Ruta por los cabos de Galicia

Si hay algo por lo que destaca la geografía gallega es por sus numerosos cabos adentrándose en el mar que, junto con el terreno escarpado de la montaña, forman algunos de los acantilados más altos de toda Europa.

Hoy hablaremos de alguno de esos cabos que, teniendo características diferentes uno de otro, tienen algo en común: dejan sin palabras a todo aquel que los conoce personalmente. Paisajes de ensueño, tranquilidad, atardeceres, el sonido del mar, el olor a sal y, en general, todo lo que mantiene a estas zonas de costa vírgenes, hacen que se trate de lugares con una magia especial.

En A Costa da Morte nos encontramos, por ejemplo, con Cabo Touriñán, el punto más occidental de Galicia desde el que se puede ver la bravura del mar golpeando las rocas al tiempo que uno lucha contra el viento que siempre sopla fuerte en ese punto. Sin embargo, y pese a que el tiempo no siempre acompaña, se trata de un lugar de una belleza prácticamente única, incluso cuando lo único que se puede ver es su majestuoso faro alzándose sobre la niebla con el ruido del mar de fondo en su estado más salvaje.

En las Rías Altas nos encontramos el Cabo Ortegal, considerado lugar de interés geológico internacional y con una carretera de acceso que acaba justo ahí, en el mismísimo borde del mar. Dicen que aquí, cuando el día es muy claro, si uno mira al horizonte es incapaz de distinguir la línea que separa el mar del cielo. Azul infinito. Como curiosidad, aquí se encuentran las rocas más antiguas de la Península Ibérica y las cuartas del mundo, algunas de ellas datadas de hace 1160 millones de años.

También en la zona norte se encuentra Estaca de Bares. Se trata del cabo más septentrional de la Península Ibérica y, además, el que marca la separación entre el Océano Atlántico y el Mar Cantábrico. El hecho de contar con una privilegiada situación septentrional hizo que este cabo fuese utilizado en diversas épocas como punto estratégico militar. Prueba de ello son las ruinas que se conservan muy cerca del cabo de bases estadounidenses y británicas que, junto con los franceses, fueron los encargados de vigilar este punto.

En la comarca de Ferrol se encuentra el Cabo Prior, una península que se adentra en el mar casi cuatro kilómetros y que desde hace siglos ha servido como guía a los navegantes, militares y comerciantes que cruzaban estos lugares camino de Francia o de las Islas Británicas. Un dato curioso sobre este cabo es que, según dicen, sería la nariz del dragón cuya cabeza se dibuja en la geografía costera de las Rías Altas. Las rías de Ferrol y Cedeira pondrían boca y ojo, respectivamente, a este animal legendario.

Pero la costa sur nada tiene que envidiar al norte en cuanto a lo que a belleza se refiere…

Tenemos, por ejemplo, Puntal da Serra (o Estela da Serra), un pequeño entrante de tierra en el mar de 19 metros de altura y desde donde se puede observar con detalle la costa de Monteferro y sus rocas graníticas, así como toda la Ensenada de Patos. Además, en las inmediaciones de este cabo se pueden ver los restos de un cuartel militar del siglo XX y la mayor concentración de molinos naviculares de Galicia.

Estos son solamente algunos de los tesoros de los centenares que guarda la costa gallega y que merece la pena descubrir poco a poco.

Simplemente hay que llegar allí, dejar que el tiempo pase, y disfrutar.

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