Ruta por las esculturas en Ourense

La ciudad de Ourense, tan artística ella, tiene debilidad por la escultura. Una manera de conocer bien la ciudad es hacer un recorrido por las obras más destacadas, que nos dicen mucho de su historia y su carácter.

La primera de todas, la más antigua, que hizo de Ourense una ciudad de su tiempo, es la dedicada al Padre Feijoo, de 1887. Fue realizada para conmemorar el bicentenario de su nacimiento, aunque su inauguración, con los líos de encargos y recaudaciones, se retrasaría un poco. La hizo Juan Soler y Dalmau, sobre un pedestal del arquitecto Zabala. La estatua motivó el acondicionamiento de los jardines en los que está, así como su nombre: Jardines del Padre Feijoo. La figura, de bronce, representa al intelectual con una pluma en la mano derecha y el Teatro crítico universal en la izquierda. Como era la primera escultura urbana en la ciudad, la inauguración fue por todo lo alto. Hubo fiesta durante toda la semana, con certamen literario incluido, presidido por Pardo Bazán, debut del Orfeón Unión Ourensá, baile de gala… Todo un acontecimiento en el Ourense de la época.

Al lado de los jardines hay una escultura mucho más reciente, de 2002, también en bronce sobre pedestal de granito. Es O Mouchiño o Monumento a los héroes del cómic, de Xaime Quessada: un fauno tocando el aulos a lomos de un búho con las alas extendidas. En el suelo, pequeñas placas con los nombres de cromos y cómics que alimentaron la imaginación de la generación de la posguerra. Por aquella época, la infancia ourensana, entre ellos el propio Quessada, se reunía justo en este lugar para intercambiar sus tesoros.

La segunda estatua más antigua de la ciudad, después de la de Feijoo, es la realizada en honor de Concepción Arenal. Es obra de Aniceto Marinas, y fue inaugurada en los jardines de la Alameda en 1898. Presenta a la homenajeada de pie, con un sencillo vestido y un manto, sosteniendo una pluma y unos pliegos de papel, como descansando de la escritura. En la base, símbolos de su obra: cadenas y libros. En este caso, la inauguración no fue tan pomposa como la del Padre Feijoo, debido a la crisis de la época. Originalmente estaba ubicada en la parte alta de la Alameda, en la plaza del Obispo Cesáreo, pero en 1969 la trasladaron enfrente de los antiguos juzgados, en medio del tráfico, y de una gran polémica, por cierto. Lo peor de todo fue que con el traslado desapareció el pedestal de granito y mármol diseñado por Parada Justel, que no tiene nada que ver con su sustituto.

Dos obras de Luis Borrajo trajeron un aire nuevo a la ciudad. Una es la Casa da Nube, encargada por Pepe Casabella para su remodelación de As Burgas en 1989. Es una obra en acero cortén, constructivista, que encaja muy bien en aquel espacio, de aguas calientes y vapores. Según el autor, simboliza la unión del viejo y el nuevo Ourense. La otra escultura suya es Muller espida, de 2002, que está en la Alameda. Es una de las escasas obras figurativas de Borrajo, que representa una mujer desnuda de bronce tumbada sobre una base baja de piedra, como si estuviera en una toalla en la playa, muy cercana a la gente.

Y para cercanas, las esculturas que se mezclan entre los viandantes, a escala real. Un momento, ¿estamos en el siglo XXI o en el XIX? ¿Qué hace aquí esa lechera, vendiendo leche en la capital? Pues, cuando vemos que es dura y de bronce toda ella, nos damos cuenta de que se trata de A Leiteira de Ramón Conde, de 1999. El propio escultor eligió dónde colocarla, en el cruce entre las calles del Paseo y la del Arquitecto Alejandro Outeiriño Rodríguez, por los efectos de la luz y la concurrencia de gente en la zona.

El mismo autor tiene otro grupo escultórico posado en el suelo, Coleman e Reverter, de 2010, un homenaje a los artífices del Rally de Ourense. Aparecen sentados en el morro del famoso Alpinche (Renault Alpine tuneado con motor Porsche) con el que compitieron muchas veces. Está en el Parque de San Lázaro, frente a la Subdelegación del Gobierno. Por cierto, en una de las entradas del parque tenemos un gran Anxo de Asorey, de 1951.

Y seguimos caminando entre la gente y las estatuas. Ojo con despistarse, no vayamos a chocar con O Carrabouxo, que va ensimismado leyendo el periódico. Bien pensado, es difícil tropezar, ya que es bastante alto y lleva un jersey amarillo que se ve de lejos. La obra, hecha por César Lombera en 2002, homenajea al personaje de Xosé Lois, que da su visión retranqueira del mundo en el diario local desde 1982. Un símbolo ourensano cien por cien.

Otro símbolo de Ourense, la ciudad de los magostos, es la castaña. Con A Castañeira, instalada en la calle Curros Enríquez en 2001, Xosé Cid hace un homenaje a aquellas mujeres que vendían castañas en la calle, antes de la época de las locomotoras. En la pieza, en bronce sobre una pequeña base circular de piedra, vemos una anciana vendedora con el cucurucho, unas castañas en un cesto, otras en el bidón y un taburete. Mmm… qué bien huelen…

Y no podemos despedirnos de Ourense sin pasar por el Miño. En 2002, en la glorieta de Os Remedios, al lado del puente del Milenio, se instaló Nexus-6, escultura en granito de Xosé Lois Carrera. Es un torso masculino saliendo con esfuerzo de unos bloques de piedra, como naciendo o despegándose de ellos, despertando. El título hace referencia a los androides tan listos de la novela de Philip K. Dick, llamados “replicantes” en la película Blade Runner.

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