Ríos gallegos llenos de aventura

Hablar de río y de aventura es hablar de… ¡rafting! El trepidante descenso de las aguas bravas de los ríos. No de cualquier manera, claro, pues necesitamos, en primer lugar. un raft, que es una balsa neumática, remos, el equipo personal (casco, chaleco salvavidas, traje de neopreno, zapatillas) y ganas de emociones fuertes. La lancha es llevada por un grupo de entre cuatro y ocho personas, sentadas en el borde y sujetas por los pies. Así van sorteando rocas, olas, desniveles… en una lucha frenética en medio de la naturaleza muy divertida. También hay embarcaciones más pequeñas, para almas solitarias o parejas: los canoa-raft.

Si preferimos un contacto más directo con el agua, tenemos el hidrospeed o hidrotrineo. Se practica con una tabla de poliuretano en la que tenemos que tumbarnos hacia abajo, agarrándonos a ella con las manos, como si estuviéramos en una tabla de bodyboard. Además de casco, chaleco y traje, se llevan aletas en vez de remos. Los culos de mal asiento se decantan por el sup paddle, buscando el equilibrio de pie en la tabla. Para aventuras más tranquilas, aunque también se usan en descensos veloces, lo mejor son los kayaks y las piraguas.

Por otro lado, hay actividades para valientes ligadas a los ríos sin tener que embarcar, como el barranquismo, el descenso de los cañones, entre cascadas y rocas, con trechos a nado. En este caso, el río no tiene que ser especialmente caudaloso, cuentan más las paredes (hay buenos sitios en el Cerves, el Xallas o el Verdugo, por ejemplo). En el caso del puenting, la caída libre desde un puente colgando de un elástico por los pies, lo importante es la altura del puente y el paisaje (como en Freiras, Os Peares, o Ponte de Sinde, por ejemplo).

Pero, además de las ganas de acción, lo que necesitamos para disfrutar al máximo de la experiencia es un río con agua asegurada y variedad de accidentes que sortear: rápidos, cascadas, rocas… Y, para eso, hay que buscar los tramos más adecuados.

En Galicia, los ríos más aventureros son el Ulla, el Miño y el Sil. El Deza, el Lérez y el Tambre, también lo son, pero dependen de las lluvias para alcanzar un caudal consistente, por lo que no siempre son practicables.

El Ulla nace en Olveda, en Antas de Ulla, y desemboca en la ría de Arousa. El mejor tramo para la aventura está hacia el final, a la altura de Padrón, entre Sinde y Herbón, abarcando unos 7 km. Este descenso, que se puede hacer durante todo el año porque el río lleva agua de sobras, es muy indicado para principiantes, con muchas olas, rápidos, pero no excesivos riesgos, en una zona donde con suerte hasta podemos encontrarnos alguna lamprea o salmón. 

El Deza es un pequeño afluente del Ulla. Nace en los montes de O Testeiro, en As Antas, y desemboca en el Ulla. El mejor tramo dura unos 8 km, en los municipios de Vila de Cruces y Silleda. Las condiciones del lecho, con muchas rocas y estrecheces, lo hacen idóneo para gente experimentada, de un nivel avanzado. Se puede decir que es el río más exigente pero, para contar con suficiente agua, mejor evitar el verano.

El río Lérez también es pequeño. Nace en el monte de San Bieito, en Forcarei, y desemboca en la ría de Pontevedra. En el municipio de Cotobade discurre un buen tramo para disfrutar en la lancha, de dificultad media. Eso sí, si ha llovido antes, mejor. La temporada ideal es entre diciembre y marzo.

En Sobrado nace el río Tambre, que desemboca en la ría de Muros e Noia. El tramo más famoso para la aventura cae cerca de Santiago, en la zona del Val do Dubra. Es un descenso muy concurrido de dificultad baja. Y, como tampoco anda sobrado de agua, mejor ir en invierno.

El afluente más famoso del Miño es el Sil, que incluso tiene un caudal más amplio. Nace en la peña Orniz, en la provincia de León, y se junta con el Miño a la altura de Os Peares, en la Ribeira Sacra, moldeando los Cañones del Sil. En su entrada en Galicia, en la zona de O Barco de Valdeorras, hay un tramo de unos 10 km perfecto para un rafting de nivel de dificultad medio bajo.

Y por último, el patriarca de todos los ríos gallegos: el Miño. Nace en O Pedregal de Irimia, en Meira,  y cruza en diagonal hasta llegar al mar entre A Guarda y Caminha, pues parte del recorrido lo comparte con Portugal. La zona ideal para poner el casco es la de Arbo, donde el embalse de Frieira asegura un buen caudal. Por cierto, que es otra zona de lampreas, acaso ellas también sean aventureras…  Hacia el norte hay un tramo, cerca de Lugo, más tranquilo. Y, si queremos emociones fuertes por los aires, sin mojarnos si todo va bien, hasta podemos hacer puenting desde el Puente Internacional. ¡Ánimo, valientes!

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