Una historia de leyenda para el santuario de A Pastoriza

Requiario, primer rey suevo de Galicia; el conquistador Almanzor, una pequeña pastora y los soldados del corsario Drake son algunos de los protagonistas de la historia del santuario de Nuestra Señora de A Pastoriza, un lugar de culto y peregrinación situado en Arteixo, pero cuya impronta ha trascendido los límites de ese municipio coruñés para atraer la atención de fieles, curiosos y estudiosos de otros muchos puntos de Galicia.

 

El aspecto actual del templo se debe a las obras acometidas en el siglo XVII bajo el influjo del barroco predominante en la época, aunque su arquitectura original correspondería al románico de comienzos del milenio pasado. Y de ser cierta la leyenda, la primera construcción sería aún más antigua, ya que sus orígenes habría que buscarlos en el ecuador del primer milenio, época en la que Requiairio ascendió al trono de Gallaecia tras la muerte de su padre, el rey Requila. Así lo relata la ilustre escritora Emilia Pardo Bazán en “La leyenda de La Pastoriza”, texto que escribió tras una visita al lugar realizada en junio de 1887.

 

La autora de “Los pazos de Ulloa” explica que Requiario, tras su conversión al cristianismo, se convirtió en poseedor de la “primitiva imagen que hoy, después de sufrir importantes modificaciones, se sigue venerando bajo la advocación de Nuestra Señora de la Pastoriza”. Y cuenta también que fue ese mismo monarca quien construyó la primera ermita en la zona, hipótesis que defiende con argumentos como el hecho de que una de la parroquias anexas a A Pastoriza lleve el nombre de Suevos, lo que confirmaría el vínculo de esa área con el monarca.

 

La destrucción de la ermita original habría tenido lugar cinco siglos más tarde, a finales del primer milenio, durante otro episodio también narrado por Pardo Bazán: la incursión que el caudillo musulmán Almanzor llevó a cabo por Galicia en el año 997. El relato tradicional de aquel suceso cuenta que Almanzor arrasó la ciudad de Santiago de Compostela, respetando únicamente el sepulcro del Apóstol y llevándose a Córdoba las campanas del templo prerrománico. Pero la historia recogida por la escritora apunta que la ermita arteixana también sufrió el ataque de las huestes de Almanzor, resultando completamente destruida. Mejor suerte corrió la imagen de la Virgen, puesto que habría sido escondida en un lugar próximo al templo poco antes de la llegada de los invasores. La Cuna de la Virgen es el nombre que recibe hoy ese paraje y es ahí donde se desarrolla otro de los episodios cruciales de la historia/leyenda de A Pastoriza.

 

La escultura que se alza en la actualidad sobre el peñasco situado, monte arriba, a un par de centenares de metros del santuario, no hace sino conmemorar la aparición un par de siglos más tarde de la imagen escondida durante el ataque de Almanzor. Al igual que en otros relatos milagrosos de la tradición cristiana, fue una niña que estaba pastoreando ovejas la responsable del hallazgo tras ver unas extrañas luces sobre el lugar. Tras avisar a los vecinos y levantar unas piedras apareció la imagen. Eso es, al menos, lo que cuenta la leyenda. Sin embargo el hecho de que ese lugar fuese aparentemente escenario de antiguos cultos druídicos puede indicar que al igual que ocurrió con otros parajes similares, el relato tuviese también como objetivo cristianizarlo y borrar las connotaciones paganas anteriores. Allí se ubica, asimismo, la Silla del Rey, una piedra similar a un asiento que, según otra leyenda arteixana, fue mandada colocar por Requiario para poder contemplar parte de sus posesiones.

 

Sea como fuere, el descubrimiento de la imagen y la construcción de un nuevo templo destinado a albergarla pusieron los cimientos de una devoción que se fue acrecentando con el pasar de los siglos y sentaron las bases de la fama de un lugar que aún sería escenario de otro suceso situado a medio camino entre la leyenda y la historia. Al igual que ocurriera con Almanzor, el santuario arteixano volvió a sufrir a finales del siglo XVI los daños colaterales del ataque a otra ciudad gallega. En este caso fue una flota inglesa liderada por el corsario Francis Drake la que en 1589 atacó A Coruña. El intento de invasión concluyó con la derrota de los ingleses después de dos semanas de sangrientos combates, pero antes de abandonar la zona algunos soldados habrían tenido tiempo de desplazarse hasta Arteixo en busca de algún botín. En este caso, la leyenda recogida por Pardo Bazán cuenta que los ingleses sacaron la imagen de la Virgen de la iglesia y trataron de destrozarla propinándole un hachazo y rompiéndola en varios pedazos, pero milagrosamente estos se volvieron a unir lo que propició que los invasores huyesen sin causar más daños en el lugar.

 

Hoy en día, tanto el templo que guarda esa imagen como la Cuna de la Virgen son el motivo que lleva a los romeros a acudir hasta Arteixo en masa especialmente coincidiendo con la celebración de San Miguel, cada 29 de septiembre. Un sendero une ambos lugares para que los visitantes que acuden al templo a venerar la imagen antigua puedan acercarse hasta la escultura situada en la Cuna de la Virgen, cumplir con el rito de dar tres vueltas a su alrededor antes de besarla y recordar todos los sucesos que, según esta historia de tintes legendarios, allí tuvieron lugar.

 

 

 

 

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