Seis esculturas que emergen del mar

Algunas de estas esculturas parecen que acaban de salir del agua; otras, que están a punto de sumergirse. Todas ellas nos hacen volar la imaginación al mundo de las leyendas y las aventuras marinas.

La comarca de O Salnés es conocida por las playas, los vinos… y las esculturas. De allí son Francisco Asorey, Leiro, Manolo Paz… O Grove es un lugar de referencia, sobre todo desde 1990, con la primea edición del Simposium Internacional de Escultura, que coincide con la fiesta del Marisco. En cada convocatoria, las obras seleccionadas pasan a formar parte del patrimonio artístico de la ciudad. Desde 2011, se celebra también la Bienal de Escultura al aire libre. La materia prima es siempre el granito. En el Paseo Marítimo, desde Punta Moreira, hay un surtido repertorio de figuras mirando al mar. Pero una de las más singulares se levanta sobre una roca en la playa urbana de O Confín. Está hecha en granito, como todas las de la zona, por Manuel Rial, en 1993. Se llama Maruxa dos portos, y representa la cabeza de una mujer sobre una especie de columna retorcida a modo de cuello. El agua la va cubriendo más o menos según las mareas, pero nunca llega a la cabeza, que tiene cuello de sobra.

Un motivo muy recurrente en las esculturas marinas es la sirena. Por ejemplo, en la playa del Matadero de A Coruña, también conocida como Berbiriana, descansa desde 1995 la escultura de bronce Serea na rocha, de Márgara Hernández Smet. El cuento dice que una joven que se estaba ahogando fue devuelta a la vida en forma de sirena. Se diría que es un recordatorio de los peligros del mar. La figura, de formas redondeadas y rotundas, está saludando al sol con una mano, como diciendo “Hola, ya voy” o “Hasta mañana”.

En San Cibrao, Cervo, en la Mariña Lucense, hay otra sirena en una roca, hecha por Ángel Cao en 2006. Está en Penameá, en la playa de O Torno, mirando al mar con la cola enroscada y un huso entre las manos. Es A Maruxaina que, según la leyenda, vivía en la Illa dos Farallóns hilando hebras de oro y, cuando había temporal, gritaba y tocaba el cuerno desde las rocas de la playa. No estaba claro si alertaba a los marineros del mal tiempo o provocaba los naufragios con su canto. ¿Era buena? ¿Era mala? ¿Era joven? ¿Era vieja? Desde 1985, cada segundo sábado de agosto, se revive la leyenda en la Festa da Maruxaina, en la que se apresa a la sirena en el mar y, una vez en tierra, se lleva a juicio para después liberarla e ir de parranda con ella.

En Cangas hay otra sirena de bronce. Está de pie en una pieza de granito que representa la quilla de un barco hundido, con un mascarón que parece la misma sirena. A ambos lados, dos delfines saltando. Se encuentra en A Pedra do Sinal, en el mar, al lado del Paseo Marítimo. El grupo escultórico, conocido como O Galeón de Cangas, es obra de Manuel Coia, de 2001. 

Otra figura mitológica parece estar a punto de sumergirse en las aguas de Silgar, en Sanxenxo. Se trata de A Madama de Silgar, escultura en bronce de Alfonso Vilar, colocada en la roca de O Corbeiro en 1995. El nombre de madama hace referencia a aquellas mujeres de leyenda, como los encantos o las mouras, relacionadas con la luna, la noche y el agua. Está medio inclinada, mirando hacia el mar con una caracola entre las manos. En el pelo al viento se forma una uve, la firma del autor.

Y terminamos con una figura literaria. Como es sabido, Jules Verne habló de la Ría de Vigo en 20.000 leguas de viaxe submarina, contando las aventuras del Capitán Nemo en el Nautilus. Pues en Cesantes, entre la playa y la Illa de San Simón, se le hizo un homenaje. El conjunto representa al capitán, en bronce, en lo alto de una base de bloques de granito de más de tres metros sobre las rocas. Más abajo, dos buzos de bronce recogen piezas del tesoro de Rande para el Nautilus. Estos solo se ven completamente cuando sube el nivel del agua, en épocas de mareas vivas o superlunas. La obra fue ideada por Ramón Lastra y esculpida por Sergio Portela en 2004.

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