San Lorenzo de Carboeiro, una joya en el corazón del Deza

En el corazón de Galicia, rodeado de bosques y resguardado en uno de los meandros que traza el río Deza a su paso por el municipio pontevedrés de Silleda se alza una de las joyas de nuestro patrimonio monástico. Hablamos de San Lorenzo de Carboeiro, un cenobio fundado en el siglo X y que en los últimos años ha comenzado a recuperar parte del esplendor perdido.

 

Se cumplen en este 2021 varias efemérides importantes en la historia de Carboeiro. La más reciente nos lleva 90 años atrás en el tiempo, hasta 1931, año en el que el monasterio fue declarado monumento histórico artístico por el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes. Ese reconocimiento marcaría un punto de inflexión en el proceso de decadencia y deterioro progresivo que el recinto había sufrido durante los últimos siglos y sentaría las bases para las obras de recuperación que se comenzarían a acometer tres décadas después.

 

La otra efeméride que se conmemora este año nos remite a las primeras etapas del monasterio y nos conecta directamente con uno de sus elementos más destacados: su iglesia. Una inscripción situada en su interior fija en junio del año 1171, hace ahora 850 años, el inicio de las obras del templo actual, levantado en tiempos del abad Fernando sobre la construcción original anterior. El recinto vivía en aquella época sus momentos de mayor apogeo y buena prueba de ello es, precisamente, la construcción de dicha iglesia, una de las grandes joyas del arte románico de transición gallego. Sus similitudes con las bóvedas de crucería de la Catedral de Santiago y la decoración del Pórtico de la Gloria han llevado a diversos especialistas a atribuir su diseño y construcción al Maestro Mateo. Esa nueva iglesia no hizo sino acrecentar la monumentalidad de un lugar nacido como una simple ermita habitada por un eremita de nombre Egica y comprada, según una escritura ya desaparecida, por los condes de Deza en el año 939.

 

Fue durante los siglos XII y XIII cuando el poder y la influencia de Carboeiro, perteneciente en aquella época a la orden del Cluny, más creció. Sus derechos territoriales se extendían hasta las tierras de la comarca del Salnés y entre sus muros se guardaban importantes reliquias de varios santos, e incluso una espina de la corona de la crucifixión de Cristo, que según antiguas crónicas fue robada hace medio milenio. 

 

Pero diversos problemas de gestión y la reforma de las órdenes religiosas llevada a cabo a comienzos del siglo XVI invirtieron esa tendencia y marcaron el inicio del declive de Carboeiro. Reducida la actividad monástica al mínimo, el monasterio se fue perdiendo en el olvido y ya a comienzos del siglo XIX, la desamortización de Mendizábal y el paso del lugar a manos privadas puso el punto final a un milenio de historia religiosa.

 

Sin embargo, la monumentalidad del recinto pese al abandono y la espectacularidad de su emplazamiento siguió llamando la atención de muchos curiosos y de algunos profesionales del sector audiovisual que lo convirtieron desde mediados del siglo pasado en escenario de varias películas y series de televisión. Los arreglos que se empezaron a acometer en los años 70 frenaron el deterioro y permitieron recuperar el recinto propiciando su consolidación como un destino muy frecuentado por los turistas, gracias también a un programa de visitas guiadas.

 

Además, el entorno en el que está situado lo ha convertido en un elemento clave de una de las rutas diseñadas para mostrar el patrimonio natural e histórico de la zona. Carboeiro está en uno de los extremos del Sendero del Deza, un recorrido que lo une con la famosa Fervenza do Toxa y que siguiendo el cauce del río lleva a quien se adentra en él por puntos de gran interés como la capilla de San Campio, la playa fluvial de A Carixa y el puente de O Demo. Este último es un lugar de origen legendario ligado directamente al monasterio. 

 

Cuenta la leyenda que los monjes de Carboeiro, hartos de ver como las crecidas del río destruían el viaducto que habían levantado sobre el Deza, aceptaron el ofrecimiento del demonio de construir un puente capaz de soportar las acometidas del agua. A cambio, deberían entregarles las almas de aquellas personas que lo cruzasen durante una jornada de domingo, pero los monjes burlaron el acuerdo prolongando los rezos durante todo el día para retener a los vecinos en el monasterio y evitar su paso por el puente. Tal vez el demonio se cobrase parte de su venganza finalmente hace unos años con una riada que causó diversos daños en el viaducto, pero las obras de reparación acometidas con posterioridad han permitido que los turistas sean quienes recorren hoy aquel ansiado paso de los monjes y vecinos de la zona para descubrir así los encantos de Carboeiro.

 

Más información en http://www.turismosilleda.es/es/carboeiro.php

 

 

 

 

 

 

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