Distintas posibilidades de hacer enoturismo en Galicia

En Galicia se apuesta por la cultura del vino, y cada vez se le da más importancia. Contamos con cinco denominaciones de origen: Rías Baixas, Ribeiro, Valdeorras, Ribeira Sacra y Monterrei. La más antigua fue reconocida en 1932 (Ribeiro) y la más reciente en 1997 (Ribeira Sacra), ¡y eso que aquí se hace vino desde hace más dos mil años! También tenemos cuatro indicaciones geográficas protegidas: los Viños da Terra (Betanzos, Barbanza-Iria, Ribeiros do Morrazo y Val do Miño-Ourense). Podemos presumir de tener más de 20 variedades de uvas autóctonas que, con el tiempo y su puesta en valor, producen vinos diferenciados, vinos con carácter, como se dice, cada día más apreciados aquí y en el resto del mundo. En la actualidad, además del albariño, el godello, o el mencía, ya se oye hablar del treixadura, el brancellao, el merenzao, el torrontés o el caíño, por ejemplo. 

Viajar para visitar bodegas, degustar vinos y comprar alguna botella allí mismo como remate de la excursión, es algo que siempre se ha hecho. Pero el llamado enoturismo, o turismo enológico, es más que eso. Es considerar el vino en toda su dimensión, como producto de la tierra y de la historia de su comarca y, además, como hilo conductor de variadas actividades de ocio y cultura. Hay que tener en cuenta que el enoturismo es un motor para la economía local, lo que redunda en una producción vinícola de mayor calidad y también en la conservación del patrimonio histórico y natural de la zona.

De todos los planes que disponemos, el más básico es la visita a la bodega, donde se conoce el proceso de elaboración y la historia del vino, y que normalmente se completa con una visita guiada a los viñedos. Normalmente, acaba con la degustación en la bodega y tal vez con la adquisición de alguna botella en la vinoteca.

Si queremos aprender un poco más, podemos optar por una degustación técnica, que es lo que llamamos cata. Suele estar dirigida por un enólogo o un técnico de la bodega en la sala de catas. Esta es una estancia diseñada para concentrar los sentidos en el vino, con decoración neutra y aislada de interferencias olfativas, visuales o de otro tipo. Hay catas de iniciación y catas avanzadas. Pueden ser verticales (diferentes añadas de un mismo vino), horizontales (diferentes vinos de la misma añada) o incluso a la carta. Unas veces son de vinos tradicionales y otras de vinos más experimentales. Y, si preferimos acompañar el trago, podemos optar por las catas-maridaje, en las que degustamos los vinos con diferentes tapas o platos, sobre todo aprovechando la gastronomía de la zona.

Igual pensamos que las catas están orientadas a adultos conocedores de vinos. Pues no, el enoturismo acoge a todo el mundo, hasta a abstemios y a menores y, por supuesto, también podemos catar mostos y zumos de uva.

La puesta en marcha de las Rutas del Vino ha contribuido notablemente al crecimiento del turismo enológico. Estas rutas son zonas vitivinícolas que aprovechan todos sus recursos (alojamiento, transporte, gastronomía, patrimonio histórico, patrimonio natural) para acercarnos propuestas turísticas de lo más completas.

En Galicia podemos disfrutar de cinco Rutas del Vino, correspondientes a las cinco denominaciones de origen. Además de las visitas a los viñedos y a las bodegas, estancias en casas rurales o en las propias bodegas, comidas en restaurantes, visitas culturales y actividades típicas del turismo rural (senderismo, rutas en bici, paseos a caballo, deportes de naturaleza, etc.), cada una ofrece diferentes alternativas según sus peculiaridades.

Por ejemplo, en la Ruta del Vino Rías Baixas, la más grande en extensión y número de bodegas, en la zona de la desembocadura del Miño y de las rías, podemos visitar pazos, molinos, castros o navegar por la ría de Arousa; en la Ruta del Vino Valdeorras, en la parte más oriental de Ourense, descubrimos las cuevas, bodegas enterradas en las que se elaboraba y conservaba el vino tradicionalmente; en la Ruta del Vino de la Ribeira Sacra, entre Lugo y Ourense, a las orillas del Miño y del Sil, donde encontramos la mayor concentración de monasterios románicos en Europa, el vino depende de la viticultura heroica, llamada así por la dificultad que supone el trabajo en los viñedos en aquellas laderas vertiginosas; en la Ruta del Vino Monterrei, en la parte oriental de la provincia de Ourense, se conservan lagares rupestres, arcaicas estructuras labradas en el suelo de piedra para prensar a uva; en la Ruta del Vino de O Ribeiro, en el extremo noroccidental de la provincia de Ourense, podemos ir de excursión por el “camino del vino”, el trayecto que recorrían hace siglos los arrieros para llevar el vino de Ribadavia a Compostela.

La cultura enológica también se difunde en el Museo del Vino de Galicia, en Ribadavia, y en los Centros de Interpretación del Vino, con alguno más específico, como el Centro de Interpretación del Vino y la Lamprea en Arbo, en la Ruta del Vino Rías Baixas.

Otros destinos enológicos importantes son las Fiestas, Ferias y Túneles del Vino, presentes en Galicia a lo largo de todo el año, sobre todo en verano. Y, después del verano, llega un momento clave para las bodegas: la vendimia. Muchas bodegas organizan actividades para aprender a cosechar la uva y participar en un tradicional pisado de uvas. Estupendo para conocerlas con nuestras propias manos, ¡y pies! Toda una fiesta, muy atractiva para acudir con toda la familia.

También tenemos un plan perfecto para cada fin de semana de octubre: las Jornadas de Puertas Abiertas de las Rutas del Vino de Galicia. Este año se celebra la décima edición. Cada fin de semana podremos disfrutar gratuitamente de visitas guiadas a las bodegas de una ruta, con degustación incluida. Esto se completa con una programación muy variada, con descuentos en las actividades, que tiene de todo, ¡hasta catas astronómicas bajo las estrellas! Siempre, por supuesto, viajando cómodamente en el Bus del Vino.

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