San Cibrao de Las, un castro ciclópeo

Es difícil no sentirse sobrepasado por la fuerza emocional que se siente al pasear por las ruinas del castro de San Cibrao de Las (entre los ayuntamientos de San Amaro y Punxín, en Ourense). Lo excavado no es más que una fracción de lo que debió de ocupar en su momento álgido. Y, aun así, resulta enorme. Desde lo alto de la loma en la que se sitúa este asentamiento prerromano se pueden ver con toda claridad calles, casas e incluso barrios de uno de los poblados más grandes de Galicia, con permiso de los de Santa Trega (A Guarda, Pontevedra) y Viladonga (Castro de Rei, Lugo). San Cibrao de Las debió de ser, en su tiempo, toda una capital.

El fuerte cautivó a muchos de los principales intelectuales gallegos del siglo XX. Vicente Risco, Florentino López Cuevillas o Xaquín Lorenzo estuvieron entre los primeros que hicieron excavaciones en la zona, descubriendo el secreto de un conjunto enorme y monumental. Se accede a la ciudad por una sólida puerta en la muralla, de piedras ciclópeas y que estuvo flanqueada por sendas torres circulares. Una calle principal distribuye el espacio en diferentes barrios. Entre las construcciones más destacadas está la de un aljibe, excavado hace poco más de diez años. Cubierto por una bóveda, recoge las aguas de una mina subterránea.

El castro estaba fuertemente defendido y lo conformaban dos recintos amurallados, fosos, parapetos y otros elementos defensivos que se sumaban a una situación estratégica. San Cibrao de Las ocupa un amplio y elevado otero de cerca de 10 hectáreas de extensión, entre los ríos Miño y Barbantiño. La vista desde la parte superior justifica con facilidad la elección del lugar para construir el asentamiento, pues el dominio de la comarca y de las tierras colindantes es perfecto.

En San Cibrao de Las puede pasearse por la gran área excavada y, también, por la que no lo está. Es muy interesante hacerlo de la mano de uno de los guías del Parque Arqueolóxico da Cultura Castrexa (PACC), entidad que gestiona el yacimiento. De esta forma es más fácil ver e interpretar lo que fue el asentamiento en su momento de mayor esplendor. El castro estuvo habitado durante cuatro siglos, entre el II antes de Cristo y el II después de Cristo, por lo que recibió de lleno el impacto de la colonización romana. En las excavaciones se han hallado muchas evidencias de la ocupación imperial, como aras votivas e inscripciones en los afloramientos naturales de roca, dedicados al dios Júpiter.

Vivían los antiguos castrexos de San Cibrao de Las de la explotación minera de los ríos próximos, de la caza, de la ganadería y sobre todo de la agricultura. Cultivaban cereales y aprovechaban frutos como las bellotas para elaborar harinas y, con ellas, pan.

Las diferentes épocas que atravesó el asentamiento se pueden conocer visitando la interesante exposición del centro de interpretación, situado en un moderno edificio de los arquitectos Ángeles Santos, Carmen Ruiz y José Carlos Martínez, con más de 2.900 metros cuadrados de superficie.

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