Galicia, destino termal

¿Qué tal un buen baño? ¿No es verano? ¿Y qué más da? Tenemos aguas a temperaturas muy agradables en cualquier época del año. Y, sobre todo, de calidad superior, con propiedades muy saludables. Así que venga, bañador, chanclas, toalla y… en marcha: ¡destino termal!

Para localizar aguas termales (aguas minerales calientes), hay pistas que nunca fallan: el paso de un buen río; el paso de los romanos, grandes aficionados a los baños; y la toponimia del lugar (cuántos sitios hay que se llaman Caldas, Caldelas, Baños, Burgas…). Conclusión: aquí hay mucho de eso, luego muchas termas también. Tantas, que Galicia es una de las zonas con más recursos termales de toda Europa.

Además de las termas al aire libre, ya sean públicas o privadas, podemos disfrutar de los beneficios de estas aguas a través de fuentes, donde hacer curas hidropínicas (o sea, beber agua); y de los balnearios, estaciones termales que ofrecen tratamientos bajo supervisión médica. De un tiempo a esta parte se fueron extendiendo los spas, donde se ofrecen hidroterapias con agua no medicinal calentada artificialmente, y los talasos, en los que el agua proviene del mar.

La reina de las termas es Ourense, con más de 70 surgencias catalogadas. Baste decir que la capital es conocida como A cidade das Burgas (la ciudad de las burgas). En el mismo centro urbano, de estos manantiales brota el agua a más de 60 grados. A su lado hay una piscina termal pública y los restos de una balnea (baños romanos).

En la misma ciudad, si caminamos a la orilla del río, pasado el puente del Milenio, y damos una vuelta por el Paseo Termal del Miño, vemos algo único. ¿Cómo es posible? ¿Dónde se ha visto tanta terma en 5 km de caminata? ¡Y casi todas públicas y de uso lúdico! Por si fuera poco, si andamos mal de fuerzas, podemos coger el tren de las termas, que sale de la Plaza Mayor y tiene parada en cada una de ellas.

Las primeras que encontramos son las termas de A Chavasqueira, todavía no recuperadas después del incendio de 2019. Tenía varias pozas y zonas de jardín, y una zona de pago en la parte superior, para terapias de belleza y demás. Las siguientes, dejando atrás la fuente-mirador de O Tinteiro, son las de O Muíño da Veiga, al pie de un viejo molino restaurado, y con zona verde, también. Le siguen las termas de Outariz, de inspiración japonesa. Estas, privadas, ofrecen más servicios, como termas interiores, dos circuitos y diversos tratamientos. Las últimas son las de Outariz e Burga de Canedo, el mayor centro termal de Ourense, con piscinas de agua caliente y fría, zonas ajardinadas, y parque con columpios. El recorrido termina en la fuente de Reza, en el Paseo de las Ninfas. 

Por lo general, en estas termas la temperatura de emanación ronda los 60 grados y la del baño los 40. Antes de meternos dentro debemos tener en cuenta las recomendaciones de cada espacio termal, pues puede haber temperaturas o condiciones minerales específicas no adecuadas para determinados estados físicos o edades.

Ya fuera de la ciudad, Miño abajo, seguimos encontrando más puntos termales: Laias, con balneario, Castrelo de Miño, con los restos de Os Baños de Santa María, y otros desaparecidos después de la construcción del embalse; Ribadavia, con las termas de Prexigueiro, unas privadas y otras públicas a la orilla del río, rodeadas de árboles. Siguiendo hacia abajo aún tenemos la villa termal de Arnoia y la de Cortegada y, con el curso del río, las de Melgaço y Monção (en Portugal) y la de Caldelas de Tui.

Si el Miño deja huella termal, el Limia no se queda atrás. En pleno Parque natural Baixa Limia-Serra do Xurés podemos visitar la villa termal de Lobios, al lado del yacimiento romano de Aquis Originis, una de las mansio (especie de parador) que había a lo largo de la Vía Nova, la calzada romana que unía Bracara Augusta y Asturica Augusta, con complejo termal incluido, por supuesto. Lobios tiene hotel-balneario y, al aire, en la orilla del río Caldo, afluente del Limia, piscina pública de aguas termales y playa fluvial. 

Otra parada muy romana es Bande. Allí, al lado de los vestigios arqueológicos de Aquis Querquennis, tenemos aguas entre 36 y 48 grados para darnos un buen baño, precisamente en la zona conocida como Os Baños de Bande. Las pozas estuvieron ocultas mucho tiempo por el embalse de As Cunchas, que a veces juega al escondite con ellas.

En Lugo también hay restos de baños romanos, en el Paseo fluvial del Miño. Allí, en pleno Camino primitivo, se levanta el Balneario de Lugo, donde se conservan los restos del apodyterium, o vestuario, y una zona abovedada de las antiguas termas.

En las Rías Baixas hay una Ruta de las Villas Termales. Algunas, con las antiguas casas de baños desaparecidas (Catoira, Pontecaldelas, Vila de Cruces) y otras todavía en marcha y renovándose con los nuevos tiempos (Caldas de Reis, Mondariz-Balneario, O Grove). 

En la provincia de A Coruña también hay manantiales aprovechados por balnearios como los de Carballo, Arteixo o Brión.

Los balnearios gallegos estuvieron muy de moda a principios del siglo XX. Parece que nos llevan a un mundo de lujo y relax donde el tiempo no existe. Entre los balnearios históricos destacan el de A Toxa, que hoy en día también dispone de talaso; el de Mondariz, el preferido de Pardo Bazán; el de Cuntis, el más grande de Galicia; el Dávila de Caldas de Reis, en pie desde 1780; el de Guitiriz, de 1908, actualmente cerrado; el de Lugo, con sus termas romanas; el de O Carballiño, renovado en 2017; e de Augasantas da Ribeira Sacra, del que quedan las ruinas cerca del nuevo; o el de Baños de Molgas, de 1873.

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