Hay lugares en los que la historia todavía se puede caminar. En Ourense, las calles empedradas, las antiguas fortalezas, las iglesias románicas y las torres que dominan los valles nos permiten viajar siglos atrás y descubrir cómo era la vida en la Galicia medieval.
La provincia conserva algunas de las villas históricas más singulares de Galicia. Allariz, Ribadavia, Vilanova dos Infantes, Castro Caldelas y Monterrei ofrecen cinco formas diferentes de acercarse a aquel tiempo en el que reyes, nobles, comerciantes, peregrinos y campesinos dejaron su huella en el territorio.
Allariz: una villa ligada a los reyes
A orillas del río Arnoia, Allariz es uno de los grandes conjuntos históricos de la provincia. Su importancia medieval está vinculada, entre otras cosas, a su condición de sede de la corte del Reino de Galicia.
Llegar a la villa por la Ponte de Vilanova, del siglo XIII, es ya una forma de entrar en su historia. Al otro lado del puente aparecen las calles del casco histórico, las antiguas iglesias románicas y las casas que conservan el trazado de la antigua villa medieval.
El paseo puede continuar junto al Arnoia, donde el patrimonio se mezcla con antiguos molinos, fábricas de curtidos y otras construcciones que recuerdan la importancia que tuvieron durante siglos los oficios vinculados al río.
Allariz permite así descubrir una Edad Media que no solo se encuentra en los castillos, sino también en las calles, las iglesias y la relación de la villa con el agua.
Ribadavia: entre castillos, vino y memoria judía
En el corazón del Ribeiro encontramos Ribadavia, una villa cuya historia medieval está estrechamente relacionada con el comercio y con la presencia de una importante comunidad judía.
Su casco histórico conserva un entramado de calles estrechas, plazas y casas que invitan a perderse sin prisa. La antigua judería, A Alxama, constituye uno de los espacios más interesantes para descubrir esa parte de la historia de la villa.
El castillo de los Sarmiento, situado en el propio casco histórico, recuerda además el poder de los señores que dominaron estas tierras. Aunque del recinto original solo se conservan algunos elementos, todavía podemos reconocer restos de sus murallas, torres y antiguas puertas.
Y para completar el viaje por Ribadavia, nada mejor que acercarse al Ribeiro, un territorio en el que vino, paisaje e historia llevan siglos caminando juntos.
Vilanova dos Infantes: una pequeña villa detenida en el tiempo
En Celanova encontramos uno de esos lugares que sorprenden precisamente por su escala. Vilanova dos Infantes conserva uno de los conjuntos medievales más singulares de Galicia, con un entramado de pequeñas calles empedradas y casas de granito que se adaptan al terreno.
Su imagen más reconocible es la Torre de Vilanova, único vestigio del antiguo castillo que dominaba la villa. La fortaleza fue destruida durante las revueltas irmandiñas, pero la torre permanece como testimonio de aquel pasado.
Pasear por sus plazas, descubrir las antiguas fuentes o acercarse a las bodegas excavadas en la roca permite imaginar la vida cotidiana de una pequeña comunidad medieval.
Es, quizá, una de esas visitas en las que no hace falta buscar grandes monumentos para sentirse parte de la historia.
Castro Caldelas: una villa alrededor de un castillo
En plena Ribeira Sacra ourensana, Castro Caldelas aparece sobre una elevación desde la que domina el valle del río Edo. Su casco histórico conserva un marcado carácter medieval, con calles estrechas y empedradas que conducen hasta su gran protagonista: el castillo.
La fortaleza fue construida en el siglo XIV y conserva torres, murallas, patio de armas y otros elementos que permiten comprender cómo eran estos recintos defensivos. La historia del castillo también está ligada a las revueltas irmandiñas del siglo XV, cuando sufrió importantes daños antes de ser reconstruido.
Pero Castro Caldelas es mucho más que su fortaleza. Sus casas blasonadas, las galerías y las calles que ascienden hacia el castillo forman un conjunto en el que todavía resulta fácil reconocer la estructura de una antigua villa medieval.
Y desde lo alto, el paisaje de la Ribeira Sacra recuerda por qué este lugar tuvo durante siglos una importancia estratégica.
Monterrei: una fortaleza sobre el valle del Támega
El viaje termina en el sur de Ourense, en uno de los grandes conjuntos fortificados de Galicia. Monterrei se levanta sobre una posición elevada desde la que domina el valle del Támega y las tierras próximas a la frontera con Portugal.
La fortaleza tiene sus orígenes en la Edad Media y fue creciendo con el paso de los siglos hasta convertirse en un gran conjunto defensivo y residencial. Torres, murallas, iglesia, hospital de peregrinos y otros edificios forman una auténtica acrópolis desde la que se entiende la importancia estratégica de este territorio.
Pero Monterrei también fue un lugar de cultura. Entre sus muros funcionó una imprenta y en 1494 se imprimió allí el Missale Auriense, considerado el primer libro impreso en Galicia.
Hoy, recorrer el recinto y contemplar desde sus murallas el valle del Támega es acercarse a una parte fundamental de la historia de Galicia.
Cinco villas para descubrir la Galicia medieval
Allariz, Ribadavia, Vilanova dos Infantes, Castro Caldelas y Monterrei muestran cinco formas diferentes de entender la Galicia medieval.
Villas de reyes y comerciantes, antiguas juderías, pequeñas aldeas fortificadas, castillos señoriales y grandes fortalezas fronterizas. Cada una conserva una parte de aquella historia y, al mismo tiempo, una forma diferente de relacionarse con el paisaje que la rodea.
Lo mejor es que este patrimonio no está encerrado en los museos. Se descubre caminando por una calle empedrada, cruzando un puente, entrando en una iglesia, subiendo hasta una torre o simplemente contemplando desde lo alto el valle que durante siglos estuvo bajo la mirada de sus habitantes.
Porque en Ourense la Edad Media no solo se estudia: también se puede recorrer.
¿Te animas a emprender este viaje por la Galicia medieval?
