Las diez mejores rutas para realizar este otoño en Galicia

El otoño gallego nos trae a la mente los magostos, las setas, las calabazas, los membrillos, los vinos… Y, no va a ser todo comer y beber, también nos hace pensar en los ocres y rojos de los bosques, en el crujir de las hojas secas, en el Samaín, en el San Martiño, en el día de difuntos… El tiempo pasa volando, pero aún tenemos hasta el 21 de diciembre para disfrutar de la estación.

Hay que aprovechar y hacer alguna ruta especialmente indicada para estas fechas. Aunque es muy difícil escoger, vamos a proponer diez.

Por ejemplo, podemos hacer la ruta de los monasterios en la Ribeira Sacra, que ahora, entre los árboles medio desnudos y el suelo lleno de hojas, están en un momento particularmente misterioso y romántico. Hay tantos, que no llega un día para visitarlos. Unos caen en la provincia de Ourense y otros en la de Lugo. Aquí mostramos una relación de ellos:

Por un lado, tenemos los monasterios del interior de la Ribeira Sacra: el de San Pedro de Rocas, que está construido sobre una roca y acoge el Centro de Interpretación de la Ribeira Sacra; el de Santa María de Xunqueira de Espadanedo, en el mismo pueblo; el de Santa María de Montederramo, también en el pueblo; el de San Vicente do Pino, en Monforte. Por otro lado, están los monasterios de las riberas del Sil: San Salvador de Ferreira de Pantón, hoy en día todavía habitado; Santo Estevo de Ribas de Sil, tal vez el más monumental; Santa Cristina de Ribas de Sil, en pleno castañal en la ladera de la ribera; San Paio, que está en ruinas pero se puede visitar. Por el camino encontramos los miradores de Soutochao, las Penas de Matacás y el de Cabezoás.

Otro lugar muy especial en otoño es Os Ancares, en el este de la provincia de Lugo. Internarnos en la comarca todavía sin el frío crudo y la nieve del invierno, con un colorido que no parece real, es como si nos metiéramos en un cuadro. Podemos visitar Becerreá, Cervantes, el castillo de Doiros, O Piornedo. Y, además de la riqueza paisajística, contamos con la riqueza etnográfica (pallozas, capillas, castillos, puentes, castros, «cortíns…»).

Lindando con Os Ancares hacia el oeste, nos encontramos con la Serra do Courel. Allí podemos recorrer la ruta de la Devesa da Rogueira, en Folgoso, el mayor bosque de la sierra, con una diversidad enorme de especies autóctonas. Es un lugar estupendo para coger setas. (Por cierto, si nos cruzamos con un oso, se recomienda no moverse mucho). Si además queremos degustar unas buenas castañas de la zona, mejor hacer coincidir nuestra visita con la Festa da Castaña do Courel (a primeros de noviembre) o con la Festa da Pisa da Castaña (a primeros de diciembre). 

Bueno, no todo va a ser castaña, ¿qué tal un poco de agua? Pues en marcha, vamos a la ruta del agua de Guitiriz. Esta abarca un recorrido a la orilla de los ríos Parga y Ladra, desde el puente de Santo Alberte hasta la Carballeira de Pardiñas. Además de los molinos, iglesias, paseos por Parga… la ruta une tres fuentes de aguas curativas: Valdobín, San Xoán de Lagostelle y Santo Domingo.

Otra opción es dirigirnos hacia el sur, concretamente al suroeste de Ourense y haciendo frontera con Portugal, y dar una vuelta por el Xurés. Aparte del consabido valor paisajístico y etnográfico, contamos con el valor arqueológico, pues aquí, en el parque natural de Baixa Limia – Serra do Xurés, tenemos el Aquis Querquennis, vestigio de campamento romano y mansión-viaria, en la parroquia de Os Baños, en Bande, atravesada por la vía romana que unía Astorga y Braga.

En la provincia de Pontevedra, a las afueras de Lalín, podemos ir con el cesto a coger setas y castañas entre los castaños más altos de Europa (¡de hasta 30 metros de altura!) si nos acercamos a la Fraga de Catasós, también conocida como el Souto de Quiroga. Gracias a estos castaños monumentales, de hecho, el bosque fue catalogado Monumento Natural en el año 2000.

La Serra da Capelada es otra zona típica de ir a buscar setas; aquí, entre pinos. Por la costa de Cedeira, Cariño y Ortigueira tenemos vistas increíbles desde el Chao do Monte, Santo André de Teixido, Vixía da Herbeira o Cabo Ortegal. Puede que el otoño nos enfrente al infinito de una manera especial.

Otra ruta que siempre se dice que hay que hacer en esta estación es la de las Fragas do Eume. Además de la belleza del paisaje a las orillas del río, se levantan entre los árboles como en un sueño los monasterios de origen medieval de San Xoán de Caaveiro y el de Santa María de Monfero, este último con una hermosa y original fachada barroca.

También podemos aprovechar estas fechas para hacer la Ruta da Pedra e da Auga, en las Rías Baixas, de manera más tranquila, sin masificaciones. Lo de pedra viene por los molinos que encontramos en el camino y, lo de auga, porque el recorrido sigue la orilla del río Armenteira. Acaba en el monasterio de Santa María de Armenteira, en Meis. Allí vive una comunidad de religiosas de la orden del Císter. También cuenta con hospedería.

Para terminar, una vuelta por una zona que en otoño está más tranquila para disfrutarla con calma. Se trata de la Mariña lucense. Por ejemplo, en el interior, podemos parar en Mondoñedo, que empieza el otoño con las fiestas de San Lucas, y visitar la catedral y la iglesia de San Martiño (la antigua catedral); en Vilanova de Lourenzá, donde ya se pueden tomar habas de temporada, el monasterio de San Salvador; en O Valadouro, subir a la Frouxeira y al Castillo del Mariscal Pardo de Cela. Por otro lado, es la época perfecta para disfrutar de muchos lugares de la costa que en verano están a tope o tienen el acceso restringido, como O Fociño do Porco, en O Vicedo, o la playa de As Catedrais en Ribadeo.

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