Tiempo de castañas y tradición en los Sequeiros do Mazo

Castaños centenarios y construcciones de piedra marcadas por los efectos del paso del tiempo y los esfuerzos de la naturaleza por recuperar el espacio arrebatado por el hombre dan forma en el corazón de O Courel a un paisaje de gran valor ambiental y etnográfico. Estamos en el Souto do Mazo, un bosque de castaños que guarda el testimonio de la importancia que estos árboles han tenido desde tiempos inmemoriales para la población de esta y otras zonas de Galicia. La madera, la corteza, las hojas… todas las partes de estos árboles era de gran utilidad para los habitantes del lugar, pero la castaña sobresalía entre todas ellas. 

 

El límite de los municipios de A Pobra do Brollón y Folgoso do Courel guarda una de las concentraciones de castaños más grandes y mejor conservadas de la Comunidad gallega. Y la adereza con unas edificaciones, los “sequeiros” (secaderos), que nos permiten recordar cómo se hacía el aprovechamiento de sus preciadas castañas. Son por tanto una puerta abierta al pasado y a una actividad que durante mucho tiempo constituyó una de los principales sustentos de la población local.

 

No son los únicos que existen en Galicia, pero los doce Sequeiros do Mazo componen un conjunto singular que en los últimos años ha sido puesto en valor para evitar su desaparición, preservar su legado y convertirlo en un atractivo turístico. Cada uno de los sequeiros, que era identificado con el nombre de la familia propietaria, servía de espacio para el almacenamiento y el secado de las castañas procedentes de los árboles situados en sus inmediaciones. Distribuido en dos alturas, el sequeiro servía también de refugio y lugar de descanso para la persona encargada de recolectar y procesar las castañas: el secador. Este tenía la responsabilidad de recoger las castañas en sacos y transportarlas hasta el sequeiro. Después las disponía cuidadosamente en la planta superior, denominada caniceira y cuyo suelo estaba formada por láminas ligeramente separadas entre sí. A continuación prendía un fuego en la planta inferior (remoleiro) para permitir que el calor y el humo secasen las castañas al ascender hasta la caniceira. Esa hoguera le permitía además protegerse del frío de la montaña durante las dos o tres semanas que necesitaba para completar el secado. El proceso concluía con la introducción de las castañas ya secas en sacos y su golpeo contra un tronco para separar la piel del fruto. 

 

Hace ya una década que los secadores llevaron a cabo por última vez esta forma tradicional de recolectar y procesar las castañas, pero los trabajos de acondicionamiento y señalización de los sequeiros (y de las nueve cabañas próximas que servían para guardar cabras) llevados a cabo en los últimos años convierten el lugar en un destino ideal para los amantes de la naturaleza y la etnografía. Paseando entre los castaños y asomándose al interior de las viejas construcciones es posible imaginar cómo era el trabajo que allí tenía lugar y revivir un pedazo de la historia de O Courel. Para llegar hasta allí hay que tomar la carretera que une A Pobra do Brollón y Folgoso do Courel y hacer un alto en el camino poco después de la aldea de Mazo Santigoso. 

 

 

2 comentarios en «Tiempo de castañas y tradición en los Sequeiros do Mazo»

  • el 3 noviembre, 2020 a las 17:33
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    Hola, por favor me gustaría pasar con mi mujer de jueves a lunes, hotel, casa rural ò pensión, me gustaría alguna información

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    • el 5 noviembre, 2020 a las 14:39
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