Cementerios para visitar este Samaín

Samaín, Todos los Santos, Difuntos… Al final, estas celebraciones, vengan de la tradición que vengan, siempre tienen en común una mirada hacia la muerte, hacia la memoria de la gente que ya no está. En estas fechas, los cementerios, por lo general, amplían su horario, y algunos incluso abren de noche y organizan rutas teatralizadas. La verdad es que es una excusa perfecta para conocer estos lugares llenos de historia.

Cementerio de Pereiró, Vigo. Fue construido a finales del siglo XIX, con diseño de Jenaro García de la Fuente, a causa del desarrollo de la economía viguesa, que empezó a necesitar más espacio para vivos y para muertos. Está organizado en una planta cuadrada con dos grandes avenidas cruzadas y ocho menores. En el paseo por el camposanto encontramos nombres de personajes que nos suenan mucho, aunque sea de verlos en el callejero de la ciudad: García Barbón, Sanjurjo Badía, Policarpo Sanz… Aquí también descansa Concepción Arenal. Por otro lado, hay obras escultóricas de altura, entre ellas varias de Asorey. Para sacar más provecho a la visita, podemos descargar en la aplicación Vigo App la ruta interactiva “Cementerio de Pereiró, historia de la ciudad”. Además, el 30 octubre comienzan las rutas teatralizadas, que se prolongarán hasta el 25 de noviembre, guiadas por la misma Concepción Arenal, Irene Ceballos, o Cachamuíña. El plazo para inscribirse empieza el viernes 27, y a partir de ahí cada jueves, en los teléfonos 010 y 986 810 260 (sólo para mayores de 18 años).

Cementerio de San Amaro, A Coruña. Está en la avenida de Orillamar, camino a la Torre de Hércules, donde tenemos unas estupendas vistas al mar para dormir el último sueño. El conjunto arquitectónico es de 1813, y está organizado en tres zonas: religiosa, civil y británica (esta última cerrada al público). Desde 2012 se vienen programando en diferentes fechas visitas nocturnas teatralizadas, generalmente guiadas por Fiz de Cotobelo, el alma en pena de El Bosque animado, la novela de Wenceslao Fernández Flórez. Los restos del escritor reposan en este cementerio, lo mismo que los de Luís Seoane, Pondal, Juana de Vega, Murguía…

Cementerio de Colores, Dumbría. En este cementerio de la Costa da Morte, el descanso eterno se ve bajo un prisma muy colorido, que no tiene nada que ver con la estética fúnebre. Aquí, la vida y la muerte cantan al mismo compás. La construcción, creativa y un tanto arriesgada en su momento, es de la arquitecta Rosana Pichel, de 2012. Tanto éxito tuvo que años después necesitó una ampliación. Está organizado en módulos cerrados en los que cada nicho está rematado con una plancha de resina de un color luminoso, protegido por un cristal. Cuando oscurece y se enciende la iluminación nocturna, indirecta, tiene otro encanto. Además, está integrado en el campo, en un sitio estupendo para prolongar el paseo.

Cementerio de los Ingleses, Camariñas. En la Costa da Morte, en un extremo de la ensenada de O Trece, entre Punta Cagada y Punta de O Boi, naufragó el acorazado inglés Serpent en 1890. Allí mismo, en la parroquia de Xaviña, el pueblo se puso manos a la obra y levantó un cementerio para acoger los 142 cuerpos recuperados. Es por eso que le llaman “de los ingleses”. En el recinto interior descansan los restos del capitán y los oficiales y, en el exterior, los de los marineros. Es una construcción sencilla, rotunda, casi minimalista, que dialoga con el paisaje, entre el mar y la montaña.

Cementerio Vello de Mondoñedo. Antiguamente, este era el cementerio de San Lázaro pero, una vez construido el nuevo, le quedó de nombre “vello” (viejo). Al pasear muros adentro, nos damos cuenta de que, aunque la muerte nos iguala a todos, las diferencias entre clases sociales están definidas claramente en este camposanto. Así, hay una parte elevada para la clase alta, con panteones monumentales; una intermedia para la clase media, más discreta; una pegada a la tierra para los más humildes y, en un lateral, el cementerio civil. Con el tiempo, el recinto entero se ha convertido en un jardín para pasear, con parque y miradores incluidos. Entre sus tumbas encontramos nombres conocidos: Álvaro Cunqueiro, Leiras Pulpeiro, Pascual Veiga…

Cementerio de San Francisco, Ourense. El cementerio de Ourense, en la parte alta de la ciudad, en la ladera de Montealegre, es un remanso de paz, como debe ser. Data del siglo XIX y, además de contar con artísticos panteones, como los hechos por Faílde, es la última morada de orensanos ilustres como Otero Pedrayo, blanco Amor, José Ángel Valente…

Parque de Bonaval, Santiago. La huerta y el cementerio del antiguo convento de Santo Domingo de Bonaval fueron rehabilitados y convertidos en parque urbano, según el proyecto de Isabel Aguirre y Álvaro Siza (1989-2000). Resultaron muchas hectáreas de parque, en el que se conservan las antiguas estructuras funerarias, vacías, eso sí. Las que están ocupadas son las de la iglesia del convento, cerca de allí, donde descansan, en el “panteón de los gallegos ilustres”, Seoane, Rosalía de Castro, Alfredo Brañas, Cabanillas, Asorey, Domingo Fontán y Castelao.

Cementerio de Goiriz, Vilalba. En la Terra Chá, desde lejos sobresalen los apuntados pináculos del cementerio de Goiriz, que parecen de encaje, elevándose en el cielo. En la zona hay más cementerios de estilo neogótico, como el de San Juan de Alba, San Román o Rioaveso, que deben los trabajos de filigrana en piedra a los canteros de Pedreiras Rozadas. Entre ellos, el de Goiriz es el más monumental. Su origen es del siglo XVI, aunque sufrió sucesivas reformas, incluso en el siglo XX. De paseo por el camposanto, vemos que no destacan panteones ni mausoleos, sino las estructuras que albergan los nichos, muy verticales, terminadas en pináculos en cruz o en cruz celta, de manera que nos hacen dirigir la mirada al cielo, más espiritual no puede ser. Aquí. También hay alguna losa muy antigua a ras de suelo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *