Galicia castreña: los mejores yacimientos castreños en Galicia

Los castros aparecen en el noroeste peninsular en el paso de la Edad de Bronce a la Edad de Hierro, y todavía seguirán después, en una convivencia galaico-romana. En Galicia tenemos más de 2.000 castros, que sepamos, claro. Los más antiguos son los de las Rías Baixas.

Estos asentamientos fortificados se localizan en lugares estratégicos, con condiciones naturales apropiadas para la defensa. Los hay en el interior, en lo alto de pequeñas colinas o en las laderas de montañas más altas, y también en la costa, aprovechando salientes en el mar. Los poblados tienen varias murallas y fosos, terrazas y una “croa” central, donde están las viviendas, hornos, almacenes… Muchos presentan antecastros, con zonas de cultivo y pastoreo. Con la romanización, la población va descendiendo de estos asentamientos y ocupando los valles.

Uno de los yacimientos más grandes y mejor conservados es el de Santa Trega, en A Guarda. Está en el monte de Santa Trega, a 341 m de altitud, desde donde tenemos vertiginosas panorámicas de la desembocadura del Miño. Parece ser que tuvo una ocupación continuada entre el I a. C. y el I d. C.; no obstante, la zona ya era un lugar habitado, pues hay petroglifos de 2.000 años antes. Las primeras excavaciones datan de 1914. Los restos que se recogieron (hoces, hudos, ánforas, monedas…) dan testimonio de la actividad textil, comercial y agrícola. Toda la colección de piezas castreñas está en el Museo Arqueolóxico do Monte, inaugurado en 1953 en un edificio de Antonio Palacios.

Otro yacimiento de monte con vistas al mar es el de O Facho de Donón, en Cangas, en la provincia de Pontevedra también. Poblado entre el IV a. C. y el II d. C. Se conservan parte de las murallas, el foso, y restos de las viviendas. Lo más singular son las más de 160 aras que aparecieron en la misma zona. Son de la época romana y, por las inscripciones que presentan, se piensa que eran usadas como exvotos dedicados al dios lar romano Berobreus. Aquí debía de estar su santuario, que fue centro de peregrinación hasta el siglo III. Y, más allá: el Atlántico, las Cíes y Ons.

Bajando de los montes, tenemos un ejemplo de castro costero en A Lanzada, en Noalla, donde el famoso banco, en el concello de Sanxenxo. Está situado en una península, cerca de los restos de A Torre da Lanzada, fortaleza medieval. Sobre parte del asentamiento se construyó la capilla de Nosa María da Lanzada. Las excavaciones arqueológicas han revelado la importancia de este castro como enclave comercial en la época romana y sueva. Aquí llegaban las mercancías mediterráneas y se distribuían por las Rías Baixas. Además, entre los restos, hay una necrópolis y una factoría de salazón prerromana. Las piezas encontradas (cerámicas, herramientas, etc.) están en el Museo de Pontevedra.

Uno de los castros más conocidos también está a la orilla del mar. Es el de Baroña, en O Porto do Son, en A Coruña. Ocupa una península rocosa llamada Punta do Castro, en la salida de la ría de Muros y Noia. Estos galaicos sabían dónde instalarse: buenas vistas, al lado de la playa… Las primeras excavaciones se remontan a 1933. Con el tiempo, sacaron a la luz un asentamiento formado por cuatro zonas separadas por muros, 20 viviendas circulares y alargadas, la muralla principal, escaleras en muy buen estado y restos de muros defensivos, fosos y hornos.

Siguiendo en la provincia de A Coruña podemos acercarnos al castro de Elviña, uno de los más grandes de Galicia. Está al sur de la capital, en San Vicenzo de Elviña, sobre un alto bien comunicado por mar, ría y tierra. Fue un asentamiento poblado durante mucho tiempo y reformado constantemente. Tiene tres recintos fortificados y espacios curiosos, como la Casa de la Exedra, la Fuente Cubierta, el Aljibe, el Templo Fálico o la Casa del Tesoro, en la que se encontró escondido el Tesoro de Elviña, uno de los conjuntos de orfebrería castreña más importante del noroeste peninsular. Las piezas recogidas en el yacimiento se pueden ver en el Museo Arqueolóxico e Histórico del Castelo de San Antón, donde también se encuentran materiales hallados en el Castro de Borneiro, situado en Cabanas de Bergantiños.

Y si el de Elviña es grande, el de Sao Cibrao das Las no se queda corto. Está entre los municipios de San Amaro y Punxín, en la provincia de Ourense, en el cruce del río Miño y el Barbatiño. Estuvo habitado entre el II a. C. y el II d. C., siendo representativo de la etapa final de la cultura castreña. Tiene dos recintos amurallados, fosos y restos de viviendas. En 2014 se inauguró el Parque Arqueolóxico da Cultura castrexa Lansbrica.

Un poco más al sur, en Celanova, encontramos el yacimiento de Castromao, sobre el monte del mismo nombre. Tuvo una larga presencia en el tiempo, entre e V a. C. y el II d. C. Cuenta con una muralla de 485 m. Desde lo alto, en la “croa”, tenemos buenas vistas de As Terras de Celanova y A Baixa Limia. En las excavaciones se han encontrado figuras, monedas y piezas únicas, como el famoso trisquel calado de Castromao. Todo este material está en el Museo Arqueolóxico Provincial de Ourense. En las proximidades del asentamiento se ha recreado un poblado del barrio de A Tábula de Castromao.

A Terra Chá, en Lugo, es una zona llena de restos arqueológicos, con una toponimia que habla por sí misma. Uno de los mejores ejemplos, en Castro de Rei, es el yacimiento de Viladonga. Las transformaciones del asentamiento nos hablan de una ocupación entre el III a. C. y el V d. C., de mucha importancia en los siglos II y V. Es un ejemplo de la evolución de los castros y del rural en la etapa romana. Las excavaciones comenzaron en 1971. En 1983, el MEC creó el Museo do Castro de Viladonga, que desde 1990 gestiona la Xunta.

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