Los miradores más espectaculares de Galicia

No hace falta escalar montañas altísimas para dejarnos llevar por la emoción del paisaje. En Galicia tenemos muchas ventanas a la contemplación, lugares de esos en los que nos sentimos trascendentales y a la vez parte de la naturaleza. Y donde parece que los mapas se hacen realidad.

Hay muchos miradores y, aunque los más conocidos sean los que dan al mar, en las montañas del interior también podemos disfrutar de vistas increíbles.

En cuanto a la costa, si empezamos por el Cantábrico, en la ría de Viveiro se dispara hacia el mar la Punta Socastro. Tal vez la conozcamos por un nombre menos fino: O Fuciño do Porco (el morro del cerdo). Por este saliente entre las playas de Abrela y San Román. discurre una pasarela por los acantilados que nos lleva mar adentro. Para situarnos, al este vemos el islote de A Gaveira, el Monte Faro y la playa de Area y la ensenada de Esteiro, en Xove; hacia el oeste, la ensenada de A Pereira y la Isla Coelleira y, hacia el norte, el mar abierto.

El mirador de Cabo Ortegal, ante las rocas más antiguas de la tierra, también es impresionante. Está en el municipio de Cariño, y delimita la ría de Ortigueira. Desde el mirador, en el propio faro, vemos de frente los islotes de Os Aguillóns; al este, Estaca de Bares; al oeste, la Punta de Limo y Vixía Herbeira. Además de la impresión de las vistas, sobrecoge saber que estas rocas de granito negro se formaron a partir de magma en las tripas de la tierra hace millones de años. Por cierto, también es un buen lugar para la ornitología.

Muy cerca de allí, a menos de 15 km, podemos disfrutar de las vistas desde los acantilados más altos de Europa en el mirador de Vixía Herbeira, antiguo emplazamiento de vigilancia costera. Desde allí, si miramos hacia la izquierda (el sur) vemos Punta Tarroiba y Punta Balteira; Cedeira y parte de su ría y, los días despejados, Punta Frouxeira, Cabo Prior y las Sisargas. Y, a la derecha (el norte), las puntas de Cadro y de O Limo y, al pie del acantilado, las islas Gabeiras. Aquí un día de viento hay que agarrarse a algo, no vayamos a salir volando.

En el municipio de Dumbría, en la comarca de Fisterra, hay un puerto de montaña, frcuentado por ciclistas esforzados, con vistas de las buenas, también. Se trata del mirador de Ézaro. Desde lo alto, podemos contemplar la punta del Cabo Fisterra, las islas Lobeiras, la desembocadura del río Ézaro, el monte Pindo (el «Olimpo Celta») y el embalse de Santa Uxía, casi nada.

En A Guarda, en la provincia de Pontevedra, se levanta el monte de Santa Trega. Todo él tiene puntos desde los que contemplar el paisaje, pero podemos subir al más elevado: O Pico de San Francisco. Se llama así porque está orientado hacia el islote de A Ínsua, donde vivían monjes franciscanos. En lo alto, vemos la desembocadura del Miño, Portugal, el valle de O Rosal y el mar, claro. En la ascensión disfrutamos de las vistas de la citania de Santa Trega, uno de los ejemplos de cultura castreña-romana más importante de Galicia.

Otro pico de altura es el monte Picudo. En lo alto está el llamado mirador Pico da Muralla, en la confluencia de los concellos de Lousame y Rianxo. Aquí, gracias a una reciente plataforma de madera que nos eleva sobre el aire, disfrutamos de una panorámica perfecta sobre la ría de Arousa, la de Muros, la de Noia, Santiago de Compostela y, en un día soleado, hasta las islas Cíes.

Si tiramos hacia el interior, ya no tenemos la inmensidad del océano, aunque también haya agua, pero ahí están las montañas y los cielos, otra inmensidad. Pena Trevinca, en el municipio de A Veiga, en la comarca de Valdeorras, es el punto más alto de Galicia (¡2.127 m!). Al tener tanta altura, también tiene miradores dispersos por el recorrido. Algunos de ellos, como O Rañadoiro o As Tablillas, son destino astroturístico, ideales para contemplar el paisaje celeste.

La Ribeira Sacra tiene miradores para dar y tomar. Uno de los más concurridos es el mirador de Os Torgás, popularmente conocido como los Balcones de Madrid, desde donde cruzaban el río los que iban a trabajar a Madrid, generalmente de barquilleros. En la otra orilla, desde Monforte, tomaban el tren a la capital. Las barandillas dispuestas para no caer abajo parecen balcones. Se encuentra en Parada de Sil, en Ourense, en el camino que va de Parada hasta el monasterio de Santa Cristina de Ribas de Sil. Según lo despejado que esté el tiempo, podemos ver el Santuario de Nosa Señora de Cadeiras y Monforte de Lemos, además de los vertiginosos cañones y bancales del Sil, claro.

Y para terminar, ¿qué tal un poco de relax con vistas inmejorables? En la isla de Monteagudo, en el archipiélago de las Cíes, podemos subir al Alto do Príncipe y descansar del senderismo en la Cadeira da Raíña (Silla de la Reina). Desde el trono, vistas a la playa de Rodas, la isla de O Faro y al Atlántico. Eso sí, mullida no es, pues es diseño del viento en plena roca.

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