¿Un oriental en la Edad Media de Betanzos?

¿Es posible que Betanzos sea la capital del mistero de Galicia? Esta afirmación simpática viene de dos localizaciones únicas y  bien curiosas que se encuentran en esta localidad coruñesa. La primera es O Pasatempo, esa suerte de parque temático de principios del siglo XX en el que los hermanos García Naveira intentaron reunir, en terrazas, grutas y con una arquitectura casi surrealista, todo el saber de su tiempo, para ponerlo a disposición del pueblo. La otra es el sepulcro de lo que parece un personaje oriental en la iglesia de San Francisco, un misterio que quizá no lo sea tanto.

Primero, el contexto. La tumba de la que hablamos se encuentra en la iglesia de San Francisco, un precioso templo de los que convierten a Betanzos en localidad de visita obligada para los amantes del arte. No sabemos si será la capital del misterio, pero sí lo es del gótico gallego, pues tanto esta basílica como la que se encuentra justo enfrente, la de Santa María del Azogue, están entre las mejores muestras de este estilo que se encuentran en la Comunidad.

San Francisco data del siglo XIV. Se edificó con el patrocinio de uno de los nobles más poderosos de la Península en la época, Fernán Pérez de Andrade El Bueno, sobre un edificio románico anterior. No es pues casualidad que la pieza más destacada de todo el conjunto sea, precisamente, la tumba de este caballero, monumental y sostenida por un jabalí y un oso.

En el brazo derecho de la cruz, según se mira al altar, se encuentra la tumba de un personaje desconocido que, a lo largo de los años, fue objeto de numerosas especulaciones. En la cubierta se puede observar la efigie acostada de un hombre de ojos probablemente rasgados y con una extraña vestimenta larga. Lo que más llama la atención es, con todo, su barba trenzada, tan típica de los orientales como inaudita cuando pensamos en un gallego del siglo XV, fecha de probable construcción del sepulcro. Quien  era, pues? Hay quien opina que se trata del lugar de último descanso de un comerciante chino fallecido en Betanzos hace medio milenio. También se ha comentado que podría ser un peregrino a Santiago procedente de las tierras del Imperio del Sol, venido a morir a las de los Andrade. Su efigie, tan extraña y fuera de lugar en un templo lleno de tumbas de caballeros medievales a la europea, resulta fascinante.

Sin embargo, la explicación más plausible dada hasta el momento es la que expuso Alfredo Erias Martínez hace ya bastantes años en el Anuario Brigantino. En un párrafo inequívocamente titulado ¿Un oriental en Betanzos? No, más bien un médico desmontó con mucha gracia el mito, que fecha sólo en los años ochenta del siglo pasado: “No cabe duda de que la historia de un Marco Polo a la inversa sería una bomba”, dice, pero “deducir de todo esto que a finales del s. XIV o principios del XV un mogol fue enterrado en la iglesia de San Francisco de Betanzos es aventuradísimo”. Analizando las hechuras del sepulcro, comparándolo con otros existentes en otras comunidades, llega a la conclusión de que la colocación de las manos cruzadas sobre el vientre y la perilla trenzada no son tan inhabituales como parecería. De hecho, de esto último existe un ejemplo en el Pórtico de la Gloria de Santiago, recuerda. Todo esto lo lleva a concluir que era un personaje de rango elevado, por la vestimenta larga, probablemente un médico muy respetado.

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