Vestigios romanos en Galicia

Pues sí, al final la romanización también llegó a este rincón del mundo. Y después de muchos siglos, todavía podemos visitar lugares que nos recuerdan la importancia de su legado.

La ciudad gallega más romana, de hecho la primera que se fundó, es Lugo, por aquel entonces Lucus Augusti, que todavía hoy “arde” cada año a finales de primavera en un combinado de celebraciones romanas y celtas. Debido a la importancia que tenía en la época, cuenta con muchos restos romanos, unos a la vista, como la muralla, y otros bajo tierra o asomando la piedra. La estrella de la colección es la Muralla de Lugo, declarada patrimonio de la humanidad en el 2000. Es la mejor conservada de la península. Tiene 2 km de perímetro, y el ancho va de 4 a 7 m. Conserva 71 torres y hoy en día tiene 10 puertas. Lo mejor es que podemos disfrutarla paseando por el adarve, contemplando otra perspectiva de la ciudad. En Lugo los romano también nos dejaron las termas, la casa de los mosaicos, el puente…

A 14 km deLugo podemos visitar los restos del Templo romano de Santalla de Bóveda, en su época dedicado a la diosa Cibeles, una curiosa edificación con espacio destinado al taurobolio (sacrificio ritual de toros). Tiene añadidos posteriores, que durante mucho tiempo se tomaron por romanos, que no hacen sino dotarla de más misterio e interés.

En A Coruña hay un vestigio romano que aparece hasta en el escudo: la Torre de Hércules. Data de finales del siglo I, siendo el faro romano más antiguo que sigue en funcionamiento en el mundo entero. Bien es cierto que poco se parece al faro primitivo, pero ahí sigue alumbrando. En 2009 fue declarado patrimonio de la humanidad.

¿Y cómo es que llegaron aquí los romanos, a los confines del mundo conocido? Pues resulta que, además de la arquitectura, se les daba muy bien la ingeniería de caminos y puentes. Desarrollaron una red de vías, y puentes cuando les cuadraba un río en el medio, por todo el imperio, y Galicia no iba a ser menos. Todos los caminos llevaban a Roma y desde Roma se llegaba a todas partes. La vía más significativa, a la que aún se le puede seguir la pista, es la llamada número XVIII de Antonino o Vía Nova, que unía Brácara con Astúrica. A su paso por la provincia de Ourense, no dejamos de ver testimonios de la vida romana, empezando por los miliarios, mojones para medir las distancias, como los de Portela de Home, en O Xurés.

Precisamente en esa zona hay varios yacimientos. En Lobios se pueden visitar los restos de Aquis Originis, una de las once mansio, especie de posadas, que había a lo largo de la Vía Nova. ¿Por qué habrían elegido este sitio, cerca del río Caldo? Pues por las aguas termales, seguramente, que además de servirles para los baños, les valían para el sistema de calefacción de la mansio. Es que los romanos eran grandes aficionados a las termas, y grandes profesionales a la hora de descubrir emplazamientos ideales para vivir con todas las comodidades. Nos han dejado recuerdos en las termas de Ourense, Lugo, Caldas… 

Volviendo a la Vía Nova, a 14 millas de Aquis Originis, en Os Baños, en Bande, encontramos el campamento Aquis Querquennis, conocido popularmente como A Cidá. Si queremos empaparnos del tema, allí tenemos el Centro de Interpretación Aquae Querquennae-Vía Nova. Y, si no queremos empaparnos de agua, hay que estar pendientes de las crecidas del pantano de As Cunchas antes de visitarlo.

Entre Aquis Origis y Aquis Querquennis se cruzaba el río Limia por el Puente Pedriña, que desapareció bajo las aguas con la construcción del embalse de As Cunchas, el mismo que inunda a veces el campamento. Un buen puente romano que aún está en activo es el Puente de Bibei, de granito, con tres vanos desiguales y con un conjunto de miliarios en una de las orillas. Sobre el Arnoia cruza el Puente de O Freixo, con cuatro arcos. Hoy en día, forma parte de una área de recreo, con zona de baño y un molino antiguo.

El paso de los romanos por Galicia también queda en la memoria del pueblo, ¿o en el olvido? Un olvido que todavía se recuerda hoy, e incluso tiene fiesta en Xinzo de Limia, pues el cuento sucedió en el río Limia. Parece ser que los legionarios creían estar ante el Lethes, el río que borraba la memoria (debía de ser un día de mucha niebla…), de modo que se negaban a cruzarlo, paralizando la marcha. Pero el centurión Décimo Junio Bruto se armó de valor y lo atravesó y, desde la otra orilla, fue llamando uno a uno a los soldados por su nombre, demostrando que al pasar el río podrías mojarte, pero no perder la memoria. Entonces, la tropa cruzó.

En Sobrados dos Monxes, a 5 km del monasterio, asoman los restos de otro campamento, el más grande de Galicia : A Ciadella. Estratégicamente situado entre Lucus Augusti y Brigantium, parece que estuvo en funcionamiento entre los siglos II y IV para controlar las comunicaciones y marcadurías.

Y podríamos seguir con ejemplos del legado romano en Galicia, como las villas (Toralla, San Tomé, Santa Marta de Lucenza, A Lanzada, Adro Vello, Cambre…), las salinas (O Seixal, Vigo…), o los castros (Fazouro, Viladonga…), ya que la mayoría siguieron siendo usados por los romanos tras la conquista. Y, por supuestos los museos arqueológicos de las cuatros provincias cuentan con numerosos restos de herramientas, cerámica, joyas, etc., que nos acercan a la romanización gallega. Y aún queda mucho por excavar…

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