Hablar del Real Monasterio de Santa MarÃa de Oia es hacerlo de casi un milenio de la historia de todo un municipio y realizar un viaje en el tiempo para descubrir un relato en el que tienen cabida monjes, piratas, reyes, presos e, incluso, estrellas del mundo del espectáculo. Las primeras referencias escritas a esta emblemática construcción convertida en uno de los principales sÃmbolos del municipio pontevedrés de Oia se remontan ya a comienzos del siglo XII. Concretamente, a una donación de varias iglesias realizada por el rey Alfonso VII a los monjes del lugar, lo que indica que por aquel entonces ya existÃa una comunidad religiosa establecida allà de forma estable. SerÃa aquel donativo el primero de una serie de reconocimientos que el monasterio recibirÃa en los siglos posteriores por parte de diferentes monarcas.
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Su ubicación, junto al mar, convierte a Santa MarÃa de Oia en un monasterio singular dentro de la orden del CÃster, y explica también la importancia que ha jugado en muchos momentos de la historia. Sus moradores no solo debÃan afanarse en cumplir la regla monacal de rezar y trabajar, sino que se ocupaban de defender la costa de las incursiones piratas. El monasterio contaba con murallas y armas para hacer frente a los ataques, y los monjes ejercÃan de artilleros protagonizando algún episodio sorprendente. Uno de los religiosos, fray Anselmo, que habÃa sido capitán de los tercios de Flandes, fue el responsable del hundimiento de dos de los cinco barcos turcos que en marzo de 1624 trataron de asaltar el monasterio. Aquella gesta sumada al papel desempeñado poco después en la defensa de varias naves portuguesas y francesas que estaban siendo acosadas por los corsarios turcos propiciaron que el rey Felipe IV le concediese al monasterio de Oia el tÃtulo de Real e Imperial.
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Pero la importancia del recinto ya venÃa de siglos atrás. Durante la Edad Media el recinto habÃa ido en auge y su área de influencia se habÃa extendido tanto hacia el norte, incluyendo una de las islas del archipiélago de CÃes, como hacia el sur rebasando la frontera con Portugal. También habÃa ido en aumento la atención que atraÃa sobre sà en el tablero de las disputas entre nobles y monarcas. De hecho, Pedro Madruga destruyó su fortificación a mediados del siglo XV con la intención de consolidar sus posiciones en Baiona.
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El cenobio desempeñaba también un papel crucial en la vida económica y social de la zona. Hasta tal punto que se relaciona directamente con el recinto y los montes de su propiedad la crÃa en libertad de caballos salvajes y la práctica de los curros y la Rapa das Bestas, una tradición que ha pervivido hasta nuestros dÃas en diversos puntos de Galicia y que tiene, precisamente, en Oia una de sus manifestaciones más destacadas. El monasterio fue asimismo escenario de una famosa leyenda local, la de la Virgen del Mar. Cuenta la tradición que en 1581 agricultores locales encontraron en una playa próxima una imagen de una virgen unida por una cadena a un perro y que la trasladaron hasta el monasterio asombrados por el hecho de que el mar la hubiese arrastrado hasta allà sin haberla destrozado contra los acantilados de la zona.
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El monasterio mantuvo su importancia hasta comienzos del siglo XIX. Pero con la invasión napoleónica comenzó su declive y con la desamortización de Mendizábal se produjo la marcha definitiva de los monjes y la segregación de la iglesia, que paso a ser templo parroquial. El resto del recinto fue vendido a un particular.
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No acabaron ahà las peripecias del lugar. Ya en el siglo XX, durante la Guerra Civil se produjo uno de los episodios más sombrÃos del monasterio, puesto que entre los años 1937 y 1939 fue reconvertido en campo de concentración para los presos republicanos. Asà lo recuerda una exposición permanente que se puede ver desde hace un año en el recinto y que recoge las inscripciones y dibujos realizados en los muros por aquellos presos durante su cautiverio.Â
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Varias décadas después el lugar aún tendrÃa un nuevo uso, aunque muy diferente a los anteriores. El monasterio admirado por reyes, codiciado por piratas y habitado por monjes y presos abrió sus puertas en 1969 al equipo de la pelÃcula Esa mujer. Sus exteriores sirvieron al director Mario Camus para rodar algunas de las escenas más importantes de un filme protagonizado por Sara Montiel. En los últimos años, los focos y las cámaras han regresado al cenobio para grabar escenas de otros proyectos audiovisuales como la pelÃcula 22 ángeles y la serie Vivir sin permiso.
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Y un proyecto para reconvertir el monasterio en establecimiento hotelero espera darle un nuevo uso y dotarlo de nuevos huéspedes en el futuro. Otra página de su historia aun por escribir.Â
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Sitio increible Oia. He ido un par de veces y nunca me aburro. El mar, el monasterio y todo los alrededores, impresionante.
Muchas gracias por tu comentario. Un saludo.