San Saduriño, vigía de la ría de Arousa en Cambados

Hubo una época en la que las costas de Galicia, y en especial las de la ría de Arousa, fueron escenario de batallas e invasiones. Vikingos y sarracenos visitaron periódicamente estas tierras con el objetivo de obtener botín y, ya que estaban, arrasar cuanto encontraban a su paso. Este era, además, su acceso más adecuado para alcanzar la ciudad del Apóstol, que había llegado a la actual Compostela por esta misma, según cuenta la tradición. Por eso, en plena Edad Media fueron varias las construcciones defensivas que los nobles y el obispado santiagués edificaron con el objeto de proteger sus tierras de las razzias constantes. La torre de San Sadurniño, en Cambados, fue una de estas fortalezas.

Cambados es una de las villas gallegas con mayor riqueza monumental y cultural. El espectacular pazo de Fefiñáns, las casonas de su zona vieja, la romántica iglesia de Santa Mariña de Dozo, las estatuas en las calles recordando su pasado literario… Todo el centro de la localidad es un recordatorio de la brillante historia del pueblo. En el extremo sur de la capital municipal se sitúa el barrio de Santo Tomé do Mar, probablemente el asentamiento de población más antiguo y una villa por derecho propio. De hecho, fue independiente hasta que el crecimiento urbano la unió a Cambados y a Fefiñáns, en origen aldeas separadas. Se trata de un pequeño núcleo de población asomado a la ría que merece la pena visitar con calma, paseando entre sus estrechas calles y recorriendo tranquilamente el paseo marítimo.

Es en esta antigua aldea independiente en donde se sitúa lo que queda del castillo de San Sadurniño, que hunde sus cimientos en la arena del islote de A Figueira. Formó parte en su día del sistema defensivo ideado por el obispo de Iria Sisnando y reforzado después por el arzobispo compostelano Xelmírez. Hay que buscar sus orígenes, por lo tanto, en la Alta Edad Media, y relacionarlos con otras torres como las de Oeste, en Catoira, la de Cálago, en Vilanova, o la de A Lanzada, entre O Grove y Sanxenxo. Entre ellas se estableció un sistema de vigilancia y avisos para alertar a la sede episcopal de la proximidad de los piratas y tomar, de esta forma, las medidas pertinentes.

A su pie se erguía una capilla dedicada a Santo Tomás que dio nombre al barrio, pero de la cual no se conserva resto alguno. La fortaleza cumplió su cometido hasta el siglo XV. Como muchas torres y casas fuertes gallegas, los Irmandiños la derribaron en parte. Reedificada poco después, con la llegada del armamento moderno dejó de tener utilidad y fue abandonada. Fruto de este abandono es su estado actual: la mayor parte del castillo se vino abajo y hoy podemos contemplar apenas una de sus esquinas y el curioso arranque de una chimenea. Eso sí, en un día soleado el entorno es insuperable, con el mar repleto de bateas y los montes que rodean Arousa flanqueando la escena.

Los restos de San Sadurniño irradian paz en medio de los bancos marisqueros cambadeses. Con marea baja es un placer caminar por el paseo marítimo viendo trabajar a los mariscadores, y cruzar el puente de piedra que lleva desde tierra firme hasta el mismo islote.

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