Son puentes gallegos que atesoran gran belleza y una historia que sentirás al posar los pies sobre sus piedras. Esta es una pequeña selección de cinco puentes gallegos que, si no conoces aún, deberÃas visitar.

Puente de Brandomil
Vaya por delante que este puente cuenta con la ventaja de un nombre realmente evocador, que remite al pasado galaicorromano y que sirvió de inspiración al poeta Eduardo Pondal: asà se llamaba uno de los héroes que, en sus creaciones, luchaban contra el invasor. El puente cruza el Xallas justo antes de la cola del embalse de A Fervenza, uno de los muchos que aprovechan el cauce de este rÃo coruñés. Por él pasaba originariamente el Camino de Santiago hacia Fisterra. Es una obra de muy probable origen romano; según los trabajos arqueológicos, durante el Imperio en la zona existÃa un cruce de caminos y, por lo tanto, al menos una villa que diera servicio a quien por aquà transitaba. Con todo, el puente actual es de la Edad Moderna, hacia el siglo XVI, y consiste en cuatro arcos de piedra, el más alto de ellos de más de ocho metros.
Ponte Maceira
Es uno de los lugares más conocidos y retratados del Camino de Santiago a Fisterra y MuxÃa, y con razón: Ponte Maceira, que sobrevuela el Tambre entre los municipios de Ames y Negreira, fue construida en el siglo XII y sus siete arcos (todos de medio punto salvo el central, apuntado) fueron testigo de batallas medievales. Sorprende además por la belleza del entorno, formado por una pequeña aldea construida alrededor de la ermita de San Brais y, sobre todo, la presa y los molinos que aprovechaban la fuerza del agua en este punto del rÃo.

Puente del Bibei
Singular por la altura de su arco principal, de unos veinte metros sobre el rÃo Bibei, este puente es un auténtico prodigio de longevidad. Fue construido en el siglo II por los ingenieros del Imperio Romano y, con mÃnimas reformas, aún sostiene hoy el tráfico de la carretera autonómica OU-636, en el tramo que une Larouco y A Pobra de Trives. Es, de hecho, uno de los pocos puentes gallegos que conservan la mayor parte de la fábrica romana; orgullosa de ese pasado, en uno de sus extremos se han situado varios miliarios testimonio de la importancia que tuvo como vÃa de comunicación hace dos milenios y que sigue conservando en la actualidad.
Puente de Pontevea
Con sus seis amplios arcos apuntados, de inspiración gótica, el puente de Pontevea atraviesa el ancho rÃo Ulla entre los concellos de Teo y A Estrada, a caballo entre las provincias de A Coruña y Pontevedra. Fue levantado en el siglo XV y tiene una inconfundible silueta triangular. Justo enmedio, un indicador de piedra muestra el punto en el que se separan las provincias de A Coruña y Pontevedra. Desde el puente y aguas abajo, a la distancia de un pequeño paseo a pie, se puede llegar a la Burga de Xermeade, una fuente de aguas medicinales que en su dÃa contó con un pequeño balneario.
Puente del Pedrido
No está mal acabar una lista de puentes romanos y medievales con una construcción muy posterior, casi contemporánea. El Puente del Pedrido fue edificado entre los años 1939 y 1942, en plena posguerra, para superar la rÃa de Betanzos entre los municipios de Paderne y Bergondo. Se trata de una obra en hormigón de los ingenieros Eduardo Torroja Miret y César Villaba Grande, inconfundible por su perfil ligero, su arco elevado central y el tono blanco de su cobertura. Se construyó en un punto en el que el único medio de atravesar la rÃa era una barca, con lo que el viaje entre las ciudades de Ferrol y A Coruña se acortó considerablemente. De hecho, hasta la apertura hace dos decenios de la ampliación de la autopista AP-9 entre estas dos urbes, fue parte esencial de la principal vÃa de comunicación de la costa ártabra.
