Recorrido por las antiguas capitales del Reino de Galicia

La Galicia que conocemos hoy tiene cuatro provincias. Pero, haciendo un poco de historia, en el Reino de Galicia, el primero de Europa, tuvimos siete provincias con sus respectivas capitales hasta hace bien poco (1833). ¿Qué tal si hacemos un zoom y damos una vuelta por ellas? Comencemos por las que ya no son capitales.

Betanzos. Es el núcleo de una extensa comarca, rica en viñas y productos de la huerta. Dan cuenta de ello los mercados semanales y las ferias tradicionales del 1 y 16 de cada mes.

En el casco histórico es de visita obligada la iglesia de San Francisco, donde está el sepulcro, sostenido por un oso y un jabalí, de Fernán Pérez de Andrade «O Boo». Allí también están la iglesia de Santa María de Azogue, la de Santiago, la Plaza de la Constitución, la Casa Consistorial, los Pazos de Bendaña y Landós, o la Ponte Vella sobre el Mandeo.

En el siglo XX los hermanos García Naveira, a la vuelta de hacer las américas, impulsaron el crecimiento de la ciudad; de hecho, la plaza central y numerosas instituciones llevan sus nombres. También levantaron el Jardín del Pasatiempo, curioso parque temático de época.

Por San Roque, podemos asistir al lanzamiento del globo de Betanzos o a la jira de Os Caneiros por el Mandeo. Y por supuesto, hay que probar la tortilla de Betanzos.

Mondoñedo. Como decía Cunqueiro, Mondoñedo «es rica en pan, en aguas y en latín». El latín viene de la importancia eclesiástica: Real Santuario de los Remedios, iglesia de Santiago, el seminario… y la catedral, claro. La llaman «arrodillada», pues cuando llegamos a ella da la sensación de que le falta altura. Las tierras de Mondoñedo también son conocidas como «Terras da Paula», que alcanzan hasta donde puede escucharse la «paula», la campana más grande de la catedral.

Una zona pintoresca es el Barrio dos Muíños (molinos), a orillas del río Valiñadares. Ahora muchos son talleres artesanales, algunos abiertos al público. El río puede cruzarse por el Puente del Pasatiempo, donde había estado retenida Isabel de Castro con el indulto de su marido Pardo de Cela, sin poder evitar la muerte del mariscal y de su hijo.

El entorno es rico en castros, petroglifos, cascadas y hasta cuevas, como la del Rey Cintolo.

Ah, y tenemos que probar la tarta de Mondoñedo, inventada por el famoso Rey de las Tartas, según él a partir de una receta medieval.

Tui. Su situación fronteriza y la proximidad de las vías marítimas y fluviales, además de hacerla blanco de invasiones, también le dio un carácter especial. Por eso hay tantas murallas y patrimonio de orígenes diversos, como el judío (incluso hay una «ruta judía»).

En la ciudad monumental destaca la catedral, que tiene la primera portada gótica de toda la península y el mayor claustro medieval conservado de toda Galicia. Al ser sede episcopal, iglesias no faltan: la de San Telmo (ejemplo del barroco portugués), la capilla de la Misericordia, la de San Francisco, el convento de las Clarisas (famosas por los riquísimos peces de almendra)…

Tui es puerta de entrada del camino portugués en Galicia. A Portugal está unida por dos puentes, que cruzan a Valença do Minho, con la que forma una eurocidad desde 2012. 

Y no nos perdamos el paseo fluvial y una caminata por el monte Aloia, el primer lugar declarado Parque Natural en Galicia .

Lugo. Es la ciudad más antigua de Galicia, y conserva muchos restos de su pasado. El más importante, la muralla, del siglo III, la única romana conservada íntegra de todo el mundo. Tiene la ventaja de que podemos pasear por encima de ella. Dentro queda el casco viejo, con la Plaza Mayor, el Museo Provincial, la Casa do Concello, la catedral de Santa María… 

En la Edad Media fue centro de peregrinación, ya que la catedral exponía, todavía hoy, una hostia consagrada las veinticuatro horas del día (aparece en el escudo de la ciudad y en el del reino). En 1669 se constituye la ofrenda del reino de Galicia. Aún se celebra y, cada año, las antiguas capitales participan en la Ofrenda del Antiguo Reino de Galicia al Santísimo Sacramento.

Fuera del centro, podemos caminar por la orilla del río, donde están las aguas termales y el puente romano que se cruzaba de camino a Braga.

Ourense. También conocida como la Ciudad de las Burgas. Estas, con el Santo Cristo y la Ponte Vella, son los símbolos de la ciudad. Por cierto, que tiene siete puentes más.

Paseando por el casco viejo vemos la catedral de San Martiño, con su Pórtico del Paraíso, que conserva la policromía original; la iglesia de la Trinidad; los conventos de San Francisco y de Santa Eufemia; la capilla de San Cosme y San Damián, el Museo Arqueológico… y plazas con mucho ambiente, como la plaza Mayor, la de la Magdalena o la de O Ferro.

Por la margen derecha del Miño podemos hacer el paseo termal, donde van apareciendo termas para todos los cuerpos (¡con temperaturas desde 41 a 72 grados!).

A Coruña. En esta península en pleno Atlántico, vayamos por un lado u otro siempre nos encontramos con el mar. Bien se ve caminando por el paseo marítimo.

Desde la Torre de Hércules, el único faro romano conservado en pie, tenemos una panorámica de la ciudad y de las rías de Ares, Sada y Ferrol, hasta Malpica y As Sisargas. Dicen que con buena vista hasta se vislumbra Irlanda. Otro mirador es el del Monte de San Pedro, donde, además de imaginar Irlanda, podemos llegar a ver el Cabo Prioriño y el Prior.

Entre las paradas obligadas están la Praza de María Pita, la Ciudad Vieja, la Marina con las galerías o el castillo de San Antón. 

De un tiempo a esta parte también es ciudad de museos científicos (Aquarium, Casa de las Ciencias, Domus). Y tiene variada oferta de ocio y cultura.

Santiago. Y dejamos para el final la que hoy es capital de Galicia. Aquí termina el camino. Aquí se dirigen todas las flechas amarillas. Precisamente en el centro de la plaza del Obradoiro está el Km 0 de todos los caminos a Santiago. La plaza está rodeada de edificios monumentales además de la catedral, como el pazo de Xelmírez, el de Rajoy, el Hostal de los Reyes Católicos, el rectorado.

Fuera de la plaza, la ciudad sigue monumento tras monumento: San Martiño Pinario, Casa da Parra, Praza da Quintana… Además, se mezclan en zonas llenas de ambiente, como la rúa do Franco o rúa do Villar.

Tenemos buenas vistas desde la Herradura, el Campus Sur, Belvís, Bonaval, o incluso desde los tejados de la catedral. Más lejos, en el Monte Pedroso o en el Gaiás. Y, para más paseo, una caminata por la orilla del Sar o del Sarela.

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