Santa María de Cambre, una iglesia donde historia y leyenda se dan la mano

Al igual que ocurre con otros edificios históricos de Galicia, es difícil precisar los orígenes exactos de la iglesia de Santa María de Cambre. El templo, situado en el centro de la localidad y enmarcado por un bello jardín ha llegado hasta nuestros días como ejemplo destacado del arte románico gallego y aunque la construcción de su fachada actual y de parte de sus naves comenzó en el siglo XII, la historia del lugar se remonta varios siglos atrás en el tiempo. Hay quien sostiene incluso que pudo haber sido levantada sobre una edificación romana anterior, pero lo cierto es que la primera referencia a la existencia de una construcción religiosa en el lugar se remonta al 932.

 

Un documento fechado ese año certifica la donación por parte de dos hermanos, Gutier y Aloito, al monasterio de San Paio de Antealtares (Santiago de Compostela) del monasterio de Santa María de Cambre, que había sido fundado y edificado por su padre, Aloito, y por las hermanas de este, Vistiverga, Urraca y Odroacia. La iglesia posterior, con las modificaciones a las que fue siendo sometida a lo largo de los años permanece pues como legado de aquel primer recinto y como depositaria de una historia trufada de leyendas y singularidades.

 

En este último apartado se podría enmarcar por ejemplo la inscripción semioculta en un arco interior que atribuye su construcción a Michael Petri, algo poco usual para una época en la que el trabajo de los artesanos era anónimo. Las posteriores intervenciones en el templo, con la incorporación de la girola y las cinco capillas absidales han propiciado que el recinto haya sido calificado como la única iglesia parroquial de Galicia con planta catedralicia.

 

Los templarios también dejaron su huella en la iglesia de Santa María de Cambre. Los caballeros de la famosa orden religiosa tuvieron una importante presencia en el territorio actual de Cambre y de los municipios vecinos puesto que controlaban el puente de O Burgo y la fortaleza allí levantada cuyo único vestigio actual es el citado viaducto y la iglesia parroquial de Santa María do Temple. Los templarios prestaban auxilio a los comerciantes que desembarcaban sus mercancías allí y a los peregrinos que iniciaban en ese mismo lugar su ruta hacia Compostela. Y a ellos se atribuye la presencia en la iglesia de Santa María de Cambre de una de las principales reliquias que esta guarda en su interior: la Hidra de Jerusalén o Hidra da Caná. Según la tradición, la pieza es una de las pilas bautismales que fueron utilizadas por Jesucristo para convertir el agua en vino en las bodas de Caná y habría sido trasladada por los templarios desde Jerusalén hasta O Temple, primero, y a Cambre, después.

 

A ese territorio fronterizo entre la historia y la leyenda pertenece también el relato según el cual, bajo el altar de la iglesia de Santa María de Cambre, se esconde un pasadizo secreto. Cuentan que ese camino subterráneo llega hasta los restos del castro de Cambre, situado no muy lejos del templo, y tendría como finalidad proporcionar una vía de escape a los monjes del antiguo monasterio en caso de peligro. Y es que el lugar no permaneció ajeno a algunos episodios convulsos de la historia: los ingleses, a finales del siglo XIV, y los franceses, a comienzos del siglo XIX, lo atacaron e incendiaron causando importantes daños.

 

Pocos años después los monjes abandonarían el lugar, pero la iglesia parroquial aún nos aguarda hoy en día invitándonos a recordar el pasado mientras disfrutamos de su patrimonio artístico y arquitectónico.

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