Experiencias de Turismo industrial en Galicia

Hace años asociábamos el turismo a las playas, los monumentos, y poco más. Hoy hablamos de turismo rural, gastronómico, enológico, de la naturaleza, de aventura, de alud y bienestar, religiosos, deportivo, astronómico… Una de las categorías en auge es el turismo industrial.

Uno de sus objetivos es el de proteger el patrimonio industrial, de ahí que también esté relacionado con la arqueología industrial (tenemos categorías para todo), esa que estudia los espacios y las máquinas usadas por la industria, y las características de los grupos sociales que devienen de ella. Así, más allá de un interés estético o funcional, nos abre al conocimiento de las historias locales.

En muchos casos, significa una oportunidad para la reconversión de zonas inactivas que tuvieron importancia en el pasado. En otras ocasiones, nos acerca a fábricas en pleno funcionamiento.

En Galicia, las principales fábricas giran alrededor del mundo del mar (conserveras, industria de salazón, construcción naval), aunque también hay mineras, eléctricas, o cerámicas, por ejemplo.

Ferrolterra es una de las comarcas punteras en este tipo de turismo. Podemos hacer la Ruta de la construcción naval, con la opción de un paseo en lancha por la ría. Los paradas clave de la ruta son: el Arsenal Militar, impresionante conjunto astillero y base naval del siglo XVIII, donde también se ubican el Museo de la construcción naval y el Museo naval Exponav; las instalaciones de Navantia, astilleros públicos en Ferrol y Fene dedicados a la construcción y reparación de grandes buques y a proyectos de eólica marina; el castillo de San Felipe, ejemplo de batería abaluartada del siglo XVIII.

Por otro lado, las principales conserveras de la zona se pueden recorrer siguiendo la Ruta conservera, con paradas en La Pureza, en Cariño, o en Mar de Ardora, en Ortigueira, por ejemplo.

También en la comarca tenemos el Complejo minero de As Pontes. Aquí nació «As Pontes Experiencia Industrial», con la función de preservar el patrimonio industrial local alrededor de la central térmica. Recordemos que en 2012 se detuvo la extracción de carbón y, la mayor mina de lignito a cielo abierto de España fue convertida en un inmenso lago artificial. Vemos en la zona cómo todo giraba alrededor de la Central, con poblados como As Veigas, exclusivamente para gente empleada en la fábrica, ya que en sus mejores épocas llegaron al municipio más de cinco mil personas, y en algún sitio tenían que vivir.

El conjunto de la Fervenza do Ézaro, en Dumbría, en la Costa da Morte, con la antigua central hidráulica, se halla en un entorno bastante ideal, con cascada, el Monte Pindo, la playa cercana y un estupendo mirador. Además, cuenta con el Museo de la Electricidad.

Ya en las Rías Baixas, la industria conservera, de salazón y cetáreas, tienen mucha presencia. Uno de los destinos más destacados es el Museo Massó, en pie desde 1932, instalado en las naves de la antigua conservera Massó Hermanos, cerca del puerto de Bueu. La antigua fábrica de conservas y factoría ballenera se encuentra en Cangas, en estado de abandono. Relacionados con el tema, también están las Salgadeiras de Moreiras, en O Grove, donde se ha recuperado para el turismo la fábrica de la salazón de pescado de los siglos XVIII y XIX, y que se completa con un espacio museístico.

En Vigo, tradicional capital de la industria en Galicia, tenemos la posibilidad de navegar en catamarán por la ría conociendo todo el pasado y el presente del «Vigo pesquero».

En la provincia de Lugo también tenemos exponentes del turismo industrial como los Hornos de A Pontenova, dedicados a la extracción de hierro y limonita. El conjunto presenta cinco grandes chimeneas de principios del siglo XX, construidas, por cierto, con ladrillos hechos en la fábrica de Sargadelos. En su época, constituyó un motor para la economía de la zona, incluso partía una línea de ferrocarril de aquí a Ribadeo para la distribución del producto. Hoy en día hay una ruta que discurre por las vías de los vagones que bajaban a los hornos, entre túneles y minas abiertas.

Y, ya que hemos hablado de Sargadelos, tenemos que decir que es otra fábrica visitable. Y por duplicado, ya que la cerámica se hace en Cervo, en la Mariña lucense, y en O Castro, en Sada. Su origen se remonta a la fábrica levantada en Cervo en 1806. Al principio, dedicada a la siderurgia y, más adelante, como fábrica de loza, aprovechando el caolín de la zona. La antigua época dorada transcurrió a mediados del siglo XIX. Ya en el siglo XX, en la década de los 60, años después de fundar cerámicas O Castro en Sada, es recuperada por Isaac Díaz Pardo e impulsada por personalidades como Luis Seoane, convirtiéndose en símbolo de lo gallego. 

Otra fórmula de reconversión de antiguas industrias, además de hacer centros de interpretación o museos, es dedicarlas al alojamiento rural. Por ejemplo, en Allariz, a orillas del río Arnoia, está la antigua Fábrica de Curtidos de la familia Nogueira, con hospedaje y Museo del Cuero. La zona de los alrededores fue transformada en Parque Etnográfico. 

En Galicia, el turismo industrial arrancó tarde en relación con otros puntos de la península o del resto de Europa, pero es un sector que continúa creciendo. Basta con fijarse en recientes propuestas como la de Mega, de Estrella Galicia, por ejemplo. O las experiencias de enoturismo que nos ofrecen las bodegas de las distintas Denominaciones de Origen del Vino en Galicia. Experiencias que, además, resulta muy fácil de combinar con experiencias gastronómicas, artísticas… o de cualquier otro tipo.

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