A Lanzada, una playa bañada por leyendas

Situada en el lado suroeste del istmo que une la península de O Grove con el resto de la comarca de O Salnés, la playa de A Lanzada atrae cada año a miles y miles de turistas gracias a su belleza natural, a su importante patrimonio histórico y a la fuerza de su oleaje, que, al no ser apaciguado por la geografía de las rías, permite la práctica de deportes como acuáticos el surf o el windsurf.

Muchas son las leyendas en las que la playa de A Lanzada es mencionada, y se sabe que el lugar fue uno de los núcleos de curanderismo más importantes de Galicia hasta mediados del último siglo. Es posible que la proliferación de historias y tradiciones vinculadas a A Lanzada esté relacionada con el hecho de que se trate de un lugar que lleva varios miles de años habitado: en el islote situado frente a la Ermida de Nosa Señora da Lanzada se encontraron restos arqueológicos pertenecientes a la Edad de Hierro, y en la misma pequeña península (anteriormente isla) que marca el límite sur de la playa, se alzan además de la ya mencionada ermita románica, las ruínas de una torre medieval que en su momento sirvió de defensa contra ataques normandos y musulmanes. Avanzando un poco más en tierra firme, se pueden visitar una necrópolis, un castro y algunas estructuras romanas.

Una parte importante de las leyendas que se tratarán a continuación tiene que ver con la fertilidad femenina, siendo probable que en la zona se adorase a alguna diosa o dios de la fecundidad en tiempos paganos. Como en muchos otros casos similares en Galicia, estos ritos paganos habrían sido cristianizados posteriormente, y acabarían dando lugar, con el paso de los siglos, a algunas de las tradiciones que persisten hoy en día.

La leyenda más conocida es la del baño de las nueve olas. Si una mujer estéril que desee tener hijos deja pasar nueve olas del Atlántico sobre su vientre, el poder del océano pondrá fin a su infertilidad. Este baño solo se puede dar en la zona de la playa situada al lado de la ermita, en la noche del último sábado de agosto,  cuando se celebra la Romaría da Virxe da Lanzada. No obstante, por ser una tradición popular, no todas las fuentes concuerdan; hay quien dice que el baño también sería efectivo en el crepúsculo de la noche de San Juan, o en una noche de luna llena en agosto. El ritual se basa en la fuerza reproductora del mar, en este caso del océano. La relación agua-reproducción es también muy antigua, quedando plasmada por primera vez en las cantigas medievales gallego-portuguesas. Volviendo al ritual, según la tradición, antes (o después, dependiendo de la fuente) de bañarse, las mujeres que deseen acabar con su esterilidad se tienen que sentar o tumbar en la Cuna da Santa o Cama da Virxe. Reciben estos nombres un conjunto de rocas cercanas a la ermita cuyas formas evocan una cama o cuna. Estas rocas también son partícipes de otra leyenda protagonizada por la patrona del templo: se dice que hace mucho la Virgen fue robada de la ermita por los vecinos de San Vicente do Mar, una parroquia próxima, en O Grove. La Virgen volvió sola a A Lanzada, por debajo del mar, en su cama de piedra. 

Además, la Virgen defiende contra el mal de ojo a aquel o aquella que, siguiendo la tradición, barra tres veces alrededor del retablo de la ermita en el día de la romería. También curan el mal de ojo tres monedas para el cepillo del templo, tres vueltas a la capilla, o tres misas. No por nada se considera a la Virgen de A Lanzada una de las más milagreras de la zona.

Por último, también pasa por la playa la Santa Compaña, una terrible procesión de ánimas que van camino del purgatorio, muy presente (con diferentes versiones) en la mitología popular gallega y del noroeste peninsular. Según la tradición de la comarca, las almas en pena de la Santa Compaña salen de A Lanzada en dirección a la Isla de Ons, donde finalizan su procesión en el llamado Buraco do inferno.

Estas son algunas leyendas e historias que llenan de misterio y magia A Lanzada, una playa de casi tres kilómetros de longitud en la que el patrimonio histórico y la tradición se juntan a una belleza natural única, abierta al Atlántico.

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