Túnica, cánticos y rezos. Terror en torno a la Santa Compaña.

“Sigo la procesión con un hacha de cera , soy una parte de ellos que aterroriza la aldea. Entablo amistad con fantasmas y visiones bañando en terror a los pobres espíritus.”

Se aproxima la Noche de Difuntos e igual que lo hizo el grupo vigués Golpes Bajos en 1984 con la canción ‘Santa Compaña’, recordamos una de las historias más arraigadas y terroríficas de la mitología gallega.

Ciérrense ventanas, atranquense puertas ¡Encomiendate al Santo! ¡A Santa Compaña!”

Para quién no la conozca todavía, la Santa Compaña es una procesión de almas en pena en busca de vivos que recorre las tierras gallegas atemorizando a los caminantes que se cruzan en su camino. Al frente de esta compañía fantasmal se encuentra una figura espectral, alta y extremadamente delgada, la Estadea. La leyenda cuenta que, visten con ropas largas y oscuras -generalmente túnicas negras-, recorriendo los pueblos y montes en busca de nuevas ‘víctimas’ que porten la cruz que encabeza la peculiar comitiva. Todos juntos recorren los caminos cercanos a los camposantos en busca de alguien para anunciarle su muerte o la de un conocido suyo. El mortal, en este caso, tendría dos opciones -ninguna mejor que la otra-: morir pocos días después o pasar la cruz a otro malaventurado que se cruzase en el recorrido, siendo este el nuevo ‘líder’ de la marcha, y librándose así del desenlace mortal.

Desde luego, si nos topamos con ella, lo sabremos. Los que ‘dicen’ haberla visto afirman haber sentido un escalofrío a su paso. Y al olor a cera de las velas que los iluminan, se le suma además, el ruido de cadenas contra el suelo, el sonido de una pequeña campanilla y una serie de cánticos que inquietan al más escéptico.

En cualquier caso, está claro que su aparición no augura nada positivo sino que -casi siempre- es sinónimo de tragedias. Para evitarlo, dicen que existen distintas formas de librarse de las consecuencias de la Santa Compaña. Principalmente es conveniente no salir a altas horas de la noche por ciertos lugares y, más aún si cabe, debemos evitar salir en las noches de luna llena. Pero, si el ‘encontronazo’ resulta ineludible podemos: (1) Marcar en el suelo un círculo que nos rodee por completo y no tener contacto visual con la procesión, (2) Tirarnos al suelo, cerrar los ojos y rezar para no ser vistos y (3) Si se da el caso y es posible hacerlo, refugiarse junto a un ‘cruceiro’ porque, cuenta la leyenda, que la Santa Compaña no puede capturar a los vivos que se refugian en este símbolo de la arquitectura gallega.

Con todo, es necesario recordar que la forma en la que se presenta la Santa Compaña o los métodos para huír de ella son diversos. Matices aparte, la historia de esta procesión se revive cada año coincidiendo con las fechas en las que mayor número de apariciones ‘se registran’, la noche entre el 31 de octubre y el 1 de noviembre y la noche de San Juan.

Sea como fuere, leyendas como la del Cementerio de Mondariz (un lugar propio de las mejores películas de miedo, con un aspecto inquietante y rodeado de bosque donde se vivió una de las apariciones de la Santa Compaña ), crecen en torno a esta temida figura tan propia de esta tierra donde la magia y lo enigmático se apoderan de cada rincón.

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