Oia y la Ruta Mágica

Una simple mirada al mapa de Galicia muestra que su costa es por lo común abrupta, caracterizada por ese regalo de la naturaleza que son las rías. Pero hay una parte del litoral gallego que pierde esa característica para mostrarse prácticamente rectilíneo, frontal y abierto al mar. Es la costa al sur de Baiona, entre el Cabo Silleiro y la desembocadura del río Miño, un área en la que se ubica el concello de Oia.

Muchas son las razones para visitar este municipio: el monumental monasterio, pegado al mar; el ambiente gastronómico en torno a él, en el barrio del Arrabal; o el citado Cabo Silleiro, con su faro y sus ruinas de emplazamientos bélicos defensivos. Hablaremos de todo esto más tarde, pero empecemos con una caminata que va a gustar sobre todo a los más pequeños: la Ruta Mágica.

Pensada para hacer con niños y niñas desde su misma denominación, el recorrido parte a pie de mar de la parroquia de Mougás, al norte del municipio. Hay quien prefiere comenzar incluso en el Monasterio, aunque esto alarga considerablemente su extensión. La ruta pequeña tiene seis kilómetros de longitud, transcurre por pistas forestales con buen firme y es asequible para todo tipo de caminantes. La ascensión comienza al otro lado de la carretera frente al camping, ofreciendo a cada poco un lugar para reposar y mirar al mar.

La primera parada obligatoria es la que se hace junto a los petroglifos de A Cabeciña, donde también se pueden contemplar los restos de un castro fortificado. Los paneles informativos, presentes durante toda la ruta, harán que los pequeños comprendan un poco mejor la importancia de las culturas megalítica y castrexa en Galicia: en este mismo lugar han vivido personas desde hace 4.000 años; y desde aquí los castrexos dominaban desde lo alto el litoral y el puerto natural de Mougás, sin duda muy preciado en una costa sin playas y de difícil abrigo. El llamado Castro da Cabeciña estuvo en uso hasta la Edad Media y es una clase resumida de la historia de Galicia que los niños pueden muy bien aprovechar.

Muy pronto aparecerán otros atractivos de este recorrido: las cascadas, de mayor o menor caída dependiendo de la estación en que se visiten, finalizando en la localización estrella del recorrido, las Pozas de Mougás. Las forma un pequeño río, el Peito, que nace en lo alto del Monte da Groba para caer al mar en muy pocos kilómetros. En la más grande de las pozas es posible bañarse y refrescarse de esta forma después de la ascensión.

Caminando hacia el sur, ya en la parroquia de Viladesuso, encontraremos otro asentamiento castrexo, llamado Cano dos Mouros, y ejemplares de alcornoque, un árbol más común en esta zona en otras épocas. Y, más arriba, los petroglifos de A Pousadela, donde los antiguos habitantes de Oia grabaron escenas de caza, una embarcación o diseños geométricos sobre lienzos graníticos muy bien llamados la Pedra do Cazador o la Pedra dos Chetos.

Desde los miradores naturales que ofrece el alto del monte puede contemplarse, allá abajo, toda la inmensidad del Océano Atlántico y la bravura de la costa de Oia. Al sur se encuentra el mencionado Monasterio de Santa María. Fue fundado a principios del siglo XII y vivió de las rentas de la pesca hasta el siglo XIX. El edificio se fue haciendo en varias fases, y destaca de él la sobria fachada de 1740. En su extremo sur fue creciendo una pequeña población, llamada O Arrabal, que conserva edificios del siglo XVIII, muestras bien interesantes de la arquitectura marinera gallega. Muchas de ellas han sido recuperadas en los últimos años con negocios de hostelería en los que reponer fuerzas después del paseo.

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *