Los mejores castillos para visitar en A Coruña: San Antón, Santa Cruz, Vimianzo, A Palma, San Felipe, Moeche

En la provincia de A Coruña hay muchos castillos con vistas al mar. En los siglos XVI y XVII se construyeron varias fortalezas para defensa de las rías, ya que era época de piratas, y había que protegerse de las invasiones. A Continuación, 6 magníficos castillos que nos están esperando:

Castillo de San Antón (A Coruña). En el siglo XVI se construyeron en la costa coruñesa varias fortificaciones defensivas, como la de Santa Cruz, en Oleiros; la de San Diego, en Oza y la de San Antón. Esta última empezó a levantarse sobre el islote de San Antón, o Pena Grande, unido atierra en el siglo XX a través de la prolongación del muelle de las Ánimas. Todavía no estaba terminado el castillo cuando fue atacado por los corsarios ingleses, Francis Drake y compañía, que darían la vuelta después de ser derrotados por los coruñeses, con María Pita a la cabeza. Acabó de construirse en el siglo XVII, entonces también sería usado como lazareto para aislar a marineros con enfermedades infecciosas. En 1777 se llevaron a cabo varias reformas, añadiéndose al conjunto una batería baja, una capilla, un pequeño puerto, almenas y la casa del gobernador. En los siglos XVIII y XIX funcionó como prisión. Desde 1968 alberga el Museo Arqueológico e Histórico de A Coruña, que tiene valiosas piezas castreñas, y de toda la historia de Galicia y del castillo. Una de las zonas más misteriosas está en la planta baja, en la Cisterna. Este es un antiguo aljibe excavado en la roca que con el tiempo se ha convertido en un pozo de los deseos, así que hay que llevar alguna moneda.

Castillo de Santa Cruz (Oleiros). Este castillo está en el islote de Santa Cruz, enfrente de la playa, y se accede a él a través de una pasarela de madera. El motivo de su construcción, en el siglo XVI, fue defensivo, como ya hemos visto. En el siglo XIX fue propiedad de Emilia Pardo Bazán y familia y, más tarde, sirvió como residencia para huérfanos de militares. Tras una etapa de abandono, pasó a ser propiedad del ayuntamiento de Oleiros y, desde 2001, es sede del CEIDA (Centro de Extensión Universitaria y Divulgación Ambiental de Galicia), lo que también lo convierte en destino didáctico. Así que nos espera un estupendo paseo por los jardines, con Pino Insigne y todo, y por el perímetro de la isla; las mejores vistas de A Coruña y Santa Cruz; alguna exposición y, si coincide, también actividades medioambientales.

Castillo de Vimianzo. Ya solo escuchar el nombre parece que dan ganas de entrar a la carrera, cruzar el foso y asaltarlo, pues cada año tiene más fama el “Asalto al castillo de Vimianzo”, la fiesta irmandiña de la Costa da Morte, que ya va por la XXVI edición. La construcción, hecha por los Mariño de Lobeira, es de finales del siglo XII y comienzos del XIII. En la época de las revueltas irmandiñas fue destruido y reconstruido después. En el siglo XV pasó a ser propiedad de los Moscoso, hasta el siglo XIX, en que pasó a los Martelo, por eso también se le llama Torres de los Martelo. En 1972 fue comprado por la diputación, que lo rehabilitó. La zona medieval, aunque con sucesivas transformaciones, está muy bien conservada. El castillo alberga un museo de artesanía de Terra de Soneira. En una torre se encuentra un centro de interpretación de la Costa da Morte.

Castillo de A Palma (Mugardos). Se levantó a finales del siglo XVI para proteger la ría de Ferrol. Era uno de los tres castillos que formaban el “triángulo de fuego”, junto con el de San Felipe, justo enfrente, en Ferrol, y el de San Martiño, del que hoy solo quedan unas piedras. Entre el de A Palma y el de San Felipe, al caer la noche, se colocaba una cadena que bloqueaba la entrada de la ría. El castillo tuvo varias ampliaciones en los siglos XVIII y XIX, con el desarrollo del Arsenal. En el siglo XX llegó a servir de cárcel militar. En A Palma nos esperan unas estupendas vistas de la ría y un buen paseo por todo el perímetro de la fortificación y por las cubiertas. Al lado del castillo, en el mar, a veces coincide que la marea deja asomar una roca pequeña, redonda. El la llamada “culo de la reina”, la piedra con la que tropezó Mariana de Neoburgo al bajar del barco, cuando llegaba a España para casarse con Carlos III El Hechizado.

Castillo de San Felipe (Ferrol). Se construyó en el siglo XVI, con el impulso que le dio Felipe II a la fortificación costera. De todos modos, el edificio sufrió varias remodelaciones, las más importantes a finales del siglo XVIII, con la batería abaluartada, una construcción cien por cien ilustrada. Fue el primero en levantarse del “triángulo de fuego”; después irían los de A Palma y San Martiño. Es que la importancia estratégica de este rincón de la costa necesitaba una fuerte protección. El castillo fue vital para rechazar el ataque inglés del general Putney el 26 de agosto de 1800. Las tropas inglesas no fueron capaces de arruinar el Arsenal, tan bien protegido, así que huyeron a los Altos de Brión, donde fueron derrotadas. Todos los años se celebra la victoria en el castillo. La fortificación tiene mucho para ver y descubrir: baterías, almacenes de pólvora, naves, patios, aljibes, soportales… Y unas vistas de primera de la ría de Ferrol, y del castillo de A Palma, justo enfrente.

Castillo de Moeche. A diferencia de casi todos, este castillo se encuentra en un valle, bien recogido entre árboles. Está en la parroquia de San Xurxo, en Moeche, a unos 25 km de Ferrol. Data del siglo XIV, aunque lo que vemos hoy es producto de la reconstrucción posterior a la Segunda Revuelta Irmandiña. Una reconstrucción que sería hecha por los propios irmandiños presos, bajo el mando de los Osorio. El castillo es de planta octogonal, y cuenta con la torre del homenaje, unida a la muralla, cuatro estancias, un profundo foso excavado en la roca, patio y caballerizas. En el interior está el Centro de Interpretación de las Revueltas Irmandiñas, un complemento didáctico para nuestra visita.

Desde 1980 se celebra en agosto el Festival Irmandiño de Moeche. Por la noche, a la voz de “¡Lume!” (“¡Fuego!”), se revive un asalto simbólico, con antorchas. La cosa se completa con sardinada, música, baile…

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