Las ferias de artesanÃa y ganado en Galicia desempeñaron un papel fundamental en el desarrollo de pueblos y ciudades desde el siglo XVIII. En el marco de una agricultura de autoconsumo, la población rural intercambiaba sus escasos excedentes por productos de la pequeña industria artesana o por otros productos necesarios para el hogar. Además del ganado; el queso, la manteca, los huevos, los pollos, las ‘cuncas’, las ‘zocas’ y otros artÃculos del artesanado rural formaban parte del dÃa a dÃa de mercados tradicionales como el de Os Pendellos de Agolada.
En Agolada, municipio pontevedrés perteneciente a la Comarca de Deza, se encuentra este conjunto histórico donde se puede conocer un poco mejor la vida y los hábitos de la Galicia rural del siglo XVIII. Por aquel entonces, la economÃa del municipio estaba tradicionalmente vinculada a la ganaderÃa, la agricultura y la explotación de los montes. Además, celebraba todos los meses una feria dedicada al comercio de ganado, productos agrÃcolas, textiles, herramientas… conocido como mercado medieval de Os Pendellos de Agolada. Un espacio en el que se celebraba el tÃpico ritual del trueque, la compra venta, charlas, regateos y demás artimañas comerciales.
Los pendellos eran construcciones sin demasiada ornamentación que estaban estrictamente pensados para ser económicos y funcionales. Aunque la RAG (Real Academia da Lingua Galega) los defina como “pequeñas construcciones, normalmente pegadas a la casa del campesino, que sirve de almacén para guardar leña, el carro, las herramientas de trabajo y otros utensiliosâ€, lo cierto es que existÃan diferentes tipos.
(1) Aquellos utilizados para la exposición de mercancÃas, cubiertos por un tejado de losas de piedra que protegÃa los productos del sol o la lluvia, (2) los que se usaban como comedores con -únicamente- una cubierta apoyada sobre pilares y/o muros, (3) los que se utilizaban para guardar el ganado o almacenar los artÃculos de mercaderÃa y que, incluso podÃan tener una planta superior destinada a la vivienda y, por último, (4) otros que funcionaban como posadas para los que acudÃan al lugar los dÃas de feria. Con todo, una caracterÃstica común a todos es su construcción sencilla, con pocas ventanas, de forma rectangular y empleando materiales propios del entorno como el granito, madera -generalmente de castaño- y losas de pizarra.
Después del éxito del recinto ferial, y aunque permaneció en uso hasta principios de los años 70 (s.XX), su degradación y abandono terminó por provocar el derribo de buena parte del conjunto. Años más tarde fue declarado Conjunto Histórico-ArtÃstico y se comenzaron a promover las obras de conservación que pretenden conservar uno de los lugares más emblemáticos de la comarca.
Sin lugar a dudas, el valor del mercado de Os Pendellos de Agolada no es sólo arquitectónico sino que posee un importante valor etnográfico para la comunidad, y sus habitantes lo constatan. Hoy en dÃa, y gracias a la iniciativa de los vecinos, sigue siendo el escenario de una feria de venta de productos de carácter artesanal y ecológico los dÃas 12 de cada mes.
