Hubo una época en la que hablar del Sil era hablar de oro. Parece que incluso el nombre, que en latín significa ocre, nos remita a tierras doradas. Lo cierto es que deben ser nutritivas las aguas de este río, pues a su paso se suceden parques naturales y zonas protegidas, paisajes increíbles para disfrutar y conservar.
El Sil es el segundo río más importante de Galicia, detrás del Miño, en el que desemboca. Alcanza los 234 km de longitud, de los que 119 corresponden a Galicia. Comienza su camino en La Cueta, que está en la Reserva de la biosfera de Babia, en la provincia de León. Cerca de esta localidad, a unos 2 km, están las fuentes que originan el Sil, al pie de la Peña Orniz, a más de 1.000 m. Después de pasar por las comarcas de Laciana y del Bierzo, en la provincia de León, entra en Galicia por la comarca de Valdeorras, en la provincia de Ourense.
Llegamos a otra zona de gran riqueza ecológica: el Parque natural da Enciña de Lastra, en el municipio de Rubiá. El paisaje está dominado por cumbres de roca calcárea, que no se acostumbran a ver en nuestra comunidad, con alturas muy importantes, como las de Pena Falcoeira, o los Penedos de Oulengo. Esta peculiaridad, añadida a la presencia de muchas palas (grutas), con una gran población de murciélagos, por cierto, hacen de este un destino de gran interés geológico. La flora de la zona tampoco es la que solemos ver por aquí, pues es de tipo mediterráneo, con alcornoques, rebollos, encinas, olivos, tomillares, encinas… Además, con la llegada de la primavera, podemos encontrar hasta 25 especies distintas de orquídeas silvestres.

Entre estas montañas avanza el Sil sorteando fuertes desniveles. Por aquí pasan varias vías romanas, entre ellas la Vía Nova o XVIII, la que iba de Braga a Astorga. También hay una ruta de senderismo, la Ruta de O Val do Sil, que va paralela al río desde el mirador de Covas a Vilardesilva, entre grandes ejemplares de encinas.
Siguiendo el curso del Sil llegamos a O Barco de Valdeorras. El río entra en el municipio muy encajado para ir abriéndose en un gran valle, donde recibe las aguas de varios afluentes y arroyos. También continúa por aquí la Vía Nova, así como el Camino de Invierno, que nos seguirá acompañando hasta Quiroga.
Uno de los lugares más típicos para pasear por O Barco es el Malecón: más de 1 km de recorrido señalizado por la orilla del río, que incluye playa fluvial, área de recreo, zonas verdes y terrazas para tomar algo.
En los edificios de O Barco se aprecia la piedra rojiza característica de la zona. Otras cosas que ver allí son: el monasterio de San Miguel de Xagoaza, hoy bodega; el casco viejo; la casa grande de Viloria; el conjunto monumental de O Castro y las curiosas covas, que son bodegas tradicionales excavadas en la tierra.

También hay mucha afición a los deportes náuticos. De hecho, en el mes de mayo se celebra el Campeonato de Aguas Bravas y, el día de las fiestas patronales, el 14 de septiembre, el Descenso del Sil.
Río abajo, a 14 km, encontramos el embalse de San Martiño, en una zona llana fértil, de clima mediterráneo. En la margen izquierda está Petín y, en la derecha, A Rúa. El pantano se extiende entre los dos municipios como una laguna, con hasta 15 islotes, constituyendo un auténtico refugio de aves acuáticas. Saliendo de San Martiño, a 400 m, el Sil es cruzado entre A Rúa y Petín por el Puente de A Cigarrosa, de origen romano, por donde iba la Vía Nova. Y, antes de seguir rumbo al noroeste, pasando a la provincia de Lugo, habrá que tomarse un vino de Valdeorras con un pulpo á feira, por ejemplo, que es muy de aquí.

En la comarca de Quiroga, ya en Lugo, poco antes de la confluencia con el Bibei, nos espera el túnel de Montefurado, en la Pena do Corvo, testimonio del aprovechamiento de los recursos del Sil por los romanos. El monte fue horadado bajo el mandato de Trajano en el siglo II, para redirigir el curso del río, evitando un meandro cerrado y dejando al aire la zona de sedimentos, haciendo así más fácil la extracción de oro. Un sistema semejante al ruina montium, en el que se hacían reventar las montañas perforando canales en su interior y llenándolos de agua.

El Geoparque Mundial de la UNESCO Montañas do Courel comprende toda esta zona, que tiene un patrimonio geológico muy rico, con ejemplos de estructuras geológicas, fósiles, vestigios de la explotación minera… Precisamente, en Quiroga podemos visitar el Museo Geológico y el Etnográfico. Otros puntos de interés son: la aldea de A Seara, en el corazón de A Serra do Courel, la fervenza de Vieiros, la Lagoa de Lucenza, el molino de aceite de Bendilló, el Castillo de As Novaes, la iglesia de A Ermida o el conjunto histórico del Hospital.
También por estos lares hay vinos, pero aquí ya no hablamos de la DO Valdeorras, sino de la DO Ribeira Sacra. En este tramo final del Sil, el río avanza en un profundo cañón, entre laderas graníticas y plantaciones de viñedos, con un microclima que hace que los vinos se den muy bien. Para disfrutar de las vistas desde todos los ángulos, lo mejor es hacer una de las rutas fluviales que funcionan en la Ribeira Sacra, algunas con paradas para visitar bodegas y monumentos. En el cañón del Sil hay maravillas como el monasterio de Santa Cristina de Ribas de Sil, o el de Santo Estevo, el castillo de Castro Caldelas… También tenemos que ver la perspectiva desde lo alto, y subir a miradores como el de Cabezoás, Os Balcóns de Madrid, As Xariñas….

En la Ribeira Sacra, meandro tras meandro, el Sil serpentea entre las provincias de Lugo y Ourense, y llega a Os Peares, parroquia de A Peroxa, en la provincia de Ourense. Os Peares es un auténtico centro de reunión, en el que se juntan cuatro municipios y dos provincias (A Peroxa y Nogueira de Ramuín en Ourense y Carballedo y Pantón en Lugo), todos con vistas al río. Aquí también se juntan las aguas del Sil con las del Miño, que además recibe otro afluente, el Búbal. Poco antes de la confluencia, el nivel del agua aumenta en el embalse de Os Peares.

Así pues, en Os Peares nos despedimos del Sil, que se disuelve en el Miño, otorgándole un generosísimo caudal, para que continúe su camino hacia Ourense. ¡Buen viaje!

