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	<title>Profesión &#8211; Turismo de Galicia</title>
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		<title>Los primeros afiladores</title>
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		<pubDate>Wed, 12 Feb 2020 17:56:03 +0000</pubDate>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><span style="font-weight: 400;">Hoy en día es raro escuchar el chiflo (</span><span style="font-weight: 400;">pequeña flauta hecha de cañas)</span><span style="font-weight: 400;">, y su consecutivo grito tradicional de “¡Aaaaafiladooooooor!. Pero cuando ese momento mágico sucede, la nostalgia se apodera de la mente de los gallegos que han contemplado esta combinación de profesión y modo de vida como un elemento más de nuestras tradiciones. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Y es que Galicia fue cuna de afiladores, más concretamente el municipio de Nogueira de Ramuín, de donde, dicen, partieron los primeros con sus tarazanas. Se trataba de ruedas enormes, casi como las de una carreta, que iban protegidas por un armazón de madera y una gran correa, y que el afilador iba empujando mientras hacía camino.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="font-weight: 400;">Antes de que apareciese este característico artilugio, los afiladores llevaban sus utensilios de trabajo a la espalda o cargados en un animal. Pero alrededor del año 1860 un afilador inglés dejó su rueda a arreglar en Liñares, en Nogueira de Ramuín. Fue entonces cuando surgió la idea de mejorar la rueda que traía consigo aquel hombre, así que decidieron hacer una maqueta y mejorarla, consiguiendo que se pudiese llevar sobre la propia rueda y ya no hubiese que cargar con ella. La madera de nogal, más ligera pero también más resistente ante las inclemencias del tiempo, fue el material escogido para nuestra tarazana.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="font-weight: 400;">A partir de ahí la profesión se fue extendiendo. Los afiladores ourensanos viajaron por Galicia adelante y cruzaron fronteras para ganarse la vida. Subieron sus tarazanas a los barcos que cruzaban el charco hacia las Américas y allí diversificaron su trabajo: ya no sólo afilaban cuchillos, empezaron también a arreglar paraguas, ollas, todo con tal de hacer crecer sus fuentes de ingresos para labrarse un futuro mejor y poder volver a Galicia. </span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="font-weight: 400;">Con vocación de vagabundos solitarios fueron creadores de un lenguaje nunca compartido con el resto de los mortales. Y es que ellos tenían un idioma propio: el barallete. Era tal la riqueza léxica de esta forma de comunicación que podían mantener largas conversaciones entre ellos sin que nadie los entendiese. Dicen que ese fue el principal motivo por el que surgió este lenguaje tan especial. Un lenguaje que llegó a los 5 continentes y que supuso mucho más que un modo de comunicarse, se convirtió también en una manera de no perder las raíces de nuestra cultura.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">A día de hoy muchas palabras del barallete se siguen usando entre la gente de las aldeas, aunque ya “nexo veas arreadores animen maquinando por la callumeira y arromanando barallete”. ¿No has entendido nada? Pues este es un ejemplo del tipo de frases que usaban entre ellos: no veas afiladores aquí caminando por la calle y hablando barallete. No era tan difícil, ¿no?</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Pues si quieres saber más sobre esta profesión, que fue sustento de muchas familias y una importante fuente de ingresos en la zona de Nogueira de Ramuín, y su idioma propio, sólo tienes que acercarte hasta su capital, Luintra, donde aún te podrás encontrar con habitantes que conocen el barallete, y donde se sobrevive, además,</span><span style="font-weight: 400;"> el último taller artesano de ruedas de afilar de España.</span></p>
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