Tradición y ritos llenan de magia la noche de San Xoán

En el calendario festivo gallego hay un puñado de celebraciones que gozan de gran tradición en muchos puntos de la comunidad y que propician que llegadas esas fechas, el ambiente festivo se deje sentir por igual en aldeas, pueblos y ciudades de las cuatro provincias. Ocurre, por ejemplo, el 25 de julio con los actos en honor al Apóstol Santiago, y el 15 y 16 de agosto, jornadas en las que Santa María y San Roque comparten reinado festivo. Pero si hay una celebración popular que llega hasta el último rincón de la comunidad es la del San Xoán, un festejo que se celebra en el tránsito del 23 al 24 de junio y que hace que toda Galicia brille a la luz de las hogueras.

 

Erróneamente conocida por muchos como la noche más corta del año (título que corresponde en realidad al solsticio de verano, que se celebra un par de días antes) de lo que sí puede presumir la noche de San Xoán es de ser la más mágica puesto que tras la connotación cristiana de su denominación se esconde un festejo ancestral que aún conserva algunos de sus ritos originales. El principal es el de las propias hogueras, el motivo principal de una celebración que arranca a última hora de la tarde del día 23 y que alcanza el momento central a partir de la medianoche, cuando el fuego hace acto de presencia.

 

La tradición cristiana asocia estas hogueras al fuego que Zacarías, padre de San Juan Bautista, habría encendido para celebrar el nacimiento de su hijo. Pero según muchos historiadores esta interpretación no sería más que el resultado de tratar de cristianizar ritos paganos anteriores relacionados con el solsticio de verano. Esta última fecha marca el momento a partir del cual los días comienzan a ser más cortos y las noches más largas, así que el objetivo de aquellos que encendieron las primeras hogueras llegada esa época del mes de junio era tratar de proporcionar nuevas fuerzas al sol para frenar ese proceso.

 

Sea como fuere, la costumbre de celebrar la velada en torno al fuego ha llegado hasta nuestros días convertida en un símbolo de purificación que sirve al mismo tiempo para librarse de los malos espíritus y para encomendarse a la protección del fuego para lo que resta de año. Para conseguir ambos objetivos basta con saltar sobre la hoguera, práctica que en muchos lugares de Galicia hay que realizar un total de nueve veces, aunque en otros puntos este número varía (pero siempre es impar).

 

El San Xoán es una celebración colectiva que invade espacios públicos de todo tipo juntando a vecinos, familias y amigos. Plazas, playas, parques, calles, solares y otras ubicaciones diversas sirven de punto de encuentro para personas de todas las edades, desde niños pequeños que se inician en el rito del fuego saltando unas pocas brasas retiradas de las grandes hogueras, hasta vecinos ya veteranos que quieren comprobar si la esencia de la fiesta permanece intacta. Citas multitudinarias que reúnen a centenares o miles de personas conviven en una misma noche con pequeñas reuniones familiares y vecinales unidas todas ellas por un espíritu común. Desde A Coruña, donde su espectacular celebración fue declarada de interés turístico internacional en el año 2015, hasta la aldea más pequeña comparten una velada de tradición y diversión abierta siempre a todo aquel que quiera sumarse.

 

Tanto las hogueras como la propia celebración del San Xoán gozan de diferentes denominaciones a lo largo y ancho de Galicia: cachelas, cacharelas, cacheiras, lumeiras, laradas, lumaradas, luminarias, fogueiras… Lo que no varía es el rito de saltar sobre las llamas ni el plato estrella que pone sabor a la velada. “Por San Juan la sardina moja el pan”, dice el refrán y así se cumple a rajatabla en la práctica totalidad de las celebraciones gallegas. Antes de que el humo de las hogueras se deje sentir en el ambiente, es el aroma de las sardinas asadas acompañas con pan (de maíz preferentemente) el que se hace presente como otro símbolo más de la velada. El vino que acompaña a ese sabroso pescado y la queimada, con su rito y su significado purificador, son otros dos ingredientes que no pueden faltar en muchas de las celebraciones del San Xoán.

 

Pero el fuego no es el único elemento de purificación asociado a esta noche mágica. En algunos lugares de Galicia se recurre también al agua para conseguir ese efecto sustituyendo o complementando el salto sobre las llamas con la inmersión en las frías aguas del mar. Y en algún caso, como en ocurre en la playa de A Lanzada, ese baño se relaciona directamente con otro rito, en este caso de fecundidad, que se celebra el último fin de semana de agosto y según el cual las mujeres que deseen superar la infertilidad y convertirse en madres deben dejarse golpear nueve veces por las olas que bañan la playa situada a los pies de la ermita homónima. Hay quien sostiene que este rito también se puede realizar durante la noche del San Xoán, pero los puristas defienden que se trata de una confusión.

 

El agua también es un ingrediente importante en otro de los ritos centrales del San Xoán gallego que hunde sus raíces en las celebraciones paganas precristianas del solsticio de verano. Hablamos en este caso de las hierbas de San Xoán, una tradición que consiste en recolectar y preparar el día 23 un ramillete con varias especies vegetales diferentes y sumergirlo en un recipiente con agua. Al día siguiente se utiliza ese líquido para lavarse y librarse así del mal de ojo y las envidias, mientras que el ramillete se pone a secar y se guarda para ser quemado un año después. La tradición está tan extendida como variado es el listado de hierbas que se deben emplear, puesto que las peculiaridades de cada zona priman sobre otras consideraciones a la hora de preparar el ramillete, pero una de las “recetas” más extendidas dicta que las siete variedades a usar son el hinojo, el helecho macho, le hierba de San Juan, la malva, el romero, la hierbaluisa y la retama. En muchos lugares las hierbas son también empleadas como amuleto de protección del hogar y se depositan en las entradas de las viviendas dando así también un poco más de color a unas calles en las que por una noche la luz de las farolas será reemplazada por el resplandor de las hogueras.

 

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