lo que se dice que es el horno en el que fue martirizada. Para redondear la leyenda, en la misma zona estaba el enorme Carballo da santa, roble del que Vicente Risco decía que manaría sangre de él si alguien lo cortara. Lástima que muriese una noche de tormenta…
Para meternos de lleno en la leyenda lo ideal es recorrer la ruta arqueológica entre Armeá y Augas Santas, de unos 2 km.

Santo André de Teixido. Hay un lugar de peregrinación en Galicia casi tan famoso como la catedral de Santiago. Está en el municipio de Cedeira, en una vertiginosa pendiente de la Serra da Capelada, en un paisaje que anima la imaginación.
La leyenda más antigua tiene que ver con las puertas del Alén de la tradición celta, que solían encontrarse en lugares con vistas magníficas de cielo y mar. Por otro lado, el tejo, abundante en la zona, siempre fue considerado árbol sagrado, símbolo de muerte y vida eterna a la vez (tejo, teixo, Teixido).
El cristianismo se encargó de las demás leyendas. Una dice que, después de naufragar San Andrés en esta costa (la barca quedaría convertida en la más grande de las Illas Gabeiras) Dios le mandó fundar un santuario y, como compensación por quedarse en un lugar tan apartado (Santo André de Teixido se conocía antiguamente como Santo André de Lonxe), lo haría destino de peregrinación. El santo no tendría catedral, pero a su santuario acudirían todos los creyentes y, de no ser en vida, hasta tres veces después de muertos, ya en forma de animal, ya en espíritu, acompañado por sus familiares. De ahí el dicho “A Santo André de Teixido, vai de morto quen non foi de vivo”.
Otra leyenda cuenta que andaban por aquí Jesús y Pedro buscando los lugares donde había descansado Dios la mano después de la creación dando forma a las rías gallegas. Les entró el hambre y Dios les envió una manzana, pero no una manzana cualquiera, pues dentro de ella estaba San Andrés, que se liberó una vez se la hubieron zampado. Le encargaron fundar allí un santuario. Él no quería quedarse en un lugar tan aislado, pero Jesús le prometió que iba a recibir muchas visitas.
Y vaya si llegan visitas. Santo André se convirtió en un auténtico centro de peregrinación, con el santuario (el que se ve hoy es de entre los siglos XVI y XVIII); la fuente de los tres caños (en la que hay que pedir un deseo, tirar una miga de pan y si flota se nos cumple); la cueva de las ofrendas (una cueva artificial para dejar velones y exvotos) y varios milladoiros de camino (donde cada romero deposita una piedra de donde viene, para que el santo sepa quién tiene que venir de muerto).
No olvidemos la herba de namorar y o xunco do ben parir, para tener suerte en el amor y en los alumbramientos, y los sanandresiños, amuletos de miga de pan horneada y pintada de vivos colores.
La tradición manda que los romeros marchen de vuelta con un ramo de varas de avellano y tejo. Y también con rosquillas de Santo André para el camino…

Las nueve olas de A Lanzada. En el ayuntamiento de Sanxenxo, entre la Punta de Noalla y la de Portomouro, se adentra en el mar la punta de la ermita de A Lanzada. En este pequeño promontorio, en pocos metros, tenemos la Torre de A Lanzada, resto de una fortificación medieval; una capilla románica, erigida sobre otra más antigua, y los restos de un castro y una necrópolis bajorromana.
El último fin de semana de agosto se celebra la romería de la Virgen de A Lanzada. En la noche del sábado, es tradición que las mujeres que quieran quedarse embarazadas tomen “el baño de las nueve olas” en la playa de Nosa Señora, junto a la ermita. Al amanecer, deben barrer el suelo de la ermita, para echar fuera el mal de ojo, y hacer una ofrenda a la Virgen. El baño también se hace en San Juan. Otra variante es tomarlo de madrugada bajo la luna llena y, después, tumbarse sobre la roca conocida como “la cama de la Virgen”.
Por si fuera poco, A Lanzada también es el punto de partida de la Santa Compaña hacia la Illa de Ons, o lo que es lo mismo, al más allá. En el mes de difuntos se organiza la ruta de la Santa Compaña.

Piedras de A Virxe da Barca. En el municipio de Muxía donde termina el Camino de Fisterra y Muxía, encontramos el santuario de A Virxe da Barca, una iglesia que fue reconstruida varias veces a lo largo de los siglos. En 2013 sufrió un incendio y fue de nuevo reformada.
El cuento dice que a este rincón del mundo llegó la Virgen en una barca de piedra para apoyar al Apóstol Santiago. Los restos de la barca serían las grandes rocas que rodean el templo: Pedra de Abalar (la vela), a la que había que subir encima y balancearse; la Pedra dos Cadrís (el casco), por debajo de la cual había que pasar nueve veces para curar males de riñón y reuma, y la Pedra do Temón (el timón). Además de estas, la tradición añadió la Pedra dos Namorados.
También se habla de la Sala do Perello, un hueco entre las rocas donde se decía que vivía un sastre, y la Fonte da Pel, donde se lavaban los romeros, muchos de ellos enfermos, que seguían el Camiño da Pel, la antigua ruta de acceso al santuario.
El segundo domingo de septiembre es la romería de A Virxe da Barca, y se hace una procesión hasta el puerto de Muxía.

A Torre de Hércules. Da vértigo pensar que este mismo faro, o por los menos sus cimientos, lleva en pie orientando a los barcos desde el siglo II, una de las razones por las que fue nombrado Patrimonio de la Humanidad en 2009. Según la inscripción en su base, la torre fue levantada por Gaio Servio Lupo, arquitecto de Aeminium (la Coímbra de hoy). Pero su origen mitológico ya es otro cantar…
Alfonso X nos dice que Hércules acabó aquí con el gigante Gerión, que enterró su cabeza y que levantó una torre encima (como vemos en el escudo de A Coruña) y, alrededor de ella, una ciudad. La primera persona en habitarla, una mujer llamada Crunna, sería la que le diese nombre (A Cruña). Cuando marchó Hércules, su sobrino instaló un candil que no se apagaba nunca e hizo un espejo muy grande por el que se veían las naves enemigas.
Otra leyenda, recogida en Lebor Gabála Érenn, libro sobre antiguas leyendas irlandesas, nos dice que fue Breogán, el rey mitológico gallego, fundador de Brigantia (A Coruña), quien levantó la torre. Desde lo alto, su hijo Ith avistó tierra e intentó conquistarla, pero murió en el intento. Sería el hijo de este, Mil, quien acabase vengando a su padre y fundando Irlanda.


