5 planes para hacer lejos de la costa en Galicia

El paisaje de la costa gallega es bien conocido: recortado, con abundancia de entrantes y salientes, acantilados pronunciados, rías altas y bajas, playas, islas… Pero, ¿qué pasa con el interior? Desde las montañas más antiguas de Galicia hasta las riberas de las viñas heroicas, aquí tenemos destinos para 5 planes tierra adentro.

1.Recorrer los montes de Lugo (O Courel, Os Ancares). Para montes, los de Lugo. Al sudeste de la provincia se extiende la Serra do Courel. Estas montañas tienen unos cuantos años: ¡más de 300 millones! Entre ellas se levantan alturas importantes, de más de 1.600 m, por ejemplo, el monte de Montouto o el de Formigueiros. Aquí se encuentra el monumento natural del doblamiento geológico de Campodola-Leixazós, fósiles antiquísimos, vestigios de minas de oro… Incluso hay una ruta de las aldeas paleozoicas. Es por eso que O Courel fue nombrado Geoparque mundial de la UNESCO. Pero no todo son montes, también hay valles pronunciados y muchos ríos, el Lor el principal. Entre montes y valles se conforma un paisaje maravilloso, dotado de la mejor tierra para albergar bosques muy variados, como la Devesa da Rogueira, y fauna acorde con ellos (lobos, zorros, jabalíes, tejones, martas…). Para empezar nuestra aventura en la sierra puede ser buena idea acercarse al aula de la naturaleza de Moreda do Courel.

La serra do Courel va muy ligada a otra; de hecho, las dos en conjunto, forman parte de la red natura 2000 Ancares-Courel. Nos referimos a la Serra dos Ancares, al sudeste de la provincia, al norte de O Courel y limitando con Asturias y León. Abarca los municipios de Cervantes, Navia de Suarna y parte de Becerreá. Sierra de profundísimos valles y altas cumbres que casi llegan a los 2.000 m, como O Mustallar o Tres Bispos. Su riqueza natural le valió el título de Reserva de la biosfera (2006). Entre la vegetación, frondosos bosques de robles, abedules, acebos, arces, serbales, tejos y, en las zonas más altas, uces y piornos (de ahí Piornedo).

Con mucha suerte podemos ver algún oso pardo o urogallo. En cuanto al patrimonio histórico: castillo de Doiras, puente romano sobre el río Cervantes, castillo de Navia de Suarna… También tiene mucho peso la cultura popular y la etnografía, ya que se conservan construcciones típicas de muchos siglos atrás. Para muestra, el conjunto etnográfico de Piornedo, aula de la naturaleza.

2.Descubrir los alrededores de Santiago. En un radio de unos 20 km desde Santiago, nos esperan cuatro municipios satélites de la capital pero con personalidad propia, y muchos tesoros por descubrir, como Teo, Negreira, A Estrada y Sigüeiro.

A 15 km de Compostela, Teo nos sorprende con su carga histórica (iglesia de Santa María de Teo, de Luou, Lampei, cruceiro de Tribaldes, cruceiro de Francos…), prehistórica (área arqueológica del monte Piquiño), natural (Fraga de Sestelo, carballeira de Francos…)… Por aquí pasa el Ulla, que podemos disfrutar en el área recreativa de O Xirimbao, con su puente colgante. Cruzando este, así como cruzando el puente medieval de Pontevea nos plantamos en A Estrada, otro destino interesante, a 26 km de la capital. El Ulla es famoso en la zona por el salmón, que se pesca en los cotos de Ximonde y O Xirimbao. También hay tradición de deportes acuáticos, como kayak, rafting o paddle surf. Un buen plan en A Estrada es hacer la ruta románica, con dos recorridos para conocer casi una veintena de templos medievales, o alguna de las 10 rutas de senderismo señalizadas. Una de las joyas del municipio es el Pazo de Oca. Desde luego, la capital del mueble está muy bien amueblada.

Sigüeiro, a 16 km de Santiago, es la última parada del Camino inglés antes de llegar a Compostela. Es la capital del ayuntamiento de Oroso. Uno de sus encantos es el puente medieval sobre el río Tambre y ya que estamos en el río, el área recreativa Illa do Refuxio, una islita al lado de una presa donde hay una pequeña playa fluvial. Por aquí está el coto de pesca de Sigüeiro, que tiene fama de llevar mucha trucha. En la zona hay muchos vestigios de mámoas y castros, y una rica vegetación de especies autóctonas y, por cierto, un importante campo de golf.

Al oeste de Santiago, Negreira, a 22 km, también está a orillas del Tambre. Y también es zona de mámoas y castros. Encontramos algunos pazos importantes, como el de Cotón, en el que se celebra a finales de agosto la Feira do románico. En la parte este del municipio encontramos la pintoresca aldea de A Ponte Maceira, entre Negreira y Ames. Desde el pazo de Cotón hasta el refugio de pesca discurre el paseo fluvial de A Barcala, bien surtido de pasarelas, puentes, saltos…

3.Turismo de aventura en A Fonsagrada. El camino primitivo entra en A Fonsagrada a buena altura, por el puerto de O Acevo, y pasa por enclaves como A Proba de Burón, Montouto o Paradavella. En esta zona en plena montaña, la aventura está servida. Tenemos a nuestra disposición rutas para hacer a pie, en bici, e incluso a caballo, desde muy sencillas, siendo espectaculares, como la de Seimeira de Vilagocende, hasta las más duras, como la de A Pena Guímara.

4.Saborear pulpo en O Carballiño. La vida tiene sus curiosidades, como que uno de los lugares donde tiene más fama el pulpo sea en el interior, en O Carballiño y, más en concreto, en Arcos. Parece ser que las pulpeiras de esta parroquia, que iban por las feiras cocinando su manjar en ollas de cobre, difundieron su saber por Lugo y O Carballiño, conocidas por el pulpo á feira. Ojo al dato: en la fiesta del pulpo de O Carballiño de este año se cocinó la tapa de pulpo á feira más grande del mundo, por lo menos hasta esa fecha, 6 de agosto. Así que, además de disfrutar de la ciudad, de la plaza mayor, el templo de la Veracruz, la iglesia de San Cibrán, las termas, los carballos… es obligado degustar el pulpo. ¡Buen provecho!

5.Ribeira Sacra. Este plan de interior tiene tanto embarcadero que casi parece de la costa. Localización: cañón y riberas del Sil, riberas do Miño, Cabe e Bibei, sur da provincia de Lugo y norte de la de Ourense. Agua, arte y vino. A Ribeira Sacra parece un mundo aparte, donde la naturaleza revela su poder. El poder de los ríos que surcan las rocas, el clima que favorece los cultivos de vid, la vegetación… La mano humana que hace presas, que aprovecha recursos, que construye monasterios otrora apartados, y la mano de la naturaleza que devuelve más. Y nosotros, insignificantes, abrimos bien los sentidos para que no se nos escape nada.

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