El Teatro Jofre, símbolo cultural y arquitectónico de Ferrol

A punto de cumplir sus primeros 130 años de vida el Teatro Jofre sigue siendo uno de los edificios más importantes de Ferrol. No solo por su peso simbólico como epicentro de la vida cultural de la ciudad, sino también por los valores arquitectónicos que lo convierten en uno de los monumentos más destacados del barrio de A Magdalena y con los que ha contribuido también a que toda la zona fuese declarada conjunto histórico-artístico en 1983.

 

Su construcción se comenzó a gestar a comienzos de los años 60 del siglo XIX y arrancó en 1872 tras los diferentes trámites y gestiones realizados por un grupo de ferrolanos con la colaboración del ayuntamiento y la Marina, que cedieron los terrenos necesarios. Pero el proyecto aún tardaría otros veinte años en verse plenamente materializado. El objetivo de sus promotores era dar respuesta a la demanda de un gran espacio de referencia para los espectáculos teatrales en la ciudad que se había generado tras la destrucción en un incendio en 1807 de la Casa-Teatro Settaro. Aquella pérdida solo había podido ser parcialmente solventada con la reconversión de un almacén en el Teatro Principal, que funcionó hasta finales del siglo XIX.

 

El arquitecto Faustino Domínguez Domínguez fue el primero en recibir el encargo del proyecto del nuevo recinto, aunque fue su hijo, Faustino Domínguez Coumes Gay, quien se ocupó del diseño final inspirándose en los teatros barrocos italianos. Así lo demuestra tanto la decoración de sus tres plantas como la característica forma de herradura de su sala de butacas, una disposición pensada para optimizar la acústica, tal como aún pueden comprobar quienes hacen uso hoy de esta instalación reconvertida en espacio polivalente capaz de albergar desde una representación teatral hasta un concierto pasando por magia, monólogos o espectáculos infantiles. 

 

Pero el proceso para construir el teatro no fue sencillo y antes de hacerse realidad tuvo que superar varios reveses. La principal traba fue la falta de fondos económicos para completar las obras, un problema que propició que los trabajos tuviesen que ser paralizados, pero que fue también la causa de que el recinto fuese bautizado con el nombre con el que sigue siendo conocido hoy en día. Al igual que ocurrió con otros muchos proyectos realizados en Galicia en aquella época y en las décadas siguientes, la solución llegó desde la otra orilla del Atlántico y de la mano de los emigrantes que se habían visto obligados a abandonar su tierra para labrarse un futuro. 

 

En este caso fue Joaquín Jofre y Maristany, un ferrolano emigrado en Buenos Aires, quien respondió a la llamada de los promotores del nuevo teatro realizando una importante aportación económica a cambio de un paquete de acciones de la sociedad constituida para ejecutar el proyecto. Aquella inyección de dinero permitió retomar las obras y posibilitó que, finalmente, el 19 de mayo de 1892 el Teatro Jofre alzase el telón para acoger su primera representación.

 

El clásico de Calderón de la Barca “El alcalde de Zalamea” fue la obra escogida para aquella sesión inaugural que corrió a cargo de la compañía de Antonio Vico. El programa de aquella jornada incluyó también la comedia de Vital Aza “El sueño dorado”. La prensa de la época destacaba en sus crónicas la bella ornamentación elaborada por el pintor escenógrafo Jorge Bussato, los siete medallones con los retratos de Wagner, Calderón de la Barca, Moratín, Tirso de Molina, Lope de Vega, Rossini y Meyerbeer, una recreación del firmamento con figuras representando los diversos géneros escénicos, el retrato de Joaquín Jofre, la iluminación con gas y el mecanismo que permitía elevar el piso de la sala y situarlo a la altura del escenario. Además, los periódicos recogían la enorme expectación que había despertado la inauguración del teatro, propiciando colas en la taquilla en los días previos y atrayendo a público llegado desde A Coruña.

 

Pocos años después de aquella velada, el teatro fue reconvertido en cine, y comenzado ya el siglo XX, concretamente en el año 1919, tuvo lugar otro hecho clave en la historia del local: su venta a Isaac Fraga Penedo. El empresario y productor cinematográfico, propietario también de cines y teatros en Vigo, Santiago de Compostela, A Coruña, Ourense, Lugo y Pontevedra, Vilagarcía de Arousa y Monforte de Lemos, se propuso renovar el aspecto del recinto ferrolano y para ello encargó la construcción de una nueva fachada al arquitecto Rodolfo Ucha Piñeiro, uno de los principales representantes del modernismo en Galicia. La ornamentación del frontal de Ucha inaugurado en 1921, con motivos florales y unas máscaras que representan a la comedia y la tragedia, y su pórtico de arcos permitieron realzar el edificio en su conjunto y convertirlo en una referencia arquitectónica de la ciudad, aunque posteriores reformas en el interior sí eliminaron algunos de los valiosos ejemplos de su ornamentación original. 

 

Su desempeño como cine se prolongó durante varias décadas y tras su cierre fue adquirido por el ayuntamiento ferrolano en los años 90 del siglo pasado para reacondicionarlo y ponerlo de nuevo en uso. No resultó un proceso sencillo, pero finalmente el Teatro Jofre fue reinaugurado en el año 2005 abriendo una nueva etapa de esplendor que aún continúa en la actualidad.

 

 

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