Un museo de escultura medieval en Ventosa

Santa María de Ventosa es un edificio capaz de hacernos dudar del concepto habitual de iglesia. Si bien su exterior es hermoso pero convencional, lo que posee de puertas adentro resulta verdaderamente extraordinario: colocado a ambos lados de la nave principal hay un friso pétreo que es toda una colección de escultura religiosa medieval, una fila de obras de arte que nos puede llevar horas gozar y descifrar.

Ventosa se encuentra en el municipio de Agolada, en el interior de Pontevedra. Es fácil dejarse llevar y pensar en esta provincia como territorio exclusivamente marítimo, debido a las mucho más conocidas Rías Baixas. Pero también es pontevedresa la zona montañosa que linda, como es el caso, con Lugo, un área de gran belleza y diversidad paisajística. Las tierras del Deza, en las que se encuentra este monumento, las de Montes o el Tabeirós son un paraiso de caminos ondulados entorno a montañas redondeadas y prados verdes.

En lo alto de una de estas colinas está la iglesia de Ventosa. El edificio se fue adaptando a los tiempos y a las circunstancias durante 800 años, y esta es la razón de la acumulación de esculturas medievales contra las paredes interiores: formaban parte de la antigua edificación románica y de obras posteriores. La mayor parte del edificio, original del siglo XII, fue modificado en el XIX, pero las piezas escultóricas no se desecharon y fueron colocándose sobre los muros interiores de la única nave, creando un efecto muy curioso.

El elemento central del particular museo es la tumba del abad Lope de Ventosa, del siglo XIV, enmarcada en un arco de clara inspiración románica que bien podría ser la entrada a cualquier templo gallego de la época. La figura del religioso está rodeada de ángeles y en el interior del arco se pintó con delicadeza la escena de la muerte de Jesucristo, lo que da la medida de la importancia que debió tener Lope de Ventosa en su tiempo.

Alrededor de la pared de enfrente, incluso tapando unos hermosos frescos renacentistas, los vecinos de Ventosa fueron colocando esculturas procedentes de un baldaquino desmontado por falta de espacio con las obras del XIX y que muestran escenas bíblicas. Hay un Nacimiento y Adoración de los Magos espectacular; Adán y Eva, tentados por la serpiente; la muerte de Abraham… son varios siglos de arte condensados en dos paredes enfrentadas, y unos paneles explicativos ayudan a comprender quién es quién en tamaño catálogo iconográfico. En todas las figuras pueden aún observarse la policromía, lo que hace pensar en cómo luciría el conjunto en sus tiempos de esplendor.

Pese a que el interior es impactante, no hay que perder la oportunidad de dar una vuelta alrededor del pequeño edificio, que cuenta con todas las características del iglesiario rural gallego: casa rectoral, camposanto, hórreo…

La visita puede completarse acercándose de nuevo hacia la propia villa de Agolada para pasear por la curiosa zona de los Pendellos, construcciones en piedra y madera que acogen desde el siglo XVIII el mercado local. Bien conservados y habitualmente solitarios, pisar sus calles, intactas desde hace 300 años, transporta al viajero en el tiempo.

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