En la provincia de Lugo, entre la costa de A Mariña y A Terra Chá, hay unas montañas antiguas, que a veces desaparecen en la niebla, en las que sopla bravo el viento y la xistra, ese azote de aire húmedo y helado. La xistra se apropia de la sierra y le da nombre: Serra do Xistral. En las partes más altas, el suelo también lleva esa humedad, formando grandes turberas de cobertor. Tierras mojadas con una rica vegetación, a base de brezos y briófitas. Son un caldo ideal para el cultivo de ríos. Así es que brotan el Landro, el Masma y el Ouro rumbo al Cantábrico y el Eume hacia el oeste, buscando el Atlántico. La búsqueda lo lleva por la provincia de Lugo (municipios de Abadín, Muras, Vilalba y Xermade) y de A Coruña (As Pontes, Capela, Monfero, Pontedeume y Cabanas) a lo largo de 80 km.
Las primeras aguas del Eume circulan por A Balsa, en Muras, y Montouto, en Abadín. Son pueblos de montaña, de gran riqueza natural, con turberas, bosques en suelos aluviales, aves rapaces, lobos… Por aquí campan a sus anchas caballos salvajes de raza gallega e hispano-bretona y vacas que pastan libres, así que mucho ojo los días de niebla, abundantes aquí, no nos aparezcan de repente y nos llevemos un susto.
El Eume nos lleva por zonas protegidas desde su nacimiento, pues la Serra do Xistral es ZEC y ZEPVN, y forma parte de la Reserva de la Biosfera Terras do Miño, a la que también pertenecen los ayuntamientos de A Terra Chá por los que pasa el río (Abadín, Muras, Vilalba y Xermade).
El caso es que, nada más dejar la sierra, entrando en la provincia de A Coruña, empieza el Parque natural das Fragas do Eume, que ocupa parte de los ayuntamientos de A Capela, As Pontes de García Rodríguez, Cabanas, Monfero y Pontedeume. Otro espacio protegido en el que el paisaje cambia pero es igualmente hermoso.
La primera parada es As Pontes de García Rodríguez, un municipio muy grande, que se extiende por una depresión rodeada de alturas. Aquí fluye el Eume en su curso medio, donde se nutre de varios tributarios. Y, como anuncia el topónimo, no escasean los puentes; los más significativos, el puente romano, el de Os Ferros, del siglo XV y el de Isabel II, de 1860. Entre estos dos últimos hay un paseo de madera por la orilla del río.

En As Pontes, las aguas del Eume son represadas en el embalse de A Ribeira, donde son habituales las piraguas. Si la presa nos parece pequeña, no tenemos más que acercarnos al Lago das Pontes, un gigantesco lago artificial que aprovecha el espacio dejado por la mina a cielo abierto de lignito, agotada hace años, materia prima de la Central térmica de As Pontes, que terminó su actividad en 2023.
Hay varias rutas de senderismo para dar un paseo a la orilla del río, como la senda de A Ribeira, o la de As Fragas da Ribeira y Lostregal. Otros senderos nos llevan por la historia del lugar, marcado por la central térmica, como la senda de Calvo Sotelo o la de la Memoria, alrededor del lago.
Pasado este tramo, el río va encajándose más, hasta que acaba surcando un profundo cañón, ya en su curso final. Es la parte más frondosa del parque, con ecosistemas de muy alta biodiversidad, ricos en matas, brezos y retamas en las zonas altas y en carballos, abedules, alisos, fresnos… De los pocos ejemplos de bosque atlántico en Europa. También hay hasta 28 especies distintas de helechos y muchísimos musgos y líquenes. En cuanto a la fauna: salamandras, sapos y ranas, la salamandra rabilarga típica de aquí, corzos, ciervos, nutrias…

Para descubrir los rincones más sorprendentes de las fragas, lo mejor es internarse en las rutas de senderismo, caminos señalizados en medio del bosque con muchos miradores, puentes, zonas en las que pescar o practicar actividades acuáticas, centros de interpretación… Y no olvidemos dos grandes obras de arquitectura, integradas perfectamente entre los árboles: los monasterios de Caaveiro y de Monfero.
Ya en la desembocadura del río, se localiza Pontedeume, al pie del monte Breamo, en el margen meridional de la ría de Ares, bien al fondo, frente al estuario. Es una ciudad con una fuerte huella medieval, marcada por el dominio de los Andrade. Cuenta con un conjunto histórico importante, con el Torreón de los Andrade, los soportales de la calle Real, el convento de San Agustín, la ermita de las Virtudes, la iglesia de San Martiño, la plaza de las Angustias, la plaza Real, la del Pan…

De paseo por el puerto, podemos continuar por la orilla del Eume y hasta cruzar el puente medieval y seguir por el paseo de Cabanas. Seguro que nos cruzamos con algún peregrino, pues Pontedeume es una importante parada del Camino Inglés.
Ya estamos en el final del trayecto: la ría de Ares. Está al lado de la Betanzos, que acoge al Mandeo. Las dos rías, separadas al principio por la Punta da Carboeira, se juntan formando la ría conocida como de Ares e Betanzos.
La ría de Ares, con la de Betanzos, la de Ferrol, y la de A Coruña, forman lo que Otero Pedrayo dio en llamar el Golfo Ártabro, a la manera del Portus Magnus Artabrorum del que hablaban los romanos, ese frunce de nuestro litoral que da rías acogedoras, apropiadas para fondear, resguardadas por cabos con grandes acantilados. Tierra adentro, los valles de los ríos que dan a ellas, además de ricos humedales y lagunas, como la de Valdoviño. Hacia el sur, una reserva de la biosfera, As Mariñas coruñesas e Terras do Mandeo y, toda la costa ártabra, zona de especial conservación.
Las principales ciudades son A Coruña, Ferrol, Sada, Betanzos, Pontedeume, Ares, Mugardos, Fene, Neda e Narón. Uno de los destinos más emblemáticos del golfo es Santo André de Teixido, al que “vai de morto o que non foi de vivo”.
Recorriendo la costa ártabra damos con faros en acantilados de impresión, como pueden ser el de Ortegal, donde termina A Serra da Capelada, el de la Punta Frouxeira o el del cabo Prior. A menos altura y más resguardado, el de Mera y, ya en A Coruña, la Torre de Hércules, el faro patrimonio de la humanidad.
Como remate, después de tanta agua dulce, un baño ártabro. Tenemos un montón de playas para escoger: Razo, Barrañán, Doniños, Pantín, Mera, Perbes, Miño, Santa Cristina…

