El modernismo que llegó a Sada con el tranvía

Pasear por las calles de Sada es abrir una puerta al pasado, pero no a una época cualquiera, sino a un momento y un estilo muy concreto: el modernismo. Fue esta una corriente artística que se desarrolló entre finales del siglo XIX y los primeros años del siglo XX y que impregnó las formas de expresión y creación más diversas: desde la literatura a la música pasando por la pintura, la moda y, también, la arquitectura. Y fue en este último campo (también conocido como Art Nouveau) donde su huella en Sada ha sido más intensa y ha pervivido hasta nuestros días a pesar de que su aparición en la localidad fue más bien tardía y fruto de una curiosa circunstancia. Se podría decir que este estilo arquitectónico llegó a Sada en tranvía porque la historia y la evolución de ambos corrieron parejas.

 

1922 es la fecha clave en esta historia porque coinciden dos hechos cruciales. Ese año llegó a Sada el primer tranvía procedente de A Coruña inaugurando así una etapa de gran prosperidad y pujanza para la localidad. Y ese mismo año también se inauguró en Sada un edificio que ha acabado por convertirse en el símbolo más visible e importante del modernismo local, y que al igual que el tranvía, procedía de A Coruña. Porque La Terraza, el impresionante pabellón acristalado que preside el paseo marítimo sadense no estuvo siempre en esa ubicación.

 

En sus orígenes formaba parte del conjunto de construcciones que habían sido levantadas en los jardines coruñeses de Méndez Núñez como espacios de ocio donde admirar exposiciones de arte, ver proyecciones cinematográficas o simplemente entregarse a la charla o la contemplación. El Kiosko Alfonso sigue siendo un destacado testigo de aquella época y guarda relación directa con el inmueble hoy situado en Sada.

 

La Terraza fue concebida por el arquitecto Antonio López Hernández y levantada en A Coruña en 1912. Durante el tiempo que permaneció en su primer emplazamiento recibió varias ampliaciones (la longitud de su fachada pasó de 20 a 30 metros) para tratar de responder a la demanda creciente de este tipo de espacios, pero con el cambio de década el empresario Manuel Zapata Montero procedió a su traslado con el objetivo de llevar también hasta Sada el ambiente de ocio de los jardines coruñeses.

 

Ya en su nuevo emplazamiento, tras un trabajoso traslado pieza a pieza en carros tirados por bueyes, La Terraza se convirtió en un lugar de referencia de Sada como salón de baile y vivió varias décadas de esplendor. Pero poco después del cierre de la línea del tranvía que unía la localidad con A Coruña (en 1957) comenzó su época de declive. Desde entonces hasta la actualidad ha funcionado como cafetería o restaurante.

 

Pero la influencia de La Terraza de Sada no se limitó al estilo de vida y ocio de la población local, sino que junto con el tranvía se convirtió en una fuerza más de progreso. Si aquel medio de transporte contribuyó al auge económico que impulsó el desarrollo urbanístico de la localidad, los trazos modernistas del emblemático edificio se convirtieron en el ejemplo a seguir por los arquitectos y promotores locales durante varias décadas. Se impuso así un estilo caracterizado por elementos como grandes ventanales y balcones, cuidadas ornamentaciones a base de cerámica y vidrio, y un amplio abanico cromático. Muchos de los edificios nacidos bajo el influjo de La Terraza han sobrevivido también hasta nuestros días y se han convertido en motivo de orgullo para los vecinos de Sada y en una buena razón para que los visitantes se acerquen hasta la localidad y paseen por sus calles. 

 

Las calles do Río, República Argentina, da Lagoa, Linares Rivas y Barrié de la Maza guardan numerosos ejemplos de un estilo que se extendió también a barrios tradicionalmente marineros como el de A Tenencia. En la actualidad, el Concello ha trazado incluso una ruta que permite recorrer buena parte del casco urbano mientras uno va descubriendo las huellas de aquellos tiempos ya pasados. Si quieres viajar al modernismo no vas a poder tomar el tranvía, pero sí descubrir que su encanto permanece aún vivo en Sada.

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