O Ézaro, meca del ciclismo internacional

Son muchos los motivos para acercarse hasta el municipio coruñés de Dumbría y disfrutar de uno de sus lugares más emblemáticos: O Ézaro. La silueta de una cima de leyenda (el Monte Pindo) que se alza al otro lado del cauce del Xallas, la espectacular cascada que este río traza para encontrarse con el océano Atlántico dibujando un paisaje único en Europa, y las vistas que desde allí tenemos de otro paraje también mítico (el del Cabo Fisterra) propician que este espacio se haya erigido en uno de los principales polos de atracción para los visitantes que acuden a la Costa da Morte. 

 

Además, en los últimos años el lugar se ha convertido en meca de peregrinación para los aficionados al ciclismo, que no quieren dejar pasar la ocasión de pisar el escenario de las gestas protagonizadas por los profesionales de este deporte en las rampas que ascienden hasta el mirador de O Ézaro. Con apenas dos kilómetros de longitud, pero con una desnivel de casi 270 metros, la carretera del mirador tiene un pendiente media que ronda el 15% y que alcanza en su punto más dramático un pico de casi el 30% lo que propicia que incluso los deportistas más experimentados tengan que llevar su cuerpo al límite para no echar el pie al suelo. 

 

Fue en el año 2012 cuando la Vuelta a España se internó por primera vez en la sobrecogedora ascensión dumbriesa y fue entonces cuando la cima inscribió su nombre en el podio de las grandes cumbres ciclistas. Joaquín Rodríguez inauguró su palmarés imponiéndose a tres mitos del ciclismo mundial (Alberto Contador, Alejandro Valverde y Chris Froome) y demostrando que destacar en O Ézaro solo está al alcance de unos pocos elegidos. Un año después, los ciclistas volvieron a ese mismo escenario, y aunque no se detuvieron allí puesto que la etapa continuó hasta Fisterra, sí volvieron a dejar imágenes para el recuerdo. Y tres años más tarde la Vuelta escogió de nuevo O Ézaro como meta de una jornada tan aguardada por el público como temida por el pelotón. Valverde y Froome volvieron a hacerse notar, pero no pudieron alcanzar al francés Alexandre Geniez ni al murciano Rubén Fernández, primero y segundo respectivamente, que aprovecharon las primeras pedaladas de la Vuelta de aquel año para buscar su trocito de gloria.

 

Este año, la pandemia del coronavirus ha obligado a retrasar las fechas de la Vuelta, pero no ha variado el trazado de las etapas así que el pelotón volverá a visitar Dumbría en busca de un nuevo ganador para una cumbre que el propio Geniez definió de forma gráfica tras su  triunfo del 2016 como “un pequeño Alpe d´Huez” hermanando así O Ézaro con una de las montañas más míticas del Tour de Francia y del ciclismo mundial. Será el 3 de noviembre cuando los ciclistas encaren de nuevo las rampas de O Ézaro. En esta ocasión lo harán en formato contrarreloj individual y el mirador dumbriés servirá de meta a una etapa de 33,5 kilómetros de longitud que arrancará en Muros y que a buen seguro ayudará a perfilar el ganador final de la competición.

 

Además, al amparo del interés suscitado por la Vuelta y de la celebridad que cobró el lugar nació otra competición ciclista, en este caso de carácter popular, que ha contribuido también a estrechar los lazos con el deporte de esta zona. Desde el 2015, el Gran Fondo Ézaro ha venido reuniendo cada año a más de un millar de ciclistas para recorrer las carreteras de la Costa da Morte y atreverse con las rampas del mirador. Aficionados de todo el país y de otros muchos lugares han tomado parte en una prueba que ha llamado también la atención de grandes figuras del ciclismo ya retiradas de la práctica profesional. Miguel Induraín, Claudio Chiappuchi, Alex Zülle y Tony Rominger son algunas de las estrellas de la bicicleta que revivieron en O Ézaro escenas y duelos que forman parte ya de la historia de ese deporte.

 

Pero las de la Vuelta y las del Gran Fondo Ézaro no son las únicas bicicletas que visitan la zona. Muchos curiosos quieren contemplar de cerca las empinadas cuestas de O Ézaro y numerosos ciclistas aficionados se atreven a tratar de emular a sus ídolos en cualquier época del año. Los propios responsables municipales constataron ya hace algo más de un año el impacto que la promoción a través del ciclismo había tenido en la llegada de turistas a la localidad detallando que entre el 2012 y 2018 el número de personas que se acercó por la oficina local de turismo pasó de 2.000 a 80.000.

 

O Ézaro es ya no solo sinónimo de paisajes sin igual, sino también de deporte, esfuerzo y capacidad de superación. Y así lo ratifica también la escultura colocada en las inmediaciones de mirador y que nos recuerda que las bicicletas son, por derecho propio, un habitante más del lugar.

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