Las huellas de Pardo Bazán en Galicia

A punto está de terminar el año del centenario de la muerte de Emilia Pardo Bazán. Refrescando la vida y la obra de la escritora, proponemos un repaso por los lugares más significativos para ella.

Empezando por el principio, doña Emilia nació en A Coruña, en 1851. Allí vivió en la calle Tabernas número 11, al lado del Jardín de San Carlos, con vistas al mar. Hoy en día el edificio es, desde 1978, su Casa-Museo y la sede de la Real Academia Galega. Aquí comenzó su amor por la lectura, en la nutrida biblioteca de su padre, así como su andadura literaria, pues a los nueve años escribía los primeros versos y a los quince su primer cuento. Más adelante, esta casa también sería lugar de reuniones culturales y literarias, y fiestas y homenajes, como la que se le dio a Unamuno en 1903.

Gran parte de su obra está ambientada en A Coruña, literariamente Marineda. Este trasunto aparece por primera vez en su novela La Tribuna, considerada la primera novela social del proletariado fabril femenino, de 1881, que refleja la injusticia social en la Fábrica de Tabacos. Lo mismo que Marineda corresponde a Coruña, las calles que aparecen con nombres inventados en muchos cuentos, corresponden a calles reales de la ciudad.

Al ser hija única de una familia muy acomodada, fue heredera de bastantes posesiones por Galicia adelante: en muchos municipios de la provincia de A Coruña, en el de Viveiro, en Lugo, y en la provincia de Pontevedra (Sanxenxo, O Grove, Poio).

Los inviernos los pasó en Madrid hasta los doce años, por la actividad política del padre. Los veranos de la infancia y la juventud transcurrían en la Torre de Miraflores, en Sanxenxo, o en el Pazo de Meirás, en Sada. El Sanxenxo literario se convirtió en Portodor: “la comarca más pintoresca que soñarse puede”.

El pazo de Meirás, construído en el siglo XIX sobre las ruinas de otro edificio, al estilo romántico, tiene dos torres. En la más conocida, la torre mayor, a la que llamaba Torre de la Quimera, tenía ella su biblioteca. De hecho, su novela más autobiográfica es La Quimera, y está ambientada allí. Fue en ese pazo donde celebró su boda con José Quiroga Pérez de Deza, en 1868.

Que su marido fuese de O Carballiño, determinó para doña Emilia su apego a la zona, pues los Quiroga, familia hidalga, tenían casa en la Plaza Mayor y varias posesiones en O Carballiño, en O Irixo, en Banga y en Cimadevilla. Pasaban largas temporadas en la Casona de Catasós, en Lalín, en las fragas inspiradoras de Los pazos de Ulloa. También solían acudir al pazo de Banga por la vendimia. Por cierto, otra novela suya, El cisne de Vilamorta, está ambientada en O Carballiño y en el Pazo de Banga.

Después de la boda, vivieron en Santiago una temporada y, cuando el padre fue elegido diputado por las cortes, marcharon a Madrid, donde doña Emilia ya se metió de lleno en el mundo literario. Cuando su padre se desencantó de la política, dejaron la capital y aprovecharon para viajar por toda Europa.

El Castillo de Santa Cruz, en Oleiros, A Coruña, también fue lugar de veraneo. Después de la separación de la escritora, sería la residencia de su ex marido, mientras ella vivía entre Meirás y Madrid, principalmente.

La provincia de Pontevedra, “el País de las Rías”, también acogió a la escritora. Además del Miraflores de la infancia, uno de los destinos recurrentes en su madurez fue el Balneario de Mondariz. Con el motivo inicial de curar una afección hepática, se convirtió en su residencia de verano entre 1887 y 1920. Según ella, “Mondariz cura los estragos del pensamiento y los males de la civilización”. Además de acudir la flor y nata de Galicia y Portugal, el balneario era un hervidero de intelectuales y librepensadores,  y de encuentros amorosos, claro. También se dejaba caer por el Balneario de A Toxa, donde incluso fundó el hospital de pobres.  

Podemos decir que Emilia Pardo Bazán, esta gallega universal, viajera, literata, gastrónoma y doscientos etcéteras, se dejó notar allí por donde pasó. Si hacemos un recuento de las estatuas dedicadas en Galicia a su figura, las vemos diseminadas por muchos lugares en los que estuvo. Lo mismo que ella llevó esos lugares a su obra. Murió en Madrid, el 12 de mayo de 1921.

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