Playas para dar largos paseos

Uno de los requisitos para una jornada de playa perfecta es el paseo a la orilla del mar, respirando aire salado, disfrutando de la brisa marina  y mojando los pies. Es un ejercicio muy sano que cada persona hace a su manera: en solitario, acompañada, con prisas, tranquilamente, agachándose para coger conchas, o parando cada dos por tres para hacer relaciones sociales.

En Galicia hay arenales de considerable longitud para darse unas buenas caminatas. Así que, a echarse bien de crema, que la brisa de la orilla del mar es lo que más quema, a calarse una buena visera (o sombrero de paja, pamela… en fin, looks hay para todos los gustos) y, ¡en marcha! Consejo para principiantes: tomar referencias fiables de nuestro asentamiento, que con tantos kilómetros por delante es facil desorientarse.

Las playas más largas están al norte, algunas en A Costa da Morte, donde la fuerza del mar abierto moldea a fondo los arenales del litoral. Así las arenas son tan finas y el agua está tan limpia, y hay tanta duna. Comencemos la caminata de norte a sur, pues:

Entre la ría de Ortigueira y la de Ladrido se extiende la playa de Morouzos, en Ortigueira. Con marea baja llega a más de 2 km de largo. Es irregular, con barras arenosas y con un cordón dunar que da lugar a la laguna de San Martiño. Hacia el este nos topamos con la pequeña isla de San Vicente, a la que se puede cruzar caminando con marea baja. Esta es la única playa con arena oscura del norte, y con grano de grosor medio. Si queremos seguir paseando a la sombra tenemos de fondo un frondoso pinar, que se convierte en zona de acampada libre cuando llega el Festival de Ortigueira.

Continuamos la línea de la costa y damos con la playa de A Frouxeira, en Valdoviño, que va desde Punta Faluchos hasta Punta Frouxeira. Esta playa de más de 3 km, de arena blanca y frente al mar abierto, es perfecta para caminar y hacer running. Es de mucho viento y olas, ideal para el surf. También cuenta con una parte más urbana para aquellos que necesiten un estímulo extra. Y, sorpresa, tras el cordón de dunas: la laguna de Valdoviño, muy apropiada para el baño de los más pequeños. El paseo tiene el atractivo añadido de A Percebelleira, una gran roca accesible cuando está la marea baja.  

La siguiente playa larga es la playa de San Xurxo, en Ferrol, al sur del cabo Prior. Abarca un poco más de 2 km. Es playa ventosa (cuidado con los gorros), buena para el surf y las cometas. También se le llama la playa de los dos ríos, pues allí desembocan el Esmelle y el Xuncal.

En la Costa da Morte comenzamos con la playa de Baldaio, en Carballo. Es otra playa muy completa, con laguna, marisma, y una barra de dunas que une Baldaio y Razo, lo que hace que el arenal se extienda a lo largo de 3,5 km. Después de un pasado de explotación de la zona para la extracción de arena, la laguna vuelve a recuperarase poco a poco. Aquí se pasea bien a gusto, pero cuidado con no meterse muy adentro el el mar, que es peligroso. La gente aficionada a pasear recogiendo conchas, seguro que encuentra unos cuantos “ollos maus”, pequeñas caracolas erosionadas que dicen que repele el mal de ojo.

Parece que todo gran arenal tiene una laguna detrás. Eso también pasa en la playa de Traba, en Laxe, de más de 2,5 km. Está abierta al mar, y el viento y las olas hacen de ella destino surfista. El espacio natural de Traba está formado por la gran playa, entre Punta de Arnado y Punta de Traba, un cordón dunar y una laguna, gran reserva ornitológica y gran reserva de leyendas.

Y, atención, llegamos a la más larga: la playa de Carnota. Tiene aproximadamente… ¡7 km! Aquí sí que hay que vigilar bien dónde dejamos la toalla, o llevarla puesta. Acompañan a la playa un conjunto de dunas y marismas con laguna interior, refugio de muchas especies vegetales y aves acuáticas, algunas en peligro de extinción, como la píllara papuda. Además de ser inmensa, la playa abre la boca y deja pasar las aguas del río Vadebois, en la zona conocida como A Boca do Río.

Dejamos A Costa da Morte y llegamos a O Barbanza. Allí tenemos un arenal con el pack completo: Complejo dunar de Corrubedo y Lagunas de Garregal y Vixián. Aquí, más que de playa larga hablamos de sucesión de playas pegadas: A Ladeira, Ferreira, A Lagoa, O Vilar e Anguieiro. El paseo por la orilla del mar es de unos 4 km. De espaldas al mar, hay barras de dunas que darían para un desierto y, después, la laguna de Carregal, de agua salada, y la de Vixián, de agua dulce. Un ecosistema muy completo. ¡El espectáculo está servido!

Más recogida queda la playa de Barraña, que es la playa urbana de Boiro, de 2,5 km. Al estar protegida por la ría las aguas son muy tranquilas. El arenal, en suave pendiente, se extiende desde Barraña-Saltiño hasta el estuario del río Coroño. Tenemos un paseo marítimo, por si nos cansamos de caminar por la arena, y la ciudad detrás.

Y terminamos en las Rías Baixas, con la playa de A Lanzada, que se prolonga en más de 2 km de arenal a mar abierto, en el istmo de O Bao, que une O Grove y Sanxenxo. Como no, también tiene dunas y humedales con título: Complejo del Espacio Intermareal Umia-O Grove. Podemos seguir el paseo hasta la capilla de A Lanzada o los yacimientos de la zona, con una necrópolis del siglo IV a. C. Si paseamos con la tabla también podemos hacer algo de surf, que es mar abierto.

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