San Pedro de Rocas, cuna de devoción e historia en la Ribeira Sacra

 

 

Una lápida conservada en la actualidad en el Museo Arqueológico Provincial de Ourense nos permite remontarnos hasta el año 573 en busca de los orígenes del Monasterio de San Pedro de Rocas, uno de los cenobios más singulares y sorprendentes de toda Galicia. Dicha lápida hace referencia a la herencia recibida por un pequeño grupo de personas, lo que permite deducir que en este apartado lugar del municipio ourensano de Esgos ya existía una pequeña comunidad en aquella época y que por tratarse precisamente de una herencia, su fundación es incluso anterior. De tal forma que San Pedro de Rocas sería la construcción cristiana más antigua de Galicia y una de las más antiguas de toda España.

 

La bruma del paso del tiempo envuelve la historia de aquel primer asentamiento religioso y la lleva a un terreno en el que se confunde con la leyenda. Situado en una zona prolífica en asentamientos de ermitaños que habían llegado hasta allí atraídos por la belleza de los paisajes y las posibilidades de aislamiento que ofrecía, el origen del monasterio de San Pedro de Rocas también estaría relacionado con esos primeros ascetas. Así lo atestiguan las primitivas cuevas que les sirvieron de vivienda y capilla y que fueron incorporadas a la iglesia posterior. Este hecho constituye otro de los rasgos distintivos de San Pedro de Rocas ya que es la única iglesia rupestre de Galicia y explica también el origen de su nombre. Las Rocas de su denominación son las formaciones pétreas del monte Barbeirón con las que el recinto parece fundirse en algunos puntos. Casi nada se sabe de aquella primera etapa, aunque la hipótesis principal es que el lugar fue abandonado unos años más tarde a causa de las incursiones islámicas. La siguiente referencia en el tiempo al monasterio nos lleva ya al siglo IX, cuando habría sido redescubierto durante una cacería por un caballero que, cautivado por los atractivos del lugar, decidió convertirlo en su morada y la de sus compañeros convirtiéndose él mismo en abad.

 

Momentos de apogeo, bajo la protección de los monasterios de San Estevo de Ribas de Sil y de San Pedro de Celanova en etapas sucesivas, y épocas de decadencia vinculadas a incendios (se han documentado tres a lo largo de los siglos) y a otros sucesos jalonan la historia de un lugar que tras la desamortización de Mendizábal (en 1836) perdió su condición monasterial para quedar reducido a iglesia parroquial. El último fuego, acaecido ya a comienzos del siglo XX, fue lo que propició su abandono como lugar de culto y la edificación de una nueva iglesia en otra localización no muy lejana. Pero la belleza del lugar, la historia de San Pedro de Rocas y sus peculiaridades constructivas propiciaron que el antiguo monasterio fuese declarado monumento-histórico artístico y se acometiesen desde entonces trabajos diversos para recuperarlo. Hoy en día, reconvertido en Centro de Interpretación da Ribeira Sacra y de la Vida Monástica de San Pedro de Rocas ha recobrado nueva vida como puerta abierta a la historia y el patrimonio de toda la zona.

 

Recorrer las salas de la antigua Casa Prioral supone viajar atrás en el tiempo para conocer cómo vivían los monjes y cómo fue evolucionando el monasterio. Además, la instalación rinde homenaje a los oficios, los paisajes, las tradiciones y las leyendas de la Ribeira Sacra y permite entender por qué esta área formada por los valles de los ríos Sil y Miño atrajeron la atención de diversas comunidades religiosas hasta convertirse en uno de los espacios geográficos con más densidad de monasterios de Europa.

Pero la mejor manera de empaparse de los encantos y la historia del lugar es pasear entre sus construcciones y disfrutar del bello paraje que lo rodea. Aunque la iglesia primitiva fue sometida a diversas reformas con el paso de los siglos, en su interior se puede apreciar el trazado de las tres cuevas en las que se instalaron los primeros moradores del lugar, y contemplar varios sepulcros y un mapamundi pintado sobre una pared, el único de la época románica del que se tiene conocimiento.

 

Y en sus aledaños, además de la fuente de San Benito, a cuyas aguas se atribuyen propiedades curativas, se puede ver el campanario levantado en el siglo XV. La construcción carece de campanas, puesto que fueron trasladadas a la iglesia de Quinta do Monte, pero sigue llamando la atención de los visitantes por haber sido levantada sobre un arco de piedra natural, convirtiéndose así en una de las imágenes más icónicas del lugar.

 

El monasterio es también la meta de una antiguo sendero, el Camiño Real, hoy en día recuperado como ruta de senderismo que no solo permite a los visitantes llegar hasta allí desde Santa María de Esgos tal como hacían los monjes y los vecinos de la zona siglos atrás, sino que nos acerca a otro de los elementos patrimoniales que guarda el lugar: los petos de ánima que bordean la ruta.

 

En definitiva, San Pedro de Rocas es un lugar de visita obligada. Historia, patrimonio, leyendas, paisajes, senderismo… ¿Necesitas algún motivo más para ponerte en marcha?

 

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