Una columna de la Catedral… lejos de la Catedral

Aquí va una pregunta con trampa: ¿es posible encontrar un pedazo de la Catedral de Santiago… fuera de la Catedral de Santiago? No hablamos de un pedazo simbólico, del trozo de Compostela que cada peregrino y cada visitante lleva en su corazón: hablamos de una porción significativa, grande y palpable. Y la respuesta es sí: por lo menos una columna que perteneció al templo jacobeo se puede contemplar incluso fuera del término municipal santiagués.

La Catedral de Santiago cumplió hace poco 800 años y, por ello, ha dado tiempo a que alrededor de ella la historia haya dado muchas vueltas. Una de ellas fue la reforma de la fachada norte, la que da a la plaza de la Inmaculada y al monasterio de San Martiño Pinario, a mediados del siglo XVIII. En 1757 se encargó el trabajo, que comenzó dos años después bajo la supervisión del fenomenal arquitecto Lucas Ferro Caaveiro. La portada provenía del edificio románico original y se inspiraba en el tema del Paraíso. Parte de los elementos que contenía fueron recolocados en otros lugares del edificio. Si la puerta sur, la que da a Praterías, parece a veces demasiado recargada para la época en que fue construida, la razón es esta: allí se le encontró acomodo a parte de lo desmontado en la fachada norte.

Pero parte de lo que se retiró de esa zona desapareció o, directamente, fue vendido. Entre ellas, algunas de las columnas que sostenían los arcos de entrada. ¿Dónde fueron a parar? El profesor y experto jacobeo Francisco Singul apuntó en su momento que varias de ellas se conservan en el Museo de la Catedral, abierto al público y muy interesante. Además, explicó, en una parroquia del cercano ayuntamiento de Boqueixón existe un cruceiro en el que el fuste es sospechosamente parecido a estas piezas.

Se trata del cruceiro que se puede ver junto a la iglesia de Santa María de Lamas, en medio del campo de la fiesta. Mide 2,32 metros y está decorado con una espiral vegetal que gira en sentido contrario a la que lucen las piezas conservadas en el Museo. Entre los tallos se pueden ver pequeños personajes, posiblemente vendimiadores, que también aparecen en sus parientes compostelanas. Porque, como ya habrán adivinado, todo apunta a que este es uno de los fustes de las doce columnas que sostenían la Puerta del Paraíso de la Catedral compostelana.

Se desconoce cuándo se trasladó la pieza a este lugar. Singul apunta a que debió de ser hacia finales del XVIII o principios del XIX. El fuste está bastante desgastado por el tiempo, el viento y la lluvia, pero es posible aún contemplar el precioso trabajo hecho por los escultores de época medieval. Otras columnas eran aún más complejas, con animales y aves royendo las viñas, plantas muy simbólicas dentro de la iconografía cristiana.

Corona el crucero del campo de la fiesta de Lamas una pieza con una figura humana en cada una de las cuatro caras y, arriba, una cruz con Cristo por una cara y la Piedad en la otra. Merece la pena desplazarse unos pocos kilómetros en la periferia compostelana para descubrir este trozo secreto de la Catedral… lejos de la Catedral.

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