Recuerdos de otros tiempos en el puente y el monasterio de San Clodio

“El monasterio de San Clodio del Ribeiro, en Leiro (Ourense), es uno de los monumentos más representativos de la arquitectura cisterciense en Galicia. De origen benedictino, en el siglo XII cambia esta regla por la del Císter y a partir de este momento comienza el auge y la importancia de San Clodio, convirtiéndose en el principal centro religioso, intelectual y agrícola del Ribeiro. (…) Otro importante elemento ligado al monasterio de San Clodio es el puente medieval que salva el río Avia. dando paso a la calzada que unía el Monasterio con la capital del Ribeiro: Ribadavia. Se trata de un hermoso puente de tres arcos que permanece íntegro desde el siglo XV y es uno de los pocos ejemplares que se conservan en España”. Así recogía el Boletín Oficial del Estado hace 40 años la declaración a propuesta de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando como monumento histórico-artístico de carácter nacional (confirmando una declaración previa de 1931) de estos dos espectaculares monumentos situados en las tierras de la comarca de O Ribeiro.

Cuatro décadas después de ese reconocimiento, el monasterio y el puente siguen siendo dos de los principales reclamos y atractivos turísticos del municipio ourensano de Leiro, y constituyen un recuerdo en piedra de varios siglos de historia. Los orígenes del cenobio se remontan al primer milenio y al desarrollo agrícola que por aquel entonces ya experimentaba la zona. Resulta imposible precisar la fecha exacta de su creación y aunque el primer documento en el que se hace referencia al monasterio data del año 928, los expertos apuntan a que podría haber sido fundado tres o cuatro siglos antes.

Sus moradores jugaron un papel fundamental en el desarrollo de industria vitivinícola en todo el municipio, por lo que el monasterio está considerado como una de las cunas del vino del Ribeiro. De hecho, la Cruz de Caravaca que se puede ver en su fachada ha sido objeto de veneración por parte de los habitantes de la zona durante siglos como símbolo de protección de los viñedos frente a las inclemencias meteorológicas.

Los monjes de San Clodio llegaron a ostentar un gran poder, especialmente a partir de su incorporación a la orden del Císter. La desamortización de Mendizábal puso fin a esa etapa en el siglo XIX y algunos espacios del recinto pasaron a ser destinados a diversos usos civiles, como dependencias del ayuntamiento, una escuela, e incluso, prisión municipal. Pero el paulatino deterioro fue haciendo mella en el conjunto y llegó a poner en peligro su integridad ya bien avanzado el siglo pasado. Su reconocimiento como monumento nacional en 1981 fue el primer paso para una recuperación que se comenzó a gestar en los años 90 y que tras un importante proyecto autonómico de restauración permitió su reapertura hace ya dos décadas como hotel balneario de cuatro estrellas. 

Sus dos claustros (de los siglos XVI y XVIII) sirven hoy en día de espacio para bodas, banquetes y otras celebraciones, pero el recuerdo de sus antiguos moradores sigue presente en el lugar. El indudable valor artístico del conjunto es especialmente visible en su iglesia anexa, dedicada a Santa María y construida durante la primera mitad del siglo XIII. El templo conserva intacto su estilo original con pocas modificaciones, aunque sí destaca la torre del campanario añadida posteriormente y el cerramiento parcial del enorme rosetón que preside la fachada. También se sustituyó, en el siglo XVI, la cubierta de madera original por bóvedas estrelladas. Tres bellos ábsides forman la cabecera de esta iglesia en cuyo interior se guardan algunas de las imágenes que en etapas anteriores se podían ver en el monasterio. 

A un kilómetro del monasterio y sobre las aguas del río Avia se alza el puente que comparte con el cenobio la consideración de monumento nacional. Fue construido durante los últimos años del siglo XV, sometido a una importante reparación en el primer tercio del XVIII y dispone de un cruceiro en su parte central que, según algunos estudiosos, fue añadido en el siglo XIX. Su estructura de más de 80 metros de longitud formada por tres grandes arcos (el central alcanza los 19 metros de luz) ha permitido a monjes, vecinos y viajeros cruzar de un lado a otro del río durante más de medio milenio. Y esa importante función propició también que en el año 1809, durante la Guerra de la Independencia, se convirtiese en escenario de importantes enfrentamientos entre los bandos contendientes.

En la actualidad, lejanos ya esos tiempos convulsos, el puente de San Clodio nos invita a pisar sus piedras centenarias para disfrutar de una bella panorámica del río con la que completar la visita a su monacal e ilustre vecino.

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.