Al sur de la provincia de Lugo hay una ciudad levantada alrededor de un monte, un rÃo y un valle, con un poderoso pasado, un rico patrimonio histórico-artÃstico y… muchos trenes. ¡SÃ, es Monforte de Lemos! Para descubrir todos los tesoros que esconde, hay cinco destinos que no podemos olvidar:
Conjunto monumental de San Vicente do Pino. Este conjunto monumental corona el monte de San Vicente. Está formado por la Torre del Homenaje, el Palacio Condal y el Monasterio benedictino. La torre y la muralla son del siglo XIII, aunque fueron reconstruidas después de ser asoladas por los irmandiños. De las torres que tenÃa la muralla solo quedan cinco: la de Santo Domingo, la de Castelo pequeño, la de os Monxes, la de os Arcos y la de o Cárcere Vello. También hay dos puertas: la de la Alcazaba y la Nova. La Torre del Homenaje, sÃmbolo de la ciudad, mide 30 m, un rascacielos en su época. Desde lo alto se abarca con una mirada todo el Val de Lemos.

El monasterio fue levantado sobre una antigua ermita. Aunque el origen es del siglo X, lo que se conserva es sobre todo del XVI. La fachada, asà como el claustro, es neoclásica, y tiene escudo real y una imagen de San Benito. En la iglesia adosada, con un altar mayor atribuido al maestro Mil Bienes, está el sepulcro del abad don Diego GarcÃa. Este, según la leyenda, murió bajo una corona de fuego a manos del conde de Lemos, por haber tenido encuentros secretos con su hija.
El palacio condal se levantó en el siglo XVI sobre los restos de una construcción anterior y, en el siglo XVII, fue reconstruido después de un gran incendio. Su esplendor transcurrió en los siglos XVI y XVII, en la época del VII conde, don Pedro Fernández de Castro, muy poderoso en la penÃnsula y en Italia, y mecenas de grandes escritores, como Cervantes. En la actualidad, el palacio y el monasterio se utilizan como parador de turismo.

Barrio JudÃo. Bajando por el burgo medieval, las calles de la juderÃa son bien identificables, porque todas ellas se refieren a los oficios (zapateros, pescaderÃa…). El barrio judÃo de Monforte, junto con el de Ribadavia y el de Tui, forman parte de la Red de JuderÃas de España y de la Red de Caminos de Sefarad. La población judÃa se fue asentando poco a poco en la sociedad y, aún después de la expulsión, muchos judÃos volvieron conversos.
La ruta de la juderÃa empieza en el mismo monte de San Vicente, donde en la Torre del Homenaje hay grabadas dos cruces de Salomón. En la Porta Nova hay restos de una sinagoga y de varias casas, hoy casi todas huertas, habitadas antaño por judÃos. La calle principal era la Falagueira, que une la Porta Nova con la PescaderÃa. Aún quedan restos del trabuleiro, el expositor que usaban los zapateros en el alféizar de la ventana. Al final de la PescaderÃa está la casa de los Gaibor, importante familia judÃa conversa.
Nosa Señora da Antiga. Un tÃo abuelo del conde don Pedro, el cardenal Rodrigo de Castro, fue el que comenzó su construcción, aunque no la verÃa terminada. El colegio de Nosa Señora da Antiga, o colegio de los Escolapios, nació con aspiraciones a convertirse en el Escorial Gallego, y de hecho se da un aire, con su estilo herreriano de los siglos XVI y XVII. Es una construcción imponente, simétrica, con una cúpula central rematada en linterna. Cuenta con una importante colección de arte, que se puede disfrutar en la sala de exposiciones ubicada en la antigua sacristÃa. Allà podemos contemplar un San Jerónimo y un San Francisco del Greco y cinco tablas de Andrea del Sarto, entre otras obras. Todo un Escorial para Monforte. En una época, hasta contó con una adoración de Hugo van der Goes, que fue vendida polémicamente a principios del siglo XX para restaurar el edificio.

Paseo por el rÃo Cabe. El rÃo que atraviesa Monforte nace en la sierra de O Courel y muere en el Sil, en plena Ribeira Sacra. Es un lujo tener el rÃo en el propio núcleo urbano, y poder pasear por las dos márgenes, entre los árboles y, si queremos, en bici. El paseo nos lleva fuera de la ciudad, pues continúa en la parroquia de Piñeira. Este rÃo, que nos trae las nieblas londinenses de Monforte, entre las que a veces solo se divisa la torre de San Vicente, también nos trae a veces hielo en invierno (para contemplar, que nadie saque los patines), y paseos en barca de alquiler en verano, desde el embarcadero del Parque dos Condes. En el rÃo se ven patos, cisnes, piragüistas… y un animado club fluvial.
Sobre el Cabe cruzan la Ponte Vella, puente de origen medieval, con el convento de Santa Clara enfrente, y un puente de madera reciente.

Museo del Ferrocarril (MUFERGA). Si en el siglo XVI Monforte atravesó una época de esplendor, en el siglo XX vendrÃa otra con la llegada del tren. Incluso la harÃa merecedora del tÃtulo de ciudad, otorgado por Alfonso XII por su progreso. Monforte se convertirÃa en un nudo ferroviario muy importante, motor de su economÃa durante muchos años. Para recordar toda su historia ferroviaria, solo tenemos que acercarnos al Museo del Ferrocarril de Galicia. Tiene dos edificaciones: el museo en sÃ, que ocupa los antiguos talleres de tracción y reparación de las locomotoras a vapor de Galicia; y la rotonda ferroviaria o nave de la rotonda, en su tiempo la transbordadora giratoria de trenes más grande de España. El museo conserva y exhibe piezas únicas en cuanto a locomotoras, vagones, y todos los objetos que tienen que ver con este mundo. Lo bueno es que siempre está actualizándose y recibiendo aportaciones a la colección. Además, cuenta con un tren infantil que da una vuelta por el exterior del museo.
