Uno de los mayores personajes históricos de la Galicia medieval, aquel que obtuvo la dignidad de arzobispado para la sede compostelana. Señor de Santiago, Diego XelmÃrez impulsó enormemente las obras de la catedral (según el Códice Calixtino, la última piedra del templo fue colocada bajo su mandato en 1122), y se encargó de embellecer una ciudad emergente: un centro de peregrinación y comercio que necesitaba nuevas calles y edificios. Se cree que XelmÃrez viajó a Francia y a Roma, y es sabido que tuvo muy buenas relaciones con los mayores poderes de la cristiandad occidental del momento: el papado (cuatro fueron los papas que trataron con él) y la abadÃa de Cluny. El arzobispo compostelano llegó a ser la mayor autoridad eclesiástica de la antigua Hispania romana durante varios años, en un momento de gran crecimiento de la afluencia de peregrinos, promovida por la «tesis de las tres sedes» (Santiago, Roma y Jerusalén), que designaba a esas tres ciudades como los más importantes centros de devoción de toda la cristiandad.
La vida y obra de XelmÃrez están recogidas en la por él encargada Historia Compostellana (en latÃn), pieza clave para comprender la compleja historia medieval del occidente peninsular. Esta serie de libros narra lo ocurrido en Santiago desde el descubrimiento de la tumba apostólica hasta la muerte del propio XelmÃrez, centrándose con maneras casi biográficas en el tiempo de este primer arzobispo. Â
Diego XelmÃrez nació alrededor del 1065 en el seno de una familia noble que gobernaba algunas de las tierras costeras del obispado compostelano, en la zona de Catoira. Su educación estuvo ya desde un primer momento orientada a la vida religiosa; completó su formación en la escuela catedralicia santiaguesa con una estadÃa en la corte leonesa del entonces reinante Alfonso VI.Â
Fue elegido siendo aún muy joven consejero y secretario de los nuevos condes de Galicia: Raimundo de Borgoña y Urraca de León. Alfonso VI habÃa creado este cargo con la intención de pacificar el reino de Galicia, que en las décadas anteriores se habÃa rebelado en varias ocasiones contra el poder central (incluso consiguiendo la independencia bajo GarcÃa I). En 1093, durante el obispado del cluniacense Dalmacio, XelmÃrez fue nombrado administrador de la diócesis, puesto desde el que se dedicó principalmente a avanzar con las obras de la catedral. Unos años más tarde, en el 1095, llegaba la bula papal que autorizaba el traslado definitivo de la sede episcopal de Iria Flavia a Santiago, quedando esta solo sujeta a la autoridad romana (un gran paso teniendo en cuenta que anteriormente, la sede de Iria dependÃa de la recién restaurada sede de Braga).Â
Tras la muerte de Dalmacio, contando con el apoyo de los condes, del papado, y de la AbadÃa de Cluny, Diego XelmÃrez se convirtió en el nuevo obispo de Santiago. Desde entonces, fue acumulando influencia y méritos siempre con el objetivo de obtener el arzobispado, que no llegarÃa hasta el 1120 de manos del papa Calixto II (hermano del ya fallecido conde Raimundo). Estos fueron los momentos, logros y eventos más importantes de esos 20 primeros años de gobierno de XelmÃrez: la obtención del poder de acuñar moneda (dignidad que solo compartÃa con reyes; su moneda se hizo de uso común en toda Galicia); el PÃo Latrocinio (interesantÃsimo acontecimiento histórico que consistió en el robo por parte de XelmÃrez de importantes reliquias bracarenses y su posterior traslado a Santiago con la intención de aumentar el prestigio de su sede frente a la competencia); algunas revueltas populares (la ciudad, centro de comercio, contaba con una pujante burguesÃa que varias veces se alzó contra su señor); la construcción de la primera armada de la penÃnsula cristiana (una flota que se construyó en torno al 1115 en la rÃa de Arousa como defensa efectiva contra ataques vikingos y sarracenos); y por último, varios tratados y guerras con Urraca y Alfonso el Batallador (relacionadas con la defensa de la autonomÃa del reino de Galicia y con los deseos de aumentarla).Â
En el 1120, XelmÃrez y Compostela pasaron a ser arzobispo y arzobispado, con el traspaso del tÃtulo desde la musulmana Mérida (para evitar problemas con las sedes de Braga y Toledo). Además, el señor de Santiago fue también nombrado legado pontificio, siendo entonces la mayor autoridad eclesiástica de Hispania, con potestad para convocar concilios. Por último, y gracias a Urraca (con quien tuvo una relación complicada, de amigos a enemigos y vuelta), XelmÃrez desempeñó también las funciones de Conde de Galicia.
 Junto con Pedro Froilaz, conde de Traba (poderoso noble gallego con muy buenas relaciones al otro lado del Miño), el arzobispo defendió y se encargó de la crianza del futuro Alfonso VII, coronado rey primero en Santiago, y en 1126 en León. Lo cierto es que una vez crecido, el nuevo rey no sirvió a los intereses de XelmÃrez y no favoreció el poder compostelano; más bien al contrario, pues Alfonso VII, debido a sus numerosas campañas militares pedÃa constantemente dinero al arzobispado.
Aunque en 1124 con la muerte de Calixto II dejó de ser legado pontificio, XelmÃrez continuó siendo una de las mayores autoridades religiosas y polÃticas de Galicia y León hasta su muerte en el cargo en 1140. De importancia fundamental para la proyección económica, cultural y polÃtica del Santiago medieval, Diego XelmÃrez es estudiado como un astuto lÃder polÃtico, artÃfice de complicadas maniobras diplomáticas, que no siempre salieron bien pero que llevaron a que, tras muchos intentos, Compostela fuese arzobispado, y él, su primer arzobispo.
