Cementerios más famosos de Galicia

La visita al cementerio a veces va marcada por la pena, cuando despedimos a alguien, o por el recuerdo, cuando pasado el tiempo honramos su memoria. Pero otro motivo para acudir al cementerio es disfrutar del conjunto monumental en sí, con toda su historia y su belleza. Los propios cementerios organizan visitas guiadas, rutas literarias, teatralizaciones… sobre todo en estas fechas, entre Difuntos, Santos y Samaínes.

Varios cementerios gallegos están reconocidos por la ASCE (Asociación de Cementerios Significativos de Europa): el de los Ingleses de Camariñas, el de Santa Mariña Dozo de Cambados, el de San Francisco de Ourense, el de San Amaro de A Coruña y el de San Froilán de Lugo. Estos dos últimos, están incluidos, además, en la Ruta de Cementerios Europeos.

Parémonos a pensar: ¿Conocemos los cementerios de nuestra ciudad? ¿Y los de fuera? ¿Dónde estará enterrada Rosalía? ¿Y Pondal? ¿Qué tal si hacemos un recorrido por los camposantos más bonitos de Galicia?

Cementerio de Los Ingleses, Camariñas. Entre la punta de O Boi y la punta Cagada ya había habido naufragios, pero el del acorazado inglés Serpent, el 10 de noviembre de 1890, fue el más grave, con 172 muertos. Solo se salvaron tres tripulantes.  Con ayuda de todo el pueblo, se levantó un cementerio para enterrar los 142 cuerpos recuperados, enfrente del llamado desde entonces “bajo del Serpent”. En el recinto interior reposan los restos del capitán y los oficiales y, en el exterior, los de los marineros. Es una construcción muy sencilla, dominada por el paisaje, con el monte Branco de fondo y la gran reserva de caramiñas.

Cementerio de Cambados. “El cementerio más melancólico del mundo”, según Cunqueiro, se encuentra al lado de las ruinas de la iglesia de Santa Mariña Dozo. Esta es de estilo gótico marinero del siglo XII, con restos de la capilla románica anterior, y fue abandonada en el siglo XIX. De ella prácticamente queda el esqueleto en pie. Aquí quiso ser enterrada Josefina Blanco, esposa de Valle-Inclán, al lado de su hijo.

Cementerio de Adina, Iria Flavia.  Está junto a la iglesia de Santa María de Iria Flavia. “O simiterio de Adina/ n´hai duda que é encantador,/ cos seus olivos escuros/ de vella recordazón”: así lo veía Rosalía de Castro, que estuvo aquí enterrada hasta 1891, cuando la llevaron al Panteón de los Ilustres en Santiago. Aquí no hay nichos, todas las lápidas van pegadas al suelo. Y son muy antiguas, hasta hay sarcófagos antropomorfos de entre los siglos VI y X. También hay dos cruceiros y varias olivos centenarios. Bajo uno de ellos duerme para siempre Camilo José Cela.

Santa María A Nova, Noia. El cementerio está al lado de la iglesia, que es de estilo gótico marinero, con una sola nave con cubierta de madera. Alberga el Museo de las Laudas, donde encontramos lápidas gremiales y sarcófagos medievales. En el camposanto destaca el crucero gótico y otro con baldaquino, “O Cristo do Humilladoiro”, del siglo XVI. Además, cuenta con más de quinientos sepulcros y lápidas de entre los siglos XIV y XIX.

Cementerio Viejo de Mondoñedo. La estructura de este cementerio es clasista sin disimulo: en la zona alta, los panteones de la clase alta; en la intermedia, las tumbas de clase media y, en la más pegada al suelo, los enterramientos de la gente humilde. Polvo somos… Aquí yacen los restos de Cunqueiro, de Leiras Pulpeiro y de Pascual Veiga, entre otros. La zona del cementerio civil se usa como parque.

Cementerio de San Francisco, Ourense.  Se levanta en las laderas del Montealegre, al lado del antiguo convento de San Francisco. Tiene grupos escultóricos de gran calidad, como los de Faílde. Aquí yacen Blanco Amor, Otero Pedrayo, Risco, Cuevillas, Parada Justel… También está el poeta José Ángel Valente, que fue presidente de honor de la Asociación de Amigos del Cementerio, y uno de los impulsores de su conservación. Aquí también descansa Asunción González Vázquez, considerada la primera víctima registrada de violencia machista en Ourense. Su lápida dice: “¡Pobre Asunción!”.

Cementerio de San Froilán, Lugo. Está a 500 m del Camino Primitivo de Santiago. Es obra del arquitecto racionalista Eloy Maquieira, y destaca por su limpia ordenación espacial. Muchas de las construcciones funerarias fueron trasladadas desde el antiguo cementerio municipal. Es un cementerio muy activo: organiza concursos de fotografía, jornadas formativas, visitas guiadas, lecturas dramatizadas, conciertos…

Cementerio de San Amaro, A Coruña. Aquí el descanso eterno tiene vistas al mar. Hay una zona religiosa, otra civil y la británica, cerrada al público. Además, cuenta con algún monumento colectivo, como el dedicado a los Mártires de la Libertad, a las víctimas del accidente de avión de Montrove en el 73 o la Columna tronzada en recuerdo de la huelga general de 1901. Entre las lápidas encontramos los nombres de Isidoro Brocos, Eduardo Pondal, Murguía…

Cementerio de Pereiró, Vigo. Fue diseñado por Jenaro Pérez de la Fuente, que hasta se encargó del panteón donde descansan sus restos, aquí mismo, claro. Pasear entre las tumbas es hacerlo por la historia de la ciudad, parece un callejero de Vigo: Policarpo Sanz, Sanjurjo Badía, Cachamuíña, García Barbón… Aunque la estrella es Concepción Arenal. También hay un Jardín de la Memoria Histórica, en el cementerio civil. Otra atracción es el Dodge Carnero, un elegante coche fúnebre de c. 1930.

Parque de Bonaval, Santiago. El cementerio de Bonaval, al lado del convento de Santo Domingo de Bonaval, fue inaugurado en 1847, y continuamente ampliado, hasta dejar de tener uso funerario en 1960. Tiempo después, se ha convertido en un magnífico parque, rehabilitado por Siza, que conserva estructuras funerarias vacías. En la iglesia del convento podemos visitar el Panteón de los Gallegos Ilustres, donde están Rosalía de Castro, Alfredo Brañas, Cuevillas, Asorey, Fontán y, aparte, Castelao.

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