O Buraco do Inferno (Illa de Ons)

Uno de los tesoros del Atlántico en Galicia es la isla de Ons, tanto por su valor ecológico, como por su valor histórico y etnográfico. Está situada en la entrada de la ría de Pontevedra, a la que sirve de abrigo. Es la isla más grande, y la única poblada, del archipiélago de Ons, del que también forman parte la isla de Onza y siete islotes más. El archipiélago, junto con los de las Cíes, Sálvora y Cortegada, constituyen el Parque Nacional Marítimo y Terrestre de las Islas Atlánticas de Galicia.

En esta isla hay lugares de curiosa toponimia, como pueden ser O Cucorno, Laxe do Crego (Piedra del Cura), Alto de Altura, Punta do Rabo da Egua (Punta del Rabo de la Yegua), playa Area dos Cans (Arena de los Perros), Mirador dos Fedorentos (Mirador de los Malolientes), o también… ¡O Buraco do Inferno (El Agujero del Infierno)! Este es el nombre que recibe una siniestra furna (gruta marina) de la costa occidental de la isla, frente al mar abierto. Para los insulares no se trata de un mero capricho geológico: es un sitio especial, al que siempre tuvieron temor y respeto.

La fuerza salvaje del mar y del viento diseñó esta cueva granítica a la que, con el tiempo, se le vino abajo la parte de arriba, creándose un acceso directo desde la superficie de la isla hasta el fondo del mar (¿o del infierno?). O Buraco está constituído por una sima de 43 m de profundidad, con planta en forma de equis, que llega al mar a través de un pozo y de una galería. En lo alto del acantilado hay un vallado protector, que rodea la boca de la sima, y un mirador, desde el que se vislumbra el canal y la boca de la galería inferior. También hay una cruz blanca, en memoria de José Luis Herrera Padín, guardiamarina de la Escuela Naval de Marín desaparecido en 1963, después de caer en el hoyo durante unos ejercicios de adiestramiento.

Hoy en día no se puede acceder a la sima, ya que en 2003 hubo un derrumbe importante, después de un temporal, que hizo que grandes bloques de piedra taponaran el canal de entrada. Allí, el agua bate muy brava y se cuela por las hendiduras entre los bloques caídos, haciendo mucha espuma. En el interior, se forma un pequeño lago, blanco por la espuma que, con los pocos rayos de luz que refleja, produce un efecto misterioso. Parece que estos caprichos de la naturaleza, encima si no se ve dónde terminan, nos llevan a pensar en lo sobrenatural.

O Buraco do Inferno. ¿Y por qué ese nombre? Dicen que, sobre todo en los días de temporal, se oían gritos y lamentos que venían del agujero, y que eran los quejidos de las almas llevadas por el demonio. Los isleños ancianos recuerdan historias de cómo, cuando se llevaba el ganado a pastar por la zona de O Buraco, los animales se alejaban de él. En cambio, las personas eran atraídas por el sonido que venía del hoyo, con el peligro de caer dentro. Si mandaban a los hijos con el ganado, las madres les metían amuletos en el bolsillo (ajos, hierbas de San Juan, hojas de laurel, bolas de algas) para que el sonido no les hiciera acercarse a la sima y caer abajo. Hasta hay una copla popular que dice: «Dende O Baixial/ xa te estou escoitar/ pero por moito que berres/ a min non me vas levar» (desde O Baixial/ ya te estoy escuchando/ pero por mucho que grites/ a mí no me vas a llevar).

También se decía que, cuando un náufrago no aparecía, era porque lo tenía el demonio atrapado allí abajo. Entonces, los vecinos hacían la «procesión de las antorchas», encabezada por el cura o la meiga, que comenzaba a las doce de la noche en el cementerio. Llevaban cada uno su tea prendida y caminaban bordeando los acantilados hasta llegar a O Buraco. Allí, lo rodeaban y decían unas palabras, y después lanzaban las antorchas encendidas por el hueco abajo, para que el demonio soltase el cadáver. Entonces, a los pocos días, éste aparecía, y ya podía descansar en paz.

Las viejas historias de O Buraco siempre hablan de los aterradores gritos y lamentos que salían de él. Hoy en día solo se oye el rugido del mar y los ecos del viento, pero nada de gritos. ¿Y esto, por qué? Pues ya no se escuchan porque en O Buraco ya no anidan los araos o, por lo menos, esa es la explicación científica. En la isla, rico ecosistema de aves acuáticas, se ve mucha gaviota patiamarilla y cormorán moñudo, pero antiguamente había araos, y parece que les gustaba mucho la furna, y piar como locos en su interior. Estas delicadas aves se extinguieron en la isla en los años 80, y desde entonces, el agujero no grita. 

De todos formas, aun sabiendo lo de los araos, la gente de Ons siempre le tuvo respeto al Buraco do Inferno. Lo mismo que a la Laxe do Crego, sarcófago antropomorfo al sur de la playa de Area dos Cans, cuya agua estancada por lo visto tenía propiedades curativas; y a la playa de Melide, donde se decía que arribaba la Santa Compaña. Es que la tierra de Ons, con esa naturaleza salvaje y ese estar fuera del mundo, es muy dada a las leyendas. Es raro el anciano de la isla que no sepa de algún encuentro con la Santa Compaña…

Una última recomendación: por favor, cuidado con apoyarse en la barandilla. Y ojo con los selfies.

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